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El juego aparece varias veces en la comedia conectado al engaño; cf. por ejemplo el campo semántico en los vv. 231-40 (jugar, juego, dar cartas, mazo) o el ir de juego del v. 1738, el barajar el naipe del v. 1441, el ganar de los vv. 1690-91.

Y añádanse, no como referencia léxica sino como elemento de la acción, los vv. 1650-53 y 1763-65 que connotan cronológicamente antes a Gerardo y después a Enrico la burla organizada para aquella misma noche: «A jugar os podéis ir / al mandracho de Marcelo, / hasta que el Argos del cielo / sus ojos comience a abrir», «esta noche será bien, / que al salir temprano o tarde / de jugar [...]».

 

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Considérese al respecto la alegría que Carlino manifiesta y simula en seguida para no despertar las sospechas de Gerardo: «DOCTOR. Arrójome a tu saliva / como a los baños de Alhama. / GERARDO. ¿Tanto desta novedad, / Carlino amigo, te huelgas? / DOCTOR. Celébrala mi amistad / [...]», vv. 309-13 y el siguiente coloquio con Casilda, en el que el médico informa a la mujer de la mudada postura del amante: «CASILDA Hablemos de lo que importa. / Anda Gerardo hecho un Marte. / DOCTOR. De un cuarto de hora a esta parte / menos ya su espada corta. / Los celos envainó ya / por flechar amores nuevos», vv. 585-90.

 

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Como hemos aludido ya, en efecto Gerardo se introducirá en casa de Leonora fingiendo tener que esconderse por haber herido gravemente a un joven en el duelo simulado organizado por el doctor vv. 1654-77, 1762-69).

 

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Propuesto su papel como el del organizador de la venganza, Carlino se transforma al contrario en el máximo atentador de la honra ajena. Incluso Lucrecia, después del adulterio, afirmará: «un Doctor que me ha inducido / a todo lo que has querido; / un Doctor, tan bachiller, / que es salud de la mujer, / y enfermedad del marido» (vv. 1305-9), e irónicamente confirmará al marido: «Digo / que puedes fiar, señor, / la salud desde Doctor, / y la honra deste amigo [Gerardo]», vv. 1422-25.

 

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Gerardo se descubre simple instrumento de los embustes de Carlino y si al empezar los dos personajes se presentan uno como realizador y el otro como organizador de las burlas, casi desdoblamiento en dos de un solo personaje, bien pronto Carlino se impone haciéndose único protagonista. Es más, con respecto al «bien» que los distintos pretendientes se contienden, el doctor será el único que logrará conquistar a Casilda, transformándola antes en colaboradora de sus engaños. Sobre los personajes de Casilda y Carlino y su actuación en la homónima comedia de Solís y Rivadeneyra, cf. mi Góngora y «El Doctor Carlino» de Antonio de Solís, en El teatro español a fines del siglo XVII, Historia, cultura y teatro en la España de Carlos II, Amsterdam-Atlanta, Rodopi 1989, vol. II, pp. 481-502.

 

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Aun si la comedia quedó inacabada, pienso que el III acto, siguiendo el planteamiento de los dos anteriores, se desarrollaría con una intensificación de engaños y ambigüedades favorecidos por la noche y por el concurrir de todos los personajes en las cercanías de la casa de Leonora. Del mismo modo imagino, excluyendo todo final trágico, un desenlace convencional que ve a Carlino descubrir su burla y sus bodas con Casilda; y a Tancredo que aprueba al fin, resignado, el casamiento de Gerardo y Leonora.

 

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Justo el elemento picaresco y celestinesco del Doctor Carlino constituyen, según Robert Jammes, su mayor elemento de novedad. En efecto, Góngora, en su anhelo de renovación, llega a insertar en el ámbito más convencional y «estético» de la comedia aquellos elementos (recursos burlescos, intervenciones eróticas, embustes, historias de maridos burlados, etc.) hasta aquel entonces característicos sólo del género del entremés (Études sur l'oeuvre..., cit., pp. 527-29).

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