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Clorinda Matto nació en Cuzco (1852), pero residió más de diez años en Tinta, una comarca que no carece de relieve en la historia peruana. Clorinda (después de casarse con un médico inglés en 1871), «se fue a vivir al pueblo de Tinta, famoso por haber sido escenario de la sublevación del indio Tupac Amaru un siglo antes»
(Fox-Lockert 1981: 89).
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Desde el proscenio del Politeama, el discurso de Prada vino a resumir la situación indígena, en los términos siguientes: «Hablo, señores, de la libertad para todos, y principalmente para los más desvalidos. No forman el verdadero Perú las agrupaciones de criollos y extranjeros que habitan la faja de tierra situada entre el Pacífico y los Andes; la nación está formada por las muchedumbres de indios diseminados en la banda oriental de la cordillera»
(González 1976: 45, 46). Como nota curiosa, Luis Alberto Sánchez apunta que Prada redactó concienzudamente el texto, pero debido a que «se intimidaba ante el público, encargó la lectura de su discurso al joven Gabriel Urbina»
(Sánchez 1951: 145).
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Aníbal Quijano destaca la decisoria lucha antioligárquica del librepensador peruano. Así, arguye: Prada, inició «la primera fase de la batalla contra la dominación oligárquica de los terratenientes, denunciando la incapacidad y la corrupción de la clase dominante y de su instrumento militar, la sujeción de las masas campesinas a la ignorancia y a la servidumbre, y llamando a la juventud a la lucha contra esa situación nacional»
(cf. Quijano 1979: XX).
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La «trinidad»
censurada por Prada, llegó a constituir la base de distintas obras. Eugenio Chang-Rodríguez, citando las creaciones que surgieron bajo la influyente campaña de Prada, menciona, entre otras: la novela La trinidad del indio o Costumbres del interior (1888), de José Itolarres, que adelantó «el uso de tipos en vez de personajes con nombres propios: 'el cura', 'el juez de paz', 'el costeño'»
. Y, por supuesto, el crítico incluye también el caso de la escritora Clorinda Matto, especialmente vinculada a Prada a través del Círculo Literario de Lima. «En 1889, se publicó [...] la novela indigenista Aves sin nido, dedicada a don Manuel por la escritora Clorinda Matto de Turner, su compañera en el Círculo Literario»
(Chang-Rodríguez 1957: 110).
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Para las citas relativas a la novela de Clorinda Matto, seguimos la edición de Aves sin nido, Lima: Peisa, 1973. En adelante anotamos número de página en orden consecutivo.
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Efectivamente, tanto las ideas de la autora, como la novela, causaron estupor, alboroto y «escándalo»
. Lucía Fox-Lockert, refiriéndose a los conflictos generales que Matto tuvo con las autoridades civiles y, sobre todo, eclesiásticas, señala: «La sociedad conservadora y el clero [...] no pudieron soportar tanto liberalismo. Si antes el arzobispo de Arequipa había prohibido la lectura de Aves sin nido bajo pena de excomunión, ahora la misma autora fue excomulgada por el delegado apostólico de Lima»
(Fox-Lockert 1981: 92).
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Por ejemplo, Julio Rodríguez-Luis considera que el Capítulo III (al que pertenecen las frases retóricas reseñadas), es fruto directo del pensamiento de la autora. El crítico anota, exactamente: «Matto dedica el capítulo III a explicar en detalle, desde su posición de autora, los atropellos. [...] La indignación de Matto crece a medida que va escribiendo esos párrafos [...] y antes de volver a la narración, Matto llega a rogar a Dios por la extinción de la raza indígena»
(Rodríguez-Luis 1980: 25). De todos modos, no estaría de más rastrear la posible presencia de la novelista dentro de su novela. Circunstancia ésta, a la que alude el mismo Rodríguez-Luis (ibid.). Hemos de añadir que, de hecho, el relato recoge párrafos como el siguiente: «el indio [...] es sometido a torturas que la pluma se resiste a narrar, a pesar de pedir venia para los casos en que la tinta varíe de color»
(p. 16).
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El rechazo al boato clerical es, indudablemente, uno de los aspectos más persistentes en la novela. Tornemos el mero ejemplo de un personaje. Manuel, estudiante de Leyes, decide trabajar el tema ante el giro de los acontecimientos. «Cuando haga mi tesis para bachiller pienso probar con todos estos datos la necesidad del matrimonio eclesiástico o de los curas»
(p. 131). En todo caso, el presumible anticlericalismo no implica que la autora viviese ajena a los cauces religiosos. Es más, al parecer, Matto de Turner conocía perfectamente los textos sagrados. A propósito, Lucía Fox-Lockert hace una anotación para explicar que Clorinda Matto tradujo «los evangelios de San Lucas y San Pablo»
, al idioma quechua (Fox-Lockert 1981: 91).
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Ver bibliografía.