|
El mismo decorado del acto anterior. En las paredes se han colgado tres o cuatro cuadros al óleo de distintos tamaños, pero de la misma extraña técnica y de idéntica y rabiosa concepción futurista. Son aproximadamente las nueve de la noche. En el porche hay encendido un farolito. Luz discreta de pantallas en el interior. |
||||
|
(En el sofá, sentada y leyendo con mucha atención una revista, está CRIS. Entra por el porche el SEÑOR PEPE. Viene de la calle, porque viste su viejo uniforme de taxista y lleva la gorra.) |
||||
|
SEÑOR PEPE.- ¡Hola! |
||||
|
CRIS.- ¿Ya está usted de vuelta? |
||||
|
SEÑOR PEPE.- ¡Je! ¿Qué haces? |
||||
|
CRIS.- Estaba leyendo las declaraciones de esa estrella de Hollywood que acaba de llegar... Primero ha dicho que el mejor sitio del mundo para vivir a gusto es España. |
||||
|
SEÑOR PEPE.- ¿Y después? |
||||
|
CRIS.- Después se ha vuelto a marchar a Hollywood. |
||||
|
SEÑOR PEPE.- ¡Pobre! ¡Qué sino tienen algunas personas! |
||||
|
(El SEÑOR PEPE se ha sentado al lado de la chica. Esta le mira y le pregunta con ansiedad.) |
||||
|
CRIS.- ¿Qué? |
||||
|
SEÑOR PEPE.- ¡Je! Nada. |
||||
|
CRIS.- Pero ¿nada? |
||||
|
SEÑOR PEPE.- Ni señales. Parece que se lo ha tragado la tierra... He hecho todo lo que tú me has mandado. Pregunté por él a los camareros de El Café de las Flores. Y en el bar de al lado. Y en los puntos de taxis. Y en la comisaría. No le ha visto nadie... |
||||
|
CRIS.- ¡Ay, Virgen! ¿Dónde se habrá metido? |
||||
|
SEÑOR PEPE.- No lo sé, chica. Mañana seguiré buscando. Y pasado... Y cuando lo encuentre, le pego una paliza... Tú verás. |
||||
|
CRIS.- Diga usted que sí, señor Pepe. Que bien se lo merece. Por granuja, por golfo, por infame... |
||||
|
SEÑOR PEPE.- (Indignado.) ¡Maldita sea su estampa! |
||||
|
CRIS.- Mire usted que escaparse llevándose el reloj de la consola... |
||||
|
SEÑOR PEPE.- ¡Calla! No me lo recuerdes... |
||||
|
CRIS.- ¡Portarse así en una casa como esta! Hacerle eso a la señorita Laura, después de lo que ella hace por todos nosotros. ¡Lo que es la ingratitud, señor Pepe! Fugarse de aquí, donde estaba bien comido y bien vestido, y tenía una alcoba con vistas al Hipódromo, solo porque se le había metido en la cabeza llevarse el reloj de la consola. Y dejar todo esto, que es la gloria, para volver a dormir otra vez en un banco de la calle... (Se seca una lágrima. Tiernísima.) ¡Pobrecito! |
||||
|
SEÑOR PEPE.- (Sorprendido.) Oye, tú... |
||||
|
CRIS.- (Indignada.) ¡Granuja! ¡Más que granuja! ¡Ladrón! Claro que a mí no me engañó. ¿Eh? ¡Quia! Si no había más que mirarle a los ojos para ver que era un golfo de remate. Si se le veía una frescura y un desahogo, y un... (Transición.) ¡Señor Pepe! ¿Verdad que el Chico tiene unos ojos muy bonitos? |
||||
|
SEÑOR PEPE.- ¿Cómo? |
||||
|
CRIS.- Pues los tiene, sí señor. Vaya si los tiene. Lo que pasa es que usted ya está viejo y no se fija en nada. |
||||
|
SEÑOR PEPE.- Oye, oye... |
||||
|
CRIS.- Pues, ¿y el pelo? ¿Qué me dice usted del pelo? (Con dulcísimo entusiasmo.) Y esa gracia que Dios le ha dado para hacer juegos de manos y quitarle a usted todo sin que usted se entere de nada... |
||||
|
SEÑOR PEPE.- (Estupefacto.) Pero, Cris. ¿Es que te has enamorado de ese golfo? |
||||
|
(CRIS, emocionadísima, se echa a llorar y empieza a subir los peldaños de la escalera.) |
||||
|
CRIS.- ¡Ay, señor Pepe de mi alma! |
||||
|
SEÑOR PEPE.- ¡Cris! |
||||
|
CRIS.- ¡Ay, señor Pepe, que me parece que sí! |
||||
|
SEÑOR PEPE.- ¡Mi madre! |
||||
|
CRIS.- ¡Ay, qué desgraciada! Pero qué desgraciada soy... |
||||
|
SEÑOR PEPE.- Cris, no me llores... |
||||
|
CRIS.- ¡Señor Pepe! ¿Cómo quiere usted que no llore con esta desgracia? |
||||
|
SEÑOR PEPE.- Que no me llores, ea. Que en cuanto me lo encuentre, de dos bofetadas le hago persona decente... Por estas. Pero no me llores, hija, no me llores... |
||||
|
(El SEÑOR PEPE sale detrás de CRIS. Casi en el acto, surge CÉSAR por la derecha. Viene muy contento, portador de un nuevo cuadro pintado con la misma extraña técnica de los que cuelgan de las paredes. Coloca el lienzo sobre el sofá, lo contempla muy ufano y después se dirige al arco de la izquierda y llama.) |
||||
|
CÉSAR.- ¡Laura! |
||||
|
(Aparece LAURA.) |
||||
|
LAURA.- ¿Me llama usted? |
||||
|
CÉSAR.- ¡Sí! Mire. (Muy satisfecho, le muestra su cuadro.) |
||||
|
LAURA.- ¡Otro! |
||||
|
CÉSAR.- ¡Otro! Lo acabo de terminar... |
||||
|
LAURA.- (Con admiración.) ¡Dios mío! Es usted infatigable. ¿Cuántos cuadros ha pintado usted en tres días? |
||||
|
CÉSAR.- Muchos, muchísimos. Estoy inspirado como nunca. ¡No paro! Tengo la cabeza llena de ideas. No puedo soltar los pinceles. ¿Qué? ¿Le gusta? |
||||
|
(LAURA contempla el cuadro con mucha atención.) |
||||
|
LAURA.- Muchísimo. ¡Qué casa de campo tan bonita! |
||||
|
CÉSAR.- (Transición.) ¡Señora! ¿Qué está usted diciendo? |
||||
|
LAURA.- ¡Ay! Pero ¿no es una casa de campo? |
||||
|
CÉSAR.- (Con indignación.) ¡Señora! ¿Es que no está usted viendo el barco? |
||||
|
LAURA.- ¿Qué barco? |
||||
|
CÉSAR.- ¡Oh! |
||||
|
LAURA.- De manera que ahí hay un barco... |
||||
|
CÉSAR.- ¡Sí! |
||||
|
LAURA.- ¿Inglés o americano? |
||||
|
CÉSAR.- (Enfadadísimo.) ¿Y eso qué importa? |
||||
|
LAURA.- ¡Ay! Ya lo creo que importa. Cuando yo era niña teníamos en casa un cuadro precioso con un barco. Pero se veía con toda claridad que el barco tenía matrícula de Bilbao... |
||||
|
CÉSAR.- ¡Oh! |
||||
|
LAURA.- Y ya ve usted. A las visitas lo que más les gustaba precisamente era que el barco fuera de Bilbao... |
||||
|
CÉSAR.- (Con un estremecimiento.) ¡Qué horror! Pero ¡qué horror!... ¡Señora! Dese usted cuenta de que este es un barco en un sentido poético. El eterno barco solitario de los soñadores que avanza y avanza por los mares infinitos. ¿Comprende? Toda esta inmensidad es el mar... |
||||
|
LAURA.- ¿Eso tan coloradito? |
||||
|
CÉSAR.- ¡Sí! |
||||
|
LAURA.- ¡Ay, no! Eso sí que no. El mar es azul... |
||||
|
CÉSAR.- (Indignado.) ¡Eso era antes! |
||||
|
LAURA.- ¡César! |
||||
|
CÉSAR.- Quiero decir que el mar es así porque yo lo veo así... |
||||
|
LAURA.- Bueno. Eso será porque no ha estado usted en Alicante... |
||||
|
CÉSAR.- (Con la mayor dignidad.) ¡Señora! Si Alicante le merece a usted más crédito que yo, hemos terminado... |
||||
|
LAURA.- ¡Oh, César! |
||||
|
CÉSAR.- (Mohíno.) ¿Se ríe usted? |
||||
|
LAURA.- ¡Claro! |
||||
|
CÉSAR.- ¿Es que no le gusta a usted mi cuadro? |
||||
|
LAURA.- No es eso. Su cuadro me parece muy bonito. Sus ideas son deliciosas, y usted es un verdadero poeta. Pero es usted tan niño, tan niño... Dígame, César. ¿Todos los hombres inteligentes son tan ingenuos como usted? |
||||
|
CÉSAR.- (Contemplándola. Un poco ruborizado.) ¡Je! No lo sé... ¿Es que de verdad no sabe usted por qué a veces los hombres nos volvemos como niños? (Transición.) ¡Oh! Perdóneme... ¿Quiere? (Se vuelve. Sube al porche. Desaparece en el jardín.) |
||||
|
LAURA.- ¡César! |
||||
|
(LAURA sola. Entra GONZALO por la derecha. Sus ojos se fijan en el cuadro y va a él como fascinado.) |
||||
|
GONZALO.- ¡Hombre! Otro cuadrito. (Durante un instante lo contempla atentísimo. Casi tiene un estremecimiento.) ¡Laura! |
||||
|
LAURA.- ¿Qué? |
||||
|
GONZALO.- ¡Este cuadro es una birria! |
||||
|
LAURA.- ¡Oh! |
||||
|
GONZALO.- Nunca he visto una casa de campo peor pintada... |
||||
|
LAURA.- Por Dios, querido. No seas ignorante. No es una casa de campo... |
||||
|
GONZALO.- ¡Ah! ¿No? |
||||
|
LAURA.- No... Es un barco solitario que navega en alta mar. |
||||
|
GONZALO.- (Atónito.) Oye. ¿Y cómo lo sabes? |
||||
|
LAURA.- Porque está clarísimo. Fíjate bien... Lo que pasa es que tú careces de toda sensibilidad artística. A ti el único cuadro que de verdad te gusta es ese que conoce todo el mundo y que se llama ¡Y aún dicen que el pescado es caro! |
||||
|
GONZALO.- ¡No es cierto! (Con solemnidad.) También me gusta el cuadro de Las lanzas... |
||||
|
LAURA.- Bueno. Pero ¿por qué? Porque cuando éramos novios íbamos al Museo y te entretenías en contar las lanzas... Pero nunca te salían las mismas. Acuérdate. |
||||
|
GONZALO.- Exageras. Me gustan los cuadros de jardines con muchos niños jugando. Me gustan los paisajes con nieve y un letrerito debajo que dice: Noche de Navidad. Me gustan las marinas con barquitos de vela. Me gusta una barbaridad La maja desnuda...12 |
||||
|
LAURA.- ¡Gonzalo! No seas descarado. |
||||
|
GONZALO.- ¡Me gustan los verdaderos cuadros! ¡Ea! Pero no soporto lo que pinta este individuo... |
||||
|
LAURA.- ¡Vamos! Confiesa de una vez que César no te es simpático... |
||||
|
GONZALO.- Eso es verdad. ¡Lo detesto! |
||||
|
LAURA.- Pues a mí me resulta encantador... |
||||
|
GONZALO.- ¡Ah! ¿Sí? Pues ahora verás... |
||||
|
(Y, con la mayor presteza y toda la furia posible, se dirige a la pared y empieza a descolgar los cuadros de CÉSAR. LAURA le contempla indignada.) |
||||
|
LAURA.- ¡Gonzalo! ¿Qué haces? ¿Te has vuelto loco? |
||||
|
GONZALO.- Conque loco, ¿eh? (Forma un mazo con los cuadros, se lo echa al hombro y sale al jardín.) |
||||
|
LAURA.- ¡Gonzalo! ¡Gonzalo! |
||||
|
(Vuelve GONZALO, sin los cuadros, sacudiéndose las manos y muy satisfecho.) |
||||
|
GONZALO.- ¡Ea! Se acabó. Estoy harto. ¡No puedo más! Cuadros en el pasillo, en el comedor, en toda la casa. ¡Cuadros en todas partes! |
||||
|
LAURA.- ¡Gonzalo! Deberías avergonzarte de ti mismo... |
||||
|
(LAURA se sienta en el sofá. Un pequeño silencio. GONZALO se acerca y se sienta a su lado.) |
||||
|
GONZALO.- Escucha, Laura. Es que no puedo más, ¿sabes? Llevamos tres días viviendo en esta fantástica situación que tú has creado. Todo esto es peligrosísimo. Aquí, en cualquier momento va a ocurrir una catástrofe... |
||||
|
LAURA.- Te equivocas. Aquí solo ocurre algo maravilloso. Unas cuantas personas que éramos desgraciadas hemos constituido una familia nueva en la que todos somos dichosos. Y tú no puedes quejarte, porque te permitimos estar entre nosotros, aunque no eres de los nuestros... |
||||
|
GONZALO.- Entonces, ¿te parece maravilloso que yo sea un invitado en mi propia casa y que tenga que ocultar ante toda esta gente que tú eres mi mujer? |
||||
|
LAURA.- (Sonríe.) No me negarás que la situación es bastante original... |
||||
|
GONZALO.- Pero es horrible para mí. Hasta las criadas me han perdido el respeto; como están en el secreto y son tus cómplices, abusan. ¡Laura! ¿No piensas en las consecuencias que puede tener esta locura? Sé razonable. Por lo pronto, el Chico, que es un sinvergüenza, se ha fugado llevándose el reloj de la consola que vale diez mil pesetas. Ese reloj nos lo regaló mi padre el día de nuestra boda... Era un recuerdo de familia. |
||||
|
LAURA.- ¡Gonzalo! No seas hipócrita. Todo el mundo está deseando que le roben los recuerdos de familia... |
||||
|
GONZALO.- ¡Laura! No sueñes. ¿Es que quieres a toda esa gente más que a mí? Vuelve a la realidad. |
||||
|
LAURA.- (Con severidad.) ¡No te acerques tanto! |
||||
|
GONZALO.- (Desconcertado.) ¿Por qué? |
||||
|
LAURA.- Porque si nos viera Marta pensaría mal de nosotros. La pobrecita es muy celosa... |
||||
|
GONZALO.- ¡Oh! ¡Claro que es muy celosa! Dímelo a mí. (Se levanta con coraje y pasea de aquí para allá.) ¡Y todavía te niegas a reconocer que estamos sobre un volcán! (Alto.) ¡Laura! |
||||
|
LAURA.- ¡Ay! ¿Qué? |
||||
|
GONZALO.- Yo te prometí que haría todo lo posible para que esa chica dejara de quererme... |
||||
|
LAURA.- Ese es tu deber. Si Marta supiera que has jugado con ella, si supiera que, en tu vida, ella no es más que otra aventura, es posible que llegara a odiarte... Pero no dejaría de quererte. Y sería muy desgraciada, que es lo que yo no quiero. ¿Comprendes? Pero cuando descubra por sí misma que tú no eres ese héroe que ella ha soñado, sino un hombre absolutamente vulgar, como todos, será ella la que deje de quererte... Con un poco de pena, quizá... Pero sin dolor. (Sonríe.) Es muy sencillo. Es que las mujeres, en el fondo, somos muy poco complicadas. |
||||
|
GONZALO.- Ya, ya. Todo eso está muy bien. (Con cierto pesar.) Pero, por lo visto, no es tan fácil que las mujeres dejen de quererme... |
||||
|
LAURA.- ¿Qué dices? |
||||
|
GONZALO.- Lo que oyes. Que, al parecer, no soy tan vulgar como tú crees. Que debo de tener algo especial, digo yo... |
||||
|
LAURA.- (Indignadísima.) ¡Gonzalo! ¡No seas cínico! |
||||
|
GONZALO.- ¡Laura! Te juro que estoy haciendo todo lo posible para que Marta me odie... La trato con desprecio. Huyo de ella. Desde que estoy aquí ni siquiera le he dado un beso. |
||||
|
LAURA.- ¿A eso has llegado? |
||||
|
GONZALO.- ¡Sí! |
||||
|
LAURA.- (Sinceramente.) ¡Pobrecita! |
||||
|
GONZALO.- Pues todo es inútil. Para que te enteres. (Desconsolado.) Porque lo único que he conseguido con todos mis desdenes es que Marta me quiera más que nunca. ¡Toma! Como que ahora es cuando esta chica está realmente loca por mí... |
||||
|
LAURA.- ¡Ay, Dios mío! ¿Es verdad eso? |
||||
|
GONZALO.- ¡Huy! Si yo te contara... |
||||
|
LAURA.- Cuéntame... |
||||
|
GONZALO.- ¿Con detalles...? |
||||
|
LAURA.- ¡No! ¡Con detalles, no! |
||||
|
(Dentro, se oye la voz de MARTA, que llama.) |
||||
|
VOZ DE MARTA.- (Dentro.) ¡Gonzalo! |
||||
|
LAURA y GONZALO.- ¡Oh! |
||||
|
GONZALO.- Por Dios, Laura. No me dejes solo... |
||||
|
(En la meseta de la escalera aparece MARTA. Está nerviosísima.) |
||||
|
MARTA.- ¡Ah! ¿Estás ahí? Por fin te encuentro. ¡Frívolo! ¡Cínico! ¡Embustero! |
||||
|
LAURA.- ¡Marta! ¿Qué ocurre? |
||||
|
MARTA.- ¡Que no puedo más! ¿Me oye usted? ¡No puedo más! (Va hacia LAURA desconsoladísima.) ¡Laura! Ayúdeme usted. Gonzalo es un sinvergüenza... |
||||
|
LAURA.- (Muy maternal.) Hija... ¿A mí qué me va a decir? |
||||
|
MARTA.- Usted no sabe cómo se porta conmigo desde que está en esta casa. Es otro. Me huye. Se esconde. ¡Se encierra en el desván para que no lo encuentre! Claro que cuando lo encuentro es peor todavía. Anoche estábamos en el jardín los dos solos. Era una noche deliciosa. El cielo estaba lleno de estrellas. Había luna. Como yo soy tan romántica, todo eso de la luna y las estrellas es que me vuelve loca. De pronto, no pude contenerme y le pedí que me diera un beso. Bueno. Pues se puso hecho una furia y me dijo que no fuera empalagosa... |
||||
|
LAURA.- ¡Jesús! (MARTA se deja caer en un sillón llorando desconsoladísima. GONZALO, a un lado, distante, tiene un aspecto de mártir conmovedor.) Pobre, pobrecita... Ea, ea, ea. |
||||
|
MARTA.- ¡Decirme a mí empalagosa! Es la primera vez que me lo llama... |
||||
|
GONZALO.- Vamos. Acuérdate. Te lo he dicho más de una vez... |
||||
|
MARTA.- ¡Mentira! Antes decías que yo era muy femenina. |
||||
|
GONZALO.- Es lo mismo... |
||||
|
MARTA.- ¡Y este es el hombre que me quería con locura! Y este es el hombre que hace cuatro días quería que nos fugáramos juntos a Barcelona para toda la vida. El que me hacía el amor en nuestro rinconcito de El Café de las Flores. El que me juraba que no había querido a ninguna antes que a mí... |
||||
|
LAURA.- Bueno, bueno. (Un poco picada.) Tanto como a ninguna... |
||||
|
MARTA.- ¡A ninguna! |
||||
|
LAURA.- Vamos, mujer. Eso se dice siempre... |
||||
|
MARTA.- ¡Le digo a usted que a ninguna! |
||||
|
LAURA.- Marta, hija. No seas egoísta. No sé por qué te empeñas en que te quieran a ti sola... |
||||
|
MARTA.- (Llora otra vez.) Pero si ya no me quiere... Si todo eso acabó. Si está enamorado de otra... ¡Que lo sé yo muy bien! |
||||
|
(LAURA se vuelve como movida por un resorte.) |
||||
|
LAURA.- ¿Cómo? ¿Qué dices? |
||||
|
MARTA.- ¡La verdad! Solo la verdad. Ande, ande, pregúntele a él, a ver si se atreve a negarlo... |
||||
|
(LAURA, en pie, avanza hacia GONZALO.) |
||||
|
LAURA.- ¿Es eso cierto? ¿Hay otra mujer? Entonces, todas las promesas de enmienda eran mentira. (Con mucha emoción.) ¡Todos los juramentos de amor eran falsos! De modo que hay por medio otra mujer. ¡Otra! Pero Dios mío, esto es horrible. ¡Es horrible! |
||||
|
MARTA.- No, si ya sabía yo que se iba usted a llevar un disgusto. Como me ha tomado ese cariño... |
||||
|
LAURA.- ¡Otra mujer! ¡Otra más! No es bastante engañar a esta pobre muchacha. ¡Oh! ¡Qué horror! No se puede creer en nada. Todo es mentira, mentira... ¡Siempre mentira! |
||||
|
MARTA.- Sí, señora. Eso digo yo... |
||||
|
LAURA.- ¡Tú te callas! |
||||
|
MARTA.- ¡Ay, sí, señora! |
||||
|
LAURA.- (Nerviosísima.) Claro que habrá que conocer a esa mujer. Estoy segura de que será una de tantas... Una mujer fácil. Lo que se dice una cualquiera... ¡Seguro! |
||||
|
MARTA.- ¡Ay, no! Eso sí que no... |
||||
|
LAURA.- ¿Cómo que no? |
||||
|
MARTA.- Que no, señora, ea. Con ella no tiene usted que meterse... |
||||
|
LAURA.- Pero ¿la vas a defender tú? |
||||
|
MARTA.- ¡Naturalmente! Pues no faltaría más... |
||||
|
LAURA.- ¡Marta! |
||||
|
MARTA.- Pero, Laura... Si es que esa mujer es usted. |
||||
|
LAURA.- ¿Qué? ¿Yo? (LAURA, abrumada, se deja caer en una silla.) ¿Has dicho que soy yo? |
||||
|
MARTA.- ¡Sí! Usted, usted. |
||||
|
LAURA.- ¡Dios mío! (Se la queda mirando y ríe y llora al mismo tiempo.) ¡Marta! Y me lo dices tú, precisamente tú... ¡Oh, Marta! Si supieras lo que dices... |
||||
|
MARTA.- Tendría que estar ciega para no verlo. Se la come a usted con los ojos. Su nombre no se le cae de los labios. No me habla más que de usted, siempre de usted... Está loco por usted. |
||||
|
LAURA.- ¿Tanto? |
||||
|
MARTA.- ¡Claro que a usted no la engatusa! De eso me encargo yo... |
||||
|
LAURA.- Mujer... ¿por qué te vas a molestar? |
||||
|
MARTA.- ¿Quiere usted callarse? ¿Para qué estoy yo aquí más que para eso? |
||||
|
LAURA.- Si te empeñas... |
||||
|
MARTA.- ¡Digo! Ya le daré yo a usted algunas lecciones para que sepa cómo hay que tratarle... |
||||
|
LAURA.- ¿Tú crees que me harán falta? |
||||
|
MARTA.- Sí, señora. Porque a los hombres, si no se les conoce en la intimidad, no se les conoce. |
||||
|
LAURA.- Mira... Eso es verdad. |
||||
|
MARTA.- Porque en la intimidad todos los hombres pierden. Son muy poquita cosa. Y este... Este es de los que más pierden. |
||||
|
LAURA.- ¡Ay, no! Eso sí que no. |
||||
|
MARTA.- ¿Cómo que no? |
||||
|
LAURA.- Que no, hija, que no... |
||||
|
MARTA.- (Con toda razón.) Pero, Laura, ¿me lo va usted a contar a mí? |
||||
|
LAURA.- (Casi indignada.) Pero, Marta. ¿Es que crees que eres la única que lo sabe todo? |
||||
|
(En el porche aparece CÉSAR cargado con los cuadros, al hombro, tal como se los llevó GONZALO.) |
||||
|
CÉSAR.- ¡Vaya! Me gustaría saber quién ha cometido este atropello... |
||||
|
TODOS.- ¡Oh! |
||||
|
CÉSAR.- ¡Hola! ¿Ha sido usted? |
||||
|
GONZALO.- ¡Sí! Yo... Yo he sido. |
||||
|
CÉSAR.- Debí figurármelo. Pues ha perdido usted el tiempo, señor mío... (Y, con toda decisión, coloca otra vez cada cuadro en su sitio y deja el último sobre el sofá. Después se vuelve con aire de triunfo.) ¡Ea! Ya está... Y ahora, ¿quiere usted explicarme por qué se ha permitido esta fechoría? |
||||
|
GONZALO.- (Con coraje.) Porque estoy harto de sus malditos cuadros. ¡Porque los odio! |
||||
|
LAURA.- (Asustada.) ¡Gonzalo! |
||||
|
CÉSAR.- (Extrañadísimo.) ¿He oído bien? ¿Dice que odia mis cuadros? |
||||
|
LAURA.- ¡Ay, no! No es eso. Lo que pasa es que a Gonzalo, como no entiende de arte, le gustan más los cuadros del Museo... |
||||
|
GONZALO.- (Tozudo.) He dicho que odio esos cuadros y lo repito. Cuando los miro fijamente me producen alucinaciones. Por las noches me despierto muerto de miedo porque, en sueños, se me aparecen todos sus cuadros, uno detrás de otro. ¡Todos me horrorizan! Pero el que me hace sufrir es ese... |
||||
|
CÉSAR.- ¿Cuál? |
||||
|
GONZALO.- ¡Ese...! |
||||
|
(Y señala un extraño cuadro de símbolos complicadísimos que está visible en la pared del fondo, en cuya composición, entre los más estrafalarios elementos, figura un antifaz negro.) |
||||
|
CÉSAR.- Es curioso... ¡El retrato de Laura! |
||||
|
(LAURA, MARTA y GONZALO, al oírle, se sobresaltan y vuelven la cabeza hacia el cuadro a un tiempo.) |
||||
|
TODOS.- ¿Cómo? |
||||
|
LAURA.- ¿Mi retrato? ¿Dice usted que ese es mi retrato? |
||||
|
CÉSAR.- Sí... |
||||
|
LAURA.- (Muy contenta.) Pero, hombre, ¿por qué se lo tenía usted tan callado? |
||||
|
CÉSAR.- Era mi secreto. |
||||
|
(LAURA avanza hacia el retrato y lo contempla atentísimamente.) |
||||
|
LAURA.- Mi retrato. De manera que aquí estoy yo... |
||||
|
CÉSAR.- Sí... Usted. |
||||
|
MARTA.- (Escéptica.) ¿Lo jura? |
||||
|
CÉSAR.- (Grave.) ¡Lo juro! |
||||
|
LAURA.- ¿Qué significa este antifaz? |
||||
|
CÉSAR.- Su misterio... |
||||
|
GONZALO.- (Indignado.) Hombre, no diga tonterías. Pero si Laura no tiene ningún misterio. Si es un ángel. (Entusiasmado.) Si es buenísima. Si... |
||||
|
CÉSAR.- (Muy enojado.) ¡A callar! ¿Usted qué sabe de Laura? |
||||
|
GONZALO.- ¡Oh! |
||||
|
(LAURA, que continúa examinando el retrato, se vuelve muy satisfecha.) |
||||
|
LAURA.- ¡Ya está! Ya me veo. ¡Estoy de perfil! |
||||
|
CÉSAR.- No... De frente. |
||||
|
LAURA.- ¡Ay, sí! Aquí hay un ojo. |
||||
|
CÉSAR.- Eso es... |
||||
|
LAURA.- ¿Dónde está el otro? |
||||
|
CÉSAR.- (Con orgullo.) Yo nunca pinto más que un ojo. |
||||
|
LAURA.- Hace usted muy bien. Como los dos son iguales... |
||||
|
GONZALO.- ¡Qué barbaridad! Pero qué barbaridad. De modo que todo eso que está ahí es Laura... Entonces, si tuviera que pintar mi retrato, ¿cómo me pintaría usted a mí? |
||||
|
CÉSAR.- (Suspenso.) ¿A usted? |
||||
|
GONZALO.- Sí, sí... A mí. |
||||
|
CÉSAR.- ¿Que cómo le pintaría a usted? (Se le queda mirando fijamente. Con toda su alma.) ¡Feo! |
||||
|
GONZALO.- (Casi en un salto.) ¡Oiga! |
||||
|
CÉSAR.- ¡Sí! Le pintaría a usted feo... Muy feo. (Con un gozo inmenso.) ¡Pasaría usted a la posteridad como el hombre más feo del mundo! |
||||
|
GONZALO.- (Indignado.) ¡Qué infamia! Lo que pasa es que usted me ha tomado manía... Eso es. |
||||
|
CÉSAR.- ¡Sí! Reconozco que me es usted profundamente antipático... |
||||
|
MARTA.- ¡Oh! |
||||
|
LAURA.- Pero, César... |
||||
|
GONZALO.- ¡Ah! ¿Sí? ¿Y puedo saber por qué? |
||||
|
CÉSAR.- Porque es usted un intruso. (Reconcentrado.) ¡Sí! Un intruso. Porque su presencia entre nosotros se me hace intolerable. Porque ha llegado usted el último a esta casa y ya se permite todas las confianzas. Da órdenes a las criadas, protesta de las comidas, entra y sale por todas partes como si fuera el dueño... |
||||
|
GONZALO.- ¡Quia! No es eso. Lo que ocurre es que usted quisiera ser el único huésped de esta casa. ¿Y quiere que le diga por qué? Porque está usted enamorado de Laura... |
||||
|
TODOS.- (Con sobresalto.) ¿Qué? |
||||
|
(LAURA y MARTA se vuelven rápidamente hacia CÉSAR. Él baja la cabeza conmovidísimo. Con silencioso coraje.) |
||||
|
CÉSAR.- ¡Oh! Esto no se lo perdonaré nunca. ¡Nunca! (Sube al porche y sale.) |
||||
|
LAURA.- (Atónita.) ¡Gonzalo! ¿Eso es verdad? |
||||
|
GONZALO.- ¡Sí! |
||||
|
LAURA.- Pero ¿seguro, seguro? |
||||
|
GONZALO.- ¡Segurísimo! Puedes estar tranquila... |
||||
|
LAURA.- (Conmovidísima.) ¡Ay, Dios mío! |
||||
|
MARTA.- (Contemplando a LAURA con verdadera admiración.) Pero Laura... ¿Qué les da usted? |
||||
|
LAURA.- No lo sé, hija. Te aseguro que así, tan seguido, no me ha pasado nunca... |
||||
|
MARTA.- Es fantástico. ¡Pobre César! Cómo se ha emocionado... |
||||
|
(Sale al jardín en pos de CÉSAR. LAURA avanza hacia GONZALO.) |
||||
|
LAURA.- ¿No me engañas, Gonzalo? ¿De verdad César está enamorado de mí? |
||||
|
GONZALO.- ¡Sí! |
||||
|
LAURA.- Oye. ¿Y tú cómo lo sabes todo? |
||||
|
GONZALO.- Porque César me ha hecho confidencias... |
||||
|
LAURA.- ¿A ti? |
||||
|
GONZALO.- (Indignado.) ¡Claro! Como ignora que soy tu marido... Y como, además, has tenido la desdichada idea de hacernos dormir a los dos en la misma habitación, pues se pasa la noche haciéndome confidencias... |
||||
|
LAURA.- ¿Y qué dice de mí? Cuenta, cuenta... |
||||
|
GONZALO.- No sé si debo... Son confidencias de hombre a hombre. |
||||
|
LAURA.- Anda, hombre, cuéntamelo... ¿Le gusto? |
||||
|
GONZALO.- (Lúgubre.) Un horror. |
||||
|
LAURA.- (Dichosa.) Oye, tengo una curiosidad. Una curiosidad muy femenina, como comprenderás. ¿Qué es lo que más le gusta de mí? |
||||
|
GONZALO.- Déjame que recuerde... |
||||
|
LAURA.- A ver, a ver... |
||||
|
GONZALO.- Pues verás... Dice esas cosas que dicen siempre los enamorados. Que si tu pelo, que si tus ojos, que si tus manos... Tonterías. Porque la verdad es que nunca es para tanto. |
||||
|
LAURA.- (Indignadísima.) ¡Grosero! |
||||
|
GONZALO.- ¡Oh! |
||||
|
LAURA.- Conque no es para tanto... Vamos, hombre. ¡Y me lo dices a mí! |
||||
|
GONZALO.- Es que ya no sé lo que digo. ¡Es que me voy a volver loco! |
||||
|
(Entra MARTA por el porche muy satisfecha.) |
||||
|
MARTA.- Ya está. César dice que, en este caso, el marido no tiene importancia... |
||||
|
GONZALO.- (En pie.) ¿Cómo? |
||||
|
MARTA.- Vamos, venga que le dé la enhorabuena. Porque ahora no me negará usted que César le gustaba a usted muchísimo... |
||||
|
LAURA.- (Con toda su alma.) ¡Cállate! |
||||
|
MARTA.- (Transición. Muy bajo.) Laura... |
||||
|
LAURA.- ¿Qué sabes tú? ¿Qué sabes tú cómo quiero yo cuando quiero? |
||||
|
MARTA.- (Sobrecogida.) ¡Laura! (LAURA sale. GONZALO y MARTA quedan frente a frente. Un silencio. En los ojos de la muchacha hay un interrogante.) ¿Por qué ha dicho eso? (GONZALO la mira, baja los ojos y sale aprisa.) ¡Gonzalo! |
||||
|
(Se calla. Una pausa. Muy despacio, se sienta en el sofá. Con timidez, asoma CÉSAR en el porche. Se acerca despacio y se sienta junto a MARTA.) |
||||
|
CÉSAR.- ¡Je! Por curiosidad... ¿Cree usted que mis pretensiones han caído bien? |
||||
|
MARTA.- (Mirándole como si estuviera muy lejos.) Sí, sí. Muy bien... |
||||
|
(En la meseta de la escalera irrumpe CRIS alborozada, seguida, casi inmediatamente, del SEÑOR PEPE. La pequeña baja la escalera rapidísimamente.) |
||||
|
CRIS.- ¡Don César! ¡Señorita! ¡Que viene el Chico! Lo hemos visto desde la terraza... |
||||
|
SEÑOR PEPE.- ¡Cuidado, Cris! |
||||
|
CRIS.- ¡Chico! ¡Chico! ¡Chico! |
||||
|
(La muchacha ha atravesado corriendo la escena y llega hasta el porche. En este momento surge allí el CHICO. Viene tan campante. Trae en la mano un paquetito.) |
||||
|
CHICO.- ¡Hola! ¿Siguen ustedes bien? |
||||
|
TODOS.- ¡Chico! |
||||
|
CHICO.- Servidor, de primera. |
||||
|
CRIS.- (Con entusiasmo.) ¡Qué fresco eres! |
||||
|
(El CHICO, con todo desparpajo, desenvuelve el paquete. Es el reloj de la consola. Lo deja en la mesita, ante MARTA.) |
||||
|
CHICO.- El relojito. |
||||
|
SEÑOR PEPE.- ¡Caray! |
||||
|
CHICO.- ¡Pche! Que se adelantaba un poquito y lo llevé a componer... Nada más. (Se vuelve y mira en torno con mucha dignidad.) ¿O es que ustedes se habían figurado otra cosa? |
||||
|
CRIS.- ¡Ay, no! No lo creas... |
||||
|
SEÑOR PEPE.- ¡Qué va, hombre! Si no te conociéramos... |
||||
|
CHICO.- ¡Ah, bueno! |
||||
|
CRIS.- Oye, chico. ¿Y esto de que vengas y devuelvas el reloj, qué quiere decir? |
||||
|
CHICO.- ¡Pche! (Ruboroso.) Pues que me figuré que a ti te gustaría... |
||||
|
CRIS.- ¡Ay! (Conmovidísima.) ¿De verdad lo has hecho por mí? ¿Es que, por mí, te vas a volver una persona decente? |
||||
|
CHICO.- (Con un vago pesar.) Si te empeñas. Yo, cuando me enamoro, soy capaz de todo... |
||||
|
CRIS.- (Emocionadísima.) ¡Chico! ¡Ay, señor Pepe! Lo que puede una pasión... |
||||
|
SEÑOR PEPE.- Sí, hija. Lo veo y no lo creo... |
||||
|
(Bruscamente, MARTA se pone en pie.) |
||||
|
MARTA.- ¡César! |
||||
|
(Todos se vuelven y la miran sorprendidos.) |
||||
|
CÉSAR.- ¿Qué ocurre? |
||||
|
MARTA.- Este reloj tiene algo escrito. Aquí, detrás. |
||||
|
CÉSAR.- ¿Qué dice? |
||||
|
MARTA.- (Muy despacio.) Dice: «A Gonzalo y a Laura en el día de su boda...». |
||||
|
TODOS.- ¿Qué? |
||||
|
(Un mudo sobresalto en todos. Una pausa fugaz, pero intensa. CÉSAR avanza solo hasta primer término.) |
||||
|
CÉSAR.- ¿Dice eso? No es posible... |
||||
|
MARTA.- ¡Sí! Lo dice. |
||||
|
CÉSAR.- ¡Marta! |
||||
|
MARTA.- Luego están casados. Luego Gonzalo es su marido... |
||||
|
TODOS.- ¡Su marido! |
||||
|
MARTA.- Pero ¿por qué nos han engañado? ¿Por qué? (Se queda mirándolos a todos en un desolador desconsuelo. De pronto, un sollozo.) |
||||
|
CRIS.- Señorita... |
||||
|
MARTA.- ¡Déjame! |
||||
|
(MARTA se suelta de CRIS y, en silencio, pero sollozando, corre, sube las escaleras y desaparece por la puertecita de la meseta. En escena hay un silencio. CÉSAR, sentado, esconde un momento la cabeza entre las manos.) |
||||
|
CRIS.- ¡Señor Pepe! |
||||
|
SEÑOR PEPE.- ¡Je! |
||||
|
CRIS.- Entonces, si don Gonzalo es el marido de la señorita Laura, digo yo que nos tendremos que ir... |
||||
|
SEÑOR PEPE.- ¡Je! En eso estaba pensando yo... |
||||
|
CRIS.- ¡Claro! Porque la señorita Laura ya no está sola y ya no nos necesita... Nos iremos en seguidita, porque no está bien abusar. (Una lágrima.) ¡Vaya! A la calle, otra vez. |
||||
|
SEÑOR PEPE.- (Muy emocionado.) ¿Te quieres callar, chica? |
||||
|
CHICO.- (Indignado.) ¡Maldita sea! ¡Y que la culpa de todo la tenga mi honradez! |
||||
|
SEÑOR PEPE.- Hombre... No hay que exagerar. |
||||
|
CHICO.- Pero si siempre me pasa igual. Si cuando quiero ser honrado me ocurre algo malo. ¡Si es que la decencia es «gafe»! |
||||
|
CRIS.- ¿Te quieres callar, sinvergüenza? Lo que pasa es que todo esto era un sueño que no podía durar. La Cris, la pobre Cris, en medio de estos lujos, con una madre tan buena y tan guapa como la señorita Laura... Vamos, si ni siquiera sé por qué me lo he llegado a creer. ¡Toma! ¿Por qué va a ser? Porque está una rabiando por creerse todo lo bueno, aunque sea imposible. ¡Pobre Cris! Hala, hala, otra vez a la terraza de El Café de las Flores con el «Chester» y el «Lucky» y la lotería, que es lo peor, porque hay que ver lo que cuesta colocar un décimo... (Se sorbe unas lágrimas.) Oiga, don César. ¿Es que está usted llorando? |
||||
|
CÉSAR.- No... Yo no lloro nunca. |
||||
|
CRIS.- Bueno. Pues habrá sido una pajita que se le ha metido en un ojo... |
||||
|
(Aparece MARTA en la escalera. Trae la maletita que llevaba en el primer acto.) |
||||
|
MARTA.- Buenas noches. Me gustaría que algún día todos nos volviéramos a encontrar... |
||||
|
CRIS.- Señorita... |
||||
|
MARTA.- (Se seca una lágrima.) Mañana volveré a la tienda. Todo ha sido un sueño. Quisiera decirle a Laura que nunca olvidaré a la gran señora que salvó a una pobre chica una noche en la terraza de El Café de las Flores. Pero no tengo valor. Porque no sé si ahora estaría bien que le diera un beso... |
||||
|
CÉSAR.- Marta... ¿Me permite usted que la acompañe? |
||||
|
MARTA.- Vamos, César... |
||||
|
CÉSAR.- Vamos... |
||||
|
(CÉSAR, en silencio, va a las paredes y recoge sus cuadros. Todos menos el retrato de LAURA, que queda allí solo. Se pone los lienzos bajo el brazo y sube al porche con MARTA.) |
||||
|
CRIS.- (Tímidamente.) ¡Don César! Me parece que se deja usted algo... |
||||
|
CÉSAR.- No, pequeña. (Sonríe.) Me lo dejo todo... |
||||
|
(Salen CÉSAR y MARTA. Quedan solos el SEÑOR PEPE, CRIS y el CHICO. Se miran algo confusos.) |
||||
|
SEÑOR PEPE.- ¡Je! |
||||
|
CRIS.- Bueno... Nosotros también nos vamos. |
||||
|
SEÑOR PEPE.- (Casi en funciones.) ¡Je! ¿Por Velázquez o por Serrano? |
||||
|
CRIS.- ¿Qué más da? Todo es la calle. |
||||
|
(Salen los tres muy despacito y mohínos por el jardín. La última, CRIS. Queda la escena sola por un instante. Entra LAURA. Se detiene al ver la estancia vacía y tiene un subconsciente sobresalto.) |
||||
|
LAURA.- ¡Cris! (Corre hasta el arco de la izquierda.) ¡Cris! ¡Pequeña! ¿Dónde estás? (Corre hasta el porche. Mira al jardín. Llama con una irreprimible angustia.) ¡Cris! ¡Señor Pepe! ¡Oh! (Entra de nuevo. Descubre el único cuadro que ha dejado CÉSAR. Se deja caer en un sillón. Se tapa la cara con las manos. Llora.) ¡Se han ido! ¡Dios mío! Se han ido... |
||||
|
(Entra GONZALO.) |
||||
|
GONZALO.- ¿Qué pasa? ¿Por qué gritas? |
||||
|
LAURA.- ¡Se han ido, Gonzalo! |
||||
|
GONZALO.- ¡Que se han ido! |
||||
|
LAURA.- ¡Sí! Lo saben, lo han descubierto y se han marchado. ¡Pobres! Otra vez en la calle. Otra vez cada uno en su soledad. Pero, ¿por qué, Dios mío? ¿Por qué no somos capaces de hacer felices a los demás? ¿Es que no se puede soñar? ¿Es que al dolor no se le puede hacer frente con un poco de imaginación? ¿Es que la vida solo puede ser como es: sucia, fea y triste? ¿Por qué, Dios mío? ¿Por qué no se puede soñar un poco? Un poco siquiera... |
||||
|
GONZALO.- (Conmovido.) Laura... |
||||
|
(En el porche aparecen de nuevo, con mucha timidez, CRIS, el SEÑOR PEPE y el CHICO.) |
||||
|
CRIS.- ¿Se puede? Es que se nos ha olvidado despedirnos... |
||||
|
LAURA.- ¡Cris! |
||||
|
CRIS.- (Emocionadísima.) ¡Señorita Laura! |
||||
|
(CRIS corre hacia LAURA, se arrodilla a sus pies y se abraza a ella, llorando. El SEÑOR PEPE y el CHICO se dirigen a GONZALO con toda familiaridad.) |
||||
|
SEÑOR PEPE.- ¡Je! Yo no quería volver. Pero es que la chica se ha empeñado... |
||||
|
CRIS.- ¡No me deje, señorita Laura! ¡Que tengo miedo! ¡Que tengo mucho miedo! |
||||
|
(LAURA la acoge y la besa. Con los ojos brillantes de gozo.) |
||||
|
LAURA.- No, pequeña. No te dejaré. ¿Cómo voy a dejarte? Si tú eres el sueño más bonito. Eres el sueño de una hija que no tengo... |
||||
|
TELÓN |
||||