La falta de estos Museos que puedan tenerse como modelos, y corresponden a los llamados pedagógicos, se puede suplir en España mientras las Escuelas Normales carezcan de ellos, mediante las excursiones instructivas de que más adelante hablamos y que debieran hacerse extensivas a los alumnos de dichas Escuelas.
Respecto del concurso que los alumnos y los particulares pueden prestar al maestro en la formación de los Museos que nos ocupan, podemos corroborar las afirmaciones hechas por MM. MANDINE y BERTON con las siguientes palabras tomadas de una carta dirigida por un maestro del Doubs al inspector de academia M. Rousselot, a quien muy principalmente se debe la propagación en este departamento de tan útiles Museos: «Formado al principio (el museo de su escuela) con ayuda de algunas muestras de las principales semillas y plantas del país, nuestro museo ha recibido después, con el concurso de los alumnos especialmente y de algunas personas extrañas, desenvolvimientos que permiten sacar de él asuntos interesantes y variados para las lecciones de cosas. Todos los niños se han apresurado a suministrarnos algunos ejemplares de los productos agrícolas o industriales de su familia. Un albañil nos ha proporcionado pedazos de cinco clases de piedras que contiene una cantera del común, con indicación del uso de cada clase... Un carretero nos ha construido un modelo del juego delantero de la cureña de un carro, con las diversas clases de maderas que emplea en su oficio; un mecánico nos ha facilitado el hierro, el acero y el cobre en las diferentes formas que se encuentran en su taller; un carpintero nos ha enviado las diferentes clases de maderas que emplea, desde la de abeto hasta la de caoba; la familia de un misionero nos ha regalado un cofrecito de un tejido particular procedente de Madagascar y que contiene algunas conchas de esta isla». Después de dar una idea de lo que al escribir la carta contenía su museo, continúa el indicado maestro: «Nosotros encontramos en nuestro pequeño museo un auxiliar de la mayor importancia para interesar a nuestros alumnos en las lecciones de cosas, para hacer hablar a los más tímidos, para habituar a todos a observar, a reflexionar sobre el objeto y el uso de cada cosa, para mostrarles, en fin, la necesidad del trabajo e inspirarles sentimientos de reconocimiento hacia el Creador y hacia sus padres, y de benevolencia por todos los hombres». -Las palabras que dejamos transcritas prueban, no sólo el eficaz concurso que en la formación del Museo puede obtener el maestro de sus alumnos, sino también los beneficios que a éstos pueden reportar esas útiles colecciones, por medio de las cuales cabe que reciban una como primera iniciación en las realidades de la vida, y por esto mismo, una suerte de primer aprendizaje profesional.
Se trata aquí de las colecciones que propiamente constituyen lo que se llama Museo tecnológico, -productos naturales e industriales, instrumentos respectivos, -que no de las relativas a la Geografía y la Astronomía y las ciencias físicas y naturales, cuya adquisición no puede, en general, hacerse por estos medios, y que deben ser el complemento del Museo escolar, así como las otras deben constituir su base.
Este orden debe adoptarse para cada reino de la Naturaleza, de cuyo modo se completarán las colecciones unas a otras, clasificando luego en cada uno las primeras materias, según los géneros de industrias, o las industrias locales, en el orden que generalmente se sigue, a saber: alimentos, vestidos, habitaciones, mobiliario, etc. Bajo la misma idea de presentar la historia de una primera materia por medio de varios objetos, están dispuestas las cajas que se emplean en las escuelas de párvulos para las lecciones de cosas; en ellas suelen presentarse ejemplares de las primeras materias, y a continuación otros en que pueden apreciarse las diversas transformaciones que éstas sufren hasta que se obtiene un producto industrial cualquiera: también suelen agregarse modelos de los instrumentos principales, mediante los que se realizan semejantes transformaciones. Lo mismo puede decirse respecto de los Museos escolares. Entre los presentados en la Exposición Universal de Viena de 1873, cita M. BUISSON el expuesto por un maestro de Baden, M. GRIMME, del cual menciona estos dos ejemplos: «Para acompañar la lectura -dice- del pasaje intitulado el Lino, pone M. GRIME ante la vista de la clase: primero, un bote que contiene el lino en grano; después algunas hebras del tallo, y después el lino en estado bruto con modelo en miniatura, pero que pueda funcionar, de espadilla o rastrillo; más adelante las diversas cardas, el torno, las devanaderas, todo lo que sirve para hilar el lino, y últimamente, la materia para tejer, siempre en modelos reducidos, y hasta los aparatos que sirven para blanquear la tela. De análoga manera ilustra M. GRIMME el trozo de lectura relativo al Carnero, mostrando ejemplares escogidos de todos los usos a que se destinan el cuero, el cuerno, el sebo y la lana de ese animal». -En la relación que de un Museo hace el maestro a que se refiere la nota precedente, se lee lo que sigue, que corrobora lo que decimos: «Nuestro Museo contiene actualmente ejemplares en semilla y en espiga de todos los cereales del país, de plantas textiles, leguminosas, oleaginosas y ferruginosas. Al lado de los cañamones, se encuentra el tallo del cáñamo, hilaza, un pedazo de tela nueva, otro de tela usada, hilas, papel, etcétera, para mostrar a los niños el desenvolvimiento de una planta y sus diversos usos». -En el mismo sentido están dispuestos los Cartones para las lecciones de cosas a que antes nos hemos referido, que han sido ideados por los rusos, que los presentaron en la citada Exposición, y que los franceses empiezan a imitar.
Estos el ejercicios escritos corresponden a los que en muchas escuelas extranjeras reciben el nombre de Deberes escolares, y consisten en composiciones que los niños escriben en un cuaderno especial que cada uno tiene y que comúnmente guarda el maestro, sobre temas que al efecto se les dan acerca de las diversas asignaturas que comprende el programa escolar (en el caso presente el objeto de la composición es el paseo), cuidando de que a todos los trabajos acompañen estas indicaciones: fecha en que han sido hechos, nombre y edad del alumno cuya es la composición, curso y clase a que pertenece, asunto del escrito, número de faltas que en él haya, clasificación que merece al maestro y lugar obtenido por el pequeño redactor entre sus compañeros. Estos ejercicios son, como dice M. PAROZ, «muy del agrado de los niños y constituyen un excelente medio de consolidar lo que han aprendido, desenvolviéndoles a la vez el talento de la escritura y sus facultades intelectuales, por lo que es preciso hacer bastante uso de ellos en las escuelas primarias», en las que, concediéndolo todo al formalismo que imponen los textos gramaticales, se descuida bastante la verdadera enseñanza de la lengua materna y, sobre todo, la composición de frases y períodos, en que debe insistirse mucho, tanto de palabra como por escrito. En cuanto a si tales escritos, especialmente los relativos a los paseos instructivos, deben hacerse en la misma escuela o en la casa paterna, se ha disputado no poco, siendo la opinión de los más y la mejor recibida la de que los hagan en la escuela, alegándose para ello no sólo la razón de que hacerlos en la casa pudiera prestarse a que se faltara a la verdad, porque alguien ayudase al niño en su trabajo, la de que el maestro no tiene derecho para disponer del tiempo del alumno fuera de la escuela. De modo que, concretándonos a los paseos, su redacción deben hacerla los niños en la escuela al día siguiente de verificada la excursión, no consintiéndoles que en su casa escriban poco ni mucho sobre él; lo que se les recomendará es que piensen sobre lo que han visto y oído, ordenándolo mentalmente.
Lo que respecto de los paseos instructivos decimos en los dos párrafos precedentes es, con ligeras variantes, repetición de parte del trabajo que al mismo asunto consagramos en nuestra obra Teoría y practica de la Educación y la enseñanza (T. II, cap. II, págs. de la 47 a la 53). En dicho lugar trazamos la historia de ese eficacísimo medio de educación y lo que de poco tiempo a esta parte se ha hecho para aclimatarlo en nuestras escuelas, que no es, ciertamente, ni con mucho lo que puede y debe hacerse; y eso que los resultados de los ensayos hechos no pueden ser satisfactorios ni más decisivos, según de ello dan testimonio elocuente las excursiones que constantemente, desde hace más de dos años, verifican los alumnos de primera y segunda enseñanza de la Institución libre de Enseñanza, a la que no puede disputarse el honor de haber sido el primer centro de instrucción de España que ha puesto en práctica, de un modo normal, tan excelente y natural medio de cultura de la niñez. No es esto negar que algunos de nuestros buenos maestros se hayan valido de los paseos para suministrar alguna instrucción a sus discípulos; pero no tenemos datos para afirmar que lo hayan hecho constante y normalmente, por lo que lo que han realizado sólo constituye hechos aislados que no deben tenerse como un procedimiento pensado y sistematizado de educación. De lamentar es, por otra parte, que los ensayos hechos en estos últimos tiempos en Madrid se suspendieran apenas comenzados y fueran, por lo general, más producto de indicaciones que trascendían a mandatos, que de la inspiración, la vocación, la convicción y espontánea adhesión de lo que los realizaron.
En los ejercicios de lenguaje, no sólo en cuanto que los paseos instructivos constituyen en el fondo verdaderas lecciones de cosas, las cuales sirvena su vez para la enseñanza racional de la lengua materna, como reiteradamente hemos dicho en el decurso de los capítulos IV y V, sino, además, por la parte escrita o de redacción que hemos visto que forma como el complemento de los paseos escolares, y, en general, por las relaciones que los niños hacen de ellos. A propósito de este particular, dice M. BERTON, antes nombrado: «Se comprenden los felices resultados de esta enseñanza por los paseos, cuando de vuelta a la escuela, se pide a los jóvenes excursionistas que hagan de ellos una relación verbal o escrita. Las descripciones se descripciones se encontrarán al principio faltas de método, e incorrecta la frase; pero ¿cuánto provecho no podrá sacarse de ello para la composición y el estilo? No hay procedimiento sencillo ni más seguro para conducir al niño a pensar con precisión y a expresarse correctamente».
No sólo en algunos países extranjeros, sino en nuestra misma España, se han ampliado los paseos escolares a verdaderos viajes. A la Institución libre de Enseñanza, a la que cabe la honra de haber sido la primera en nuestro país en poner en práctica, de un modo regular como medio de educación de la niñez, los paseos, según en otra nota hemos dicho, corresponde también el honor de haber sido la primera en valerse de la misma manera y con el propio fin de los viajes, habiéndolos hecho ya sus alumnos a Toledo, Alcalá, Escorial y algunas otras poblaciones con excelentes resultados, como lo prueban los trabajos escritos por los mismos niños y publicados por el Boletín de la Institución. Sin duda que, tratándose de la enseñanza oficial, fuera mucho pedir que se establecieran desde luego dichos viajes, cuando son contadas las escuelas primarias que tienen establecidos los paseos, y esto de una manera irregular, y cuando en las Normales no se llevan a cabo ni unos ni otros, no obstante la notoria conveniencia de instituirlos en ellas, si se aspira a formar maestros aptos para dar una buena enseñanza y dirigir bien la educación de los niños. No sólo debiera practicarse ya en dichas Escuelas Normales los citados paseos, sino que debería además haberse hecho algo para organizar los viajes de vacaciones, como debería haberes pensado también en otras varias cosas que son necesarias a todas luces para formar buenos maestros, y que pueden hacerse sin necesidad de ninguna nueva ley y sin infracción de la vigente.
Compruébase en estas frases lo que reiteradas veces hemos dicho en las páginas precedentes: que a la enseñanza abstracta de la Religión debe necesariamente preceder el cultivo del sentimiento religioso por medios intuitivos, todo lo más sensibles que se pueda. No debe perderse de vista que hay una época en la vida del niño (hacia los diez años), en que los sentimientos religiosos hacen crisis, y que ésta será tanto más peligrosa cuanto menos se hayan despertado y fortificado esos sentimientos por los indicados medios, y más se haya confiado en el formalismo de enseñanzas abstractas, por las cuales solamente no es posible inculcar la Religión a la infancia. Tengan muy en cuenta esto los padres y todos los educadores que dicen preocuparse seria y fervorosamente de la educación religiosa de sus educandos, y sin embargo, descuidan lo fundamental y no miran más que a exterioridades que si a primera vista pueden deslumbrar, llega un día en que le sucede lo que a los edificios levantados sobre la ligera y movediza arena. Para arraigar en los niños el sentimiento religioso positivo es menester desarrollar antes las facultades religiosas, que es su principio y base.
Refiriéndose al jardín de los Kinaer-garten alemanes (Jardines de la infancia, de FRBEL), dice M. GASQUIN: «Se comprende bien cuán fecundo es ese jardín en enseñanzas útiles para la infancia. He aquí la idea de aseo y de cuidado, el sentimiento de afección y de gratitud que fluye de él; he aquí también, a poca distancia, la idea del trabajo, tan esencial y tan saludable para la felicidad de los individuos, que comienza a germinar en el cerebro del niño». Y claro es que lo que dice del jardín cabe decirlo en general de la Naturaleza y de la inclinación hacia ella y la agricultura de que más arriba hemos tratado, máxime cuando el jardín es uno de los principales medios que tenemos de hacer intervenir la Naturaleza en la educación, con el sentido que exponemos ahora.