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31

M.ª Carmen Marín Pina, art. cit., pág. 86.

 

32

Fol. xlix.

 

33

Sobre el tema de la conversión de los paganos en los libros de caballería, vid. Judith A. Whitenack, «Conversion to Christianity in the Spanish Romance of Chivalry», en Journal of Hispanic Philology, XIII, 1 (1988), págs. 13-39.

 

34

Luján recupera, en cierta medida, a los personajes de Calafia y Pintiquinestra, haciéndolas acudir a la guerra en auxilio de los cristianos, al mando de otro ejército de mujeres guerreras. Si bien no se afirma en el texto que ellas mismas tomaran las armas, aparecen siempre junto al trío de heroínas combatientes. En cualquier caso, pensamos que Luján obra de manera lógica, según su planteamiento, al preferir para su protagonista una figura de mujer totalmente nueva y sin vinculación alguna con las anteriores.

 

35

Vid. Héctor P. Márquez, La representación de los personajes femeninos en el Quijote, Madrid: Ed. José Porrúa Turanzas, 1990; vid. también el clásico trabajo de F. Márquez Villanueva, Personajes y temas del Quijote, Madrid: Taurus, 1973, así como la abundante bibliografía sobre las Novelas ejemplares cervantinas.

 

36

Cfr. R. de Maio, Mujer y Renacimiento, Barcelona: Mondadori, 1988, págs. 67-76.

 

37

Cfr. B. Castiglione, El cortesano, ed. de Rogelio Reyes Cano, Madrid: Espasa-Calpe (Austral), 1984, pág. 236.

 

38

Así aparecen Píramo y Tisbe, la reina Dido «que por no violar la cama de su marido Siqueo, quiso morir atrauessada con espada. Puesto que alguno mi fama con desonesta muerte ensuziasse» (II, XL, CVIv) -hacemos notar que Luján rechaza la versión de Virgilio- y Penélope. Esta herencia clásica se muestra ya en el Amadís de Gaula, pero el amor de los protagonistas de la obra de Montalvo se caracteriza por su intensidad. Es de tal magnitud que llega a delimitar la suerte de reinos enteros tal y como sucede en la historia de Paris, Menelao y Helena de Troya.

 

39

Éste fue también el pensamiento de Cervantes en materia amorosa: «Cervantes fue un heredero del optimismo del humanismo renacentista. Creía sinceramente en la eficacia de los dos remedios para la pasión desordenada, a saber, el matrimonio y la razón, y en que, por consiguiente, no se debe rechazar el bien por temor de abusar de él; no se debe restringir o destruir la libertad con el objeto de prevenir el mal que pueda causar» (A. Parker, op. cit., pág. 139). Tesis parecidas encontramos en Fray Luis de León o Erasmo. La generalidad de los humanistas cree en el matrimonio como un marco donde pueden generarse unas relaciones humanas ideales. Fray Antonio de Guevara exalta la «loable y amigable compañía que hay entre los casados» (F. Antonio de Guevara, Libro áureo del gran emperador Marco Aurelio con el Relox de príncipes, Madrid: s. l., Juan de San Vicente, 1675, cap. I, pág. 114). Para él los vínculos conyugales han de ser, ante todo, vínculos de amistad entre los esposos.

 

40

Cfr. P. Mexía, Silva de varia lección (I), ed. de Antonio Castro Díaz, Madrid: Cátedra, 1989, cap. XIV. Esta sentencia aparece en Coloquios matrimoniales de Pedro de Luján, col. I).