| Al mover tu abanico con gracejo | |||
| quitas el polvo al corazón más viejo. |
| Como el viento continuo, no es sentida | |||
| la eterna pesadez de nuestra vida. |
| Si pienso en ti, fatigan mi deseo | |||
| mil pensamientos vanos, | |||
| y, sin saber por qué, cuando te veo | |||
| contengo el corazón con ambas manos. |
| Te es infiel ¿y la quieres? No me extraña; | |||
| yo adoro a la esperanza, aunque me engaña. |
| Aunque eres a mi amor inaccesible, | |||
| no puedo menos de quererte un poco, | |||
| pues soy bastante loco | |||
| para morir creyendo en lo imposible. |
| Se van dos a casar de gozo llenos: | |||
| realizan su ideal: ¡un sueño menos! |
| De todo lo visible y lo invisible | |||
| crees sólo en el amor, que es lo increíble. |
| En la aurora feliz de tus amores, | |||
| sólo querías el dinero en flores; | |||
| mas, después que pasó tu ardor primero; | |||
| sólo quieres las flores en dinero. |
| Piensa sólo en amar y en ser amada. | |||
| El amor es lo que es; lo otro no es nada. |
| Te he visto no sé dónde, ni sé cuándo. | |||
| ¡Ah! Sí, ya lo recuerdo; fue soñando. |
| Las niñas de las madres que amé tanto, | |||
| me besan ya como se besa a un santo. |
| Es tal la idolatría | |||
| con que quiere el destino que te quiera, | |||
| que creo que te tengo, Carmen mía, | |||
| la ceguedad de la pasión postrera. |
| Aunque es tu gran belleza | |||
| para mí inaccesible, | |||
| te quiero, vive Dios, con la firmeza | |||
| de un mártir de la fe de lo imposible. |
| A pesar de mis días, | |||
| como yo te amo a ti, no amó Macías. |
| Me dicen que es un diablo; mas recelo | |||
| que este diablo, al caer, se trajo el cielo. |
| Lo que yo te decía: | |||
| os casasteis, y luego, | |||
| si él te amó hasta la víspera con fuego | |||
| tú amaste más desde el siguiente día. |
| La mujer más estulta | |||
| ¡con qué artificio el artificio oculta! |
| Siempre es algún consuelo | |||
| que un marido, por serlo, gane el cielo. |
| Fernanda, pienso en ti con tal empeño, | |||
| que si duermo, no duermo: ¡engaño al sueño! |
| Me han hecho sufrir tanto, que he dudado | |||
| si el amor será un odio disfrazado. |
| Tanto es lo que te quiero, | |||
| que el cetro puse en ti del mundo entero. |
| No es raro en una almohada ver dos frentes | |||
| que maduran dos planes diferentes. |
| Sin la fe la conciencia es un abismo, | |||
| y el peor compañero es uno mismo. |
| Bendice al mismo tiempo que San Pablo, | |||
| los matrimonios por amor, el diablo. |
| Al verse tan gentil, ¡con qué embeleso | |||
| se da a sí misma, en el espejo, un beso! |
| Serás feliz, si metes con prudencia | |||
| en un saco el amor y la conciencia. |
| Con valor sin segundo, | |||
| un abismo salvé tras otro abismo, | |||
| y, aunque de todo me salvé en el mundo, | |||
| nunca pude salvarme de mí mismo. |
| Aunque muy poco a poco, | |||
| ya llegué al gran saber: ¡Sé que estoy loco! |
| Todo galán, desde que ve ese talle, | |||
| es parte de una esquina de tu calle. |
| Al pasar por delante | |||
| de un espejo en que alegre se miraba, | |||
| dije al ver junto al mío su semblante: | |||
| ¡Cómo empieza la vida y cómo acaba! |
| ¡Todo pasa, lo mismo que las rosas, | |||
| los hombres, los imperios y las cosas! |
| Es tan buena mujer, que he comprendido | |||
| que nunca hará feliz a su marido. |
| Después de bien pensado, | |||
| fue mi tiempo perdido el más ganado. |
| ¡Maldito mal el mio! | |||
| Si puedes, huye de él: se llama hastío. |
| Las niñas rezadoras que yo trato | |||
| nunca piden a Dios el celibato. |
| Es tan cierto el candor de tu belleza, | |||
| que ocultas sólo el alma en tu franqueza. |
| Tened miedo de aquellas | |||
| que eclipsan, siendo feas, a las bellas. | |||
| Con su novio formó un itinerario, | |||
| y, casada después, siguió el contrario. |
| De su paz envidioso, | |||
| al ver a un muerto, digo: -He aquí un dichoso. |
| La ambición desencanta de tal modo | |||
| que a mí ya no me extraña | |||
| que en salud, en amor, en paz y en todo | |||
| tenga envidia el palacio a la cabaña. |
| Hay falsas que, mandando en sus sentidos, | |||
| no se olvidan de sí, ni en sus olvidos. |
| Eres con ellas tan audaz, porque eres | |||
| un hombre que conoce a las mujeres. |
| Para verte, parece que a tu lado | |||
| admiradas las horas se han sentado. |
| Más bien que un enfermero, | |||
| hay quien cree que un marido es un loquero. |
| Si como hombre no sé lo que prefiero, | |||
| como un niño sé bien lo que no quiero. |
| Es misterioso el corazón del hombre | |||
| como una losa sepulcral sin nombre. |
| -¡Amame más!...-la niña le decía. | |||
| Pero él: -¡Si es imposible!...-respondía. |
| Ya ni quiero ni puedo | |||
| volver a unir tu corazón al mío, | |||
| porque me causa miedo | |||
| más que un sepulcro lleno, otro vacío. |
| A pesar de lo mucho que te quiero, | |||
| no me mato por ti, pero me muero. |
| Saben bien los amantes instruídos | |||
| que quieren decir sí tres «nos» seguidos. |
| Cree, piadoso lector, lo que te digo: | |||
| con todo estoy en paz menos contigo. |
| Cual si untasen los ojos con beleño, | |||
| el oficio de esposo es dado al sueño. |
| Como es tan importante lo que te hablo, | |||
| nos viene a oír desde el infierno el diablo. |
| Renuncia a hablar de ti, porque no creo | |||
| que podría imitar, aunque quisiera, | |||
| a Petrarca y a Herrera, | |||
| que cantan el amor sin el deseo. |
| ¡Ay del que, amando como yo, no alcanza | |||
| más amor que el amor sin esperanza! |
| Pronto ha de ser este galán tan tierno, | |||
| cual todo esposo, un disidente eterno. |
| Todo la duda y la razón lo miran. | |||
| La fe y el corazón todo lo admiran. |
| Son todos mis sentidos | |||
| para verte y oírte, ojos y oídos. |
| Ya sé que fui, por más que ella lo olvida, | |||
| el grande amor ochenta de su vida. |
| Como si fuese un leño, | |||
| ya es, tenderme a dormir, mi único ensueño. |
| Soy un hombre tan necio, | |||
| que defiendo mi vida, y la despreció. |
| Ya decía mi abuela | |||
| que el amor es un ser endemoniado, | |||
| que lo mismo que a un diablo exorcizado | |||
| la bendición nupcial le espanta, y vuela. |
| Tanto es lo que te quiero, | |||
| que, aunque amarte es morir, te amo y me muero. |
| Sólo para quererte | |||
| voy robando unos días a la muerte. |
| Cuenta el amor muy bajo a las mujeres, | |||
| que hay un deber contrario a los deberes. |
| ¡Ay de aquel que ya tiene en esta vida, | |||
| excepto para ti, la fe perdida! |
| En la hoja en que escribo este «te quiero», | |||
| siento el perfume de mi amor primero. |
| ¡Huid, maldito enjambre | |||
| de ideas locas que mi frente esconde, | |||
| pues, como dice Franklin, no sé dónde, | |||
| «quien vive de esperanzas, muere de hambre»! |
| Si sufres, ten paciencia: ese es tu sino. | |||
| Toda hermosa es un mártir del destino. |
| Sé natural, que es, además de hermosa, | |||
| la gran naturaleza una gran cosa. |
| Nació, sufrió, murió. Tal fue su historia. | |||
| Destino de mujer. ¡Virtud sin gloria! |
| La fuiste a secuestrar, y, ya casado, | |||
| eres tú, más bien que ella, el secuestrado. |
| Por ti mi corazón cayó en la cuenta | |||
| de que hay fiebres de amor a los sesenta. |
| Dondequiera que voy, hace el destino | |||
| que te halle casualmente en el camino. |
| Esa mujer que miras de pasada, | |||
| jamás, después de vista, es olvidada. |
| El santo matrimonio nos aterra | |||
| después que hemos sabido | |||
| que, en las luchas civiles, el marido | |||
| es quien paga los gastos de la guerra. |
| Como un gran abogado, esa perversa | |||
| hace blanco la negro y viceversa. |
| ¡Qué olvidos tan extraños! | |||
| Al verte no me acuerdo de mis años. |
| Hay rubias, como tú, tan verdaderas, | |||
| que, al esparcir el día sus destellos, | |||
| parece que las mismas hechiceras | |||
| cortan rayos del sol con las tijeras | |||
| y después os los ponen por cabellos. |
| Hay quien da vuelta al mundo, y luego exclama: | |||
| -Para nuestra alma el mundo es lo que se ama. |
| Sólo a mi amor has dado | |||
| un instante de gloria; | |||
| mas juro que, sujeto a mi memoria, | |||
| jamás caerá ese instante en el pasado. |
| Al salir a la calle las ideas, | |||
| son del incendio popular la teas. |
| Te dije el fin de las amantes glorias | |||
| que conseguir anhelas; | |||
| casarte como en todas las novelas, | |||
| y hartarte como en todas las historias. |
| Lleva siempre en la frente lo que se ama, | |||
| como Moisés, un resplandor de llama. |
| ¿Dudas de mí? Teniendo tantas hechas, | |||
| no es raro que un ladrón tenga sospechas. |
| ¡Cuánta mujer que marcha al casamiento, | |||
| da en la calle, en el río, o en el convento! |
| Aprende, niña bella, | |||
| que tan sólo es dichoso el que no olvida | |||
| que, aunque no hay nada inútil en toda ella, | |||
| no hay cosa más inútil que la vida. |
| Muchos, cual yo, delante de tus ojos, | |||
| no se miran de pie, se ven de hinojos. |
| Con bondad e inocencia, | |||
| hermosura y talento, | |||
| Teresa, Dios hará que en tu existencia | |||
| siga siempre alumbrando tu conciencia | |||
| la ley de tu divino pensamiento. |
| Si tan niña, eres ya la criatura | |||
| más linda que el amor ha conocido, | |||
| ¿qué será cuando el tiempo y la hermosura | |||
| den tu cuerpo a las Gracias concluido? |
| Si en hacerla feliz tenéis empeño, | |||
| tomad la realidad y dadla el sueño. |
| Aunque morirme quiero, | |||
| por no olvidarme de tu amor no muero. |
| El hombre suele hacer todo lo bueno | |||
| por la mujer que le llevó en su seno. |
| María, es además de sentimiento | |||
| tu mirada una luz con pensamiento. |
| Al ver al mundo entero | |||
| vagar sin norte y con la fe perdida, | |||
| siento por él ese dolor sincero | |||
| que siente por su enfermo el enfermero | |||
| en el último instante de su vida. |
| Gertrudis, pido al Dios omnipotente, | |||
| con el más vivo anhelo, | |||
| que pasen las tristezas por tu frente, | |||
| como pasan las nubes por el cielo. |
| Pasando, indiferente por mi lado, | |||
| no le importa a la infiel que ya no la ame; | |||
| aun no ha sentido, como yo, esa infame | |||
| el tormento de odiar lo que se ha amado. |
| Desde que vi, Mercedes, tu hermosura, | |||
| el quererte es mi ramo de locura. |
| Al final de la orgía | |||
| siente ella pesadumbre, y él bosteza, | |||
| que en amor, ya agotada la alegría, | |||
| se queda cada cual con su tristeza. |
| Te adoró el primer mes; pero al siguiente | |||
| ya era un frío deber su amor ardiente. | |||
| ¡Paciencia! Hoy como ayer y ayer como antes, | |||
| nace y muere un amor en dos instantes. |
| A fuerza de burlar y ser burlado | |||
| se adquiere este secreto: | |||
| que el hombre es un perfecto condenado | |||
| y la mujer un ángel incompleto. |
| O lánzame al horror del fuego eterno, | |||
| o elévame del goce al alto emporio; | |||
| pues tu amor, que no es cielo ni es infierno, | |||
| jamás deja de ser un purgatorio. |
| Van y vienen, por sitios alfombrados | |||
| la grey de engañadores engañados, | |||
| con hojas de los árboles caídas, | |||
| unas cuantas esposas aburridas | |||
| y otros tantos maridos fastidiados. |
| Son iguales, Leonor, nuestros destinos; | |||
| morirás, como yo, de mal de amores, | |||
| porque siempre, y en todos los caminos, | |||
| tu corazón asaltarán, traidores, | |||
| el tedio y el placer: dos asesinos. |
| -¿Por qué dicen -pregunta Rosalía-, | |||
| que nos mata él amor, siendo tan bueno? | |||
| -Lo dicen los que saben, hija mía, | |||
| que, si un vaso de amor es ambrosía, | |||
| un vaso de placer es un veneno. |
| ¡Qué bien llevas los años que han pasado! | |||
| Y los míos, Pilar, ¡qué bien los llevo! | |||
| ¿Recuerdas cuántos son? Yo lo he olvidado. | |||
| Sólo a indicar me atrevo | |||
| que, desde el tiempo viejo en que te he amado, | |||
| barrió el polvo de un siglo un aire nuevo. |
| Sólo recuerdas de tu edad pasada | |||
| lo que hubo de infeliz en tus amores. | |||
| ¡Qué quieres, prenda amada! | |||
| El dolor nos recuerda otros dolores, | |||
| pero un placer no nos recuerda nada. |
| Todavía, perjura, | |||
| mi corazón se goza en la amargura | |||
| de tus falsos amores, | |||
| como una sepultura | |||
| que, con restos de un muerto, cría flores. |
| ¿Qué diabólicas mañas | |||
| tendrá esa pecadora, | |||
| que cuando llama a ellas, la traidora2 | |||
| siempre la abren las puertas mis entrañas? |
| Si algún César triunfante | |||
| te viera desde el fondo de su gloria, | |||
| podría ese lunar de tu semblante | |||
| hacer variar el curso de la historia. |
| Fue inútil nuestro afán; no hemos logrado | |||
| reavivar tus ardores ni los míos, | |||
| porque el amor y el agua de los ríos, | |||
| no vuelven a pasar si ya han pasado. |
| Al ver hoy tan erguido | |||
| al galán que vio ayer tan humillado, | |||
| el mundo ha conocido | |||
| que llegó para ella el bien perdido | |||
| llegando para él el bien logrado. |
| ¡Aunque no suele enardecer su pecho | |||
| el calor de la fe, | |||
| pasa la vida, en lágrimas deshecho | |||
| envidiando al que cree! |
| Sin la fe, la conciencia es un abismo, | |||
| y el peor compañero es uno mismo. |
| Pasando de la pena a la alegría, | |||
| nuestra alma es el retrato | |||
| de esa móvil campana que en un día | |||
| toca a boda, a agonía, | |||
| a oración, a bautizo y a rebato. |
| Un rizo de tu rubia cabellera | |||
| es la gloria mayor de mi destino: | |||
| si como hecho es un trapo una bandera, | |||
| como idea es un símbolo divino. |
| A eterna fe nuestra alma condenada, | |||
| los que no creen en Dios creen en la nada. |
| Me dijo «sí», con tan discreto modo, | |||
| que no lo oyó ni Dios, que lo oye todo. |
| No deja verte bien ni un solo instante, | |||
| la inundación de luz de tu semblante. |
| Como van las malditas experiencias | |||
| nuestra alma invalidando, | |||
| en cada año que pasa voy echando | |||
| una pata de palo a mis creencias. |
| La novedad del día en las ciudades | |||
| es la cola del perro de Alcibíades. |
| Hay quien tiene ictericia | |||
| de soñar que le ahorca la justicia. |
| Yo, como muchos, creo | |||
| que dura nuestro amor lo que el deseo. |
| ¡Dichoso el que no olvida | |||
| que no se halla ventura | |||
| si, a una conciencia pura, | |||
| no se une la esperanza de otra vida! |
| En cualquier mujer, reina o pastora, | |||
| se encuentra alguna cosa encantadora. |
| Soy en pensar que me amarás un día | |||
| el ciego que soñaba que veía. |
| Me inspiras compasión, pues dicen que eres | |||
| ¡oh infeliz!, muy feliz con las mujeres. |
| Me dijo, al verme triste, una chilena: | |||
| -Siempre hay una mujer junto a una pena. |
| ¡Dichosa la mujer que no conoce | |||
| que, en los goces tranquilos, falta el goce! |
| Pareces, Delia, de la aurora hermana, | |||
| y creo firmemente | |||
| que al nacer tú, dejó sobre tu frente | |||
| sus rayos más hermosos la mañana. |
| Les falta algo de amor, a los amores | |||
| que no son un infierno de dolores. |
| Si en la senda del mal te ves perdida, | |||
| no sigas adelante. | |||
| Para volver al bien en esta vida | |||
| todo momento es el supremo instante. |
| ¡Quién pudiera, con tierna confianza | |||
| deslizar en tu oído | |||
| ciertos cuentos, Inés, que yo he aprendido | |||
| de mi eterna nodriza la esperanza! |
| Acompañado del tintín del oro | |||
| toda mujer dormida oye un ¡te adoro! |
| ¡Oh! ¡Qué niña tan bella!... | |||
| En mi tiempo, su madre era como ella. |
| Cuando te cases, Lola, | |||
| te encontrarás con él dos veces sola. |
| Fanny, guardando de tu edad primera | |||
| recuerdos halagüeños, | |||
| te he de dejar por mi única heredera | |||
| cuando haga el testamento de mis sueños. |
| Por flaquezas del cuerpo, o las del alma, | |||
| la vida es un pecado que se empalma. |
| Hay sabio, de impiedad tan candorosa, | |||
| que no tiene fe en Dios, y cree en su esposa. |
| ¿Preguntas qué es amor? Es un abismo, | |||
| mal y bien, esperanza y desaliento, | |||
| antídoto y veneno a un tiempo mismo, | |||
| odio y pasión, deleite y sufrimiento. |
| Viejos y nuevos, grandes y pequeños, | |||
| los ídolos pasando | |||
| desde el cielo a la tierra, van echando | |||
| pasadizos de fe, puentes de sueños. |
| ¿Qué es preciso tener en la existencia? | |||
| Fuerza en el alma y paz en la conciencia. |
| Eres el tipo raro | |||
| de esas que hacen un velo del descaro. |
| Cuando dudaba de ella, vacilaba; | |||
| pero ya no vacilo: | |||
| su amor, mientras dudé, me atormentaba; | |||
| hoy sé que me es infiel y estoy tranquilo. |
| Todos lo han conocido: | |||
| ¿Va con uno y bosteza? Es su marido. |
| Tu mano de marfil, que antes ardía, | |||
| ya me suele quemar de puro fría. |
| Tratad con indulgencia | |||
| a aquel que hace lo innoble con decencia. |
| No olvides un instante | |||
| que es quedarse detrás no ir delante. |
| ¿Por qué saben las gentes que has pecado? | |||
| Lo saben porque rezas demasiado. |
| Alegra el ver a las mujeres bellas, | |||
| como idealiza el alma el ver estrellas. |
| ¿Qué saqué al fin de los amores míos? | |||
| La cabeza caliente y los pies fríos. |
| Eres, después de vieja, | |||
| sirena inversa que, si llama, aleja. |
| Es cosa en ellos y ellas convenida, | |||
| dar ellas la virtud y ellos la vida. |
| Adoré tanto a Estrella, | |||
| que, a pesar de su edad y de la mía, | |||
| siempre que me habla con los ojos ella, | |||
| yo la oigo con los míos todavía. |
| Se hace también, merced a la conciencia, | |||
| en los lechos de pluma, penitencia. |
| Al pedirme la luna muchas bellas, | |||
| yo les di el sol, la luna y las estrellas. |
| Ya tanto tu virtud exteriorizas, | |||
| que a fuerza de pudor escandalizas. |
| ¡Cuánto desventurado | |||
| hay que cree conquistar y es conquistado! |
| ¡Cuán feliz es el que oye eternamente | |||
| el mismo ruido de la misma fuente! |
| ¡Feliz tú, que tan sólo has disfrutado | |||
| la embriaguez de lo real en lo soñado! |
| Hay mujer que se juzga tan despierta, | |||
| que siempre piensa el mal y nunca acierta. |
| Dice esa infame que por mí ha sabido | |||
| que el hombre es un demonio pervertido. |
| Yo una vez tuve amores | |||
| con una mujer fiel... ¡Horror de horrores! |
| Te vendí y me vendiste: está bien hecho: | |||
| la venganza, en España, es un derecho. |
| Amantes y no amantes | |||
| me dicen que, como eres tan hermosa, | |||
| parecen tus pendientes de brillantes | |||
| los gusanos de luz junto a una rosa. |
| Sin los puntales de la fe, algún día | |||
| la bóveda del cielo se caería. |
| Aunque un ángel lo llene de agua pura, | |||
| todo vaso es un cáliz de amargura. |
| A un tiempo nos deleita, y nos maltrata | |||
| la preciosa Angelita, | |||
| pues es mujer que, si nos mira, mata, | |||
| y, si vuelve a mirar, nos resucita. |
| Diría la verdad, si te jurara | |||
| por los dioses mayores y menores, | |||
| que son los hoyos de tu hermosa cara | |||
| el nido de mis últimos amores. |
| Hay Cresos que con ansia desmedida | |||
| gastan la vida en apilar dinero | |||
| sin calcular primero | |||
| que el oro vale menos que la vida. |
| Busqué la ciencia y me enseñó el vacío, | |||
| Logré el amor, y conquisté el hastío. |
En
la muerte de Zorrilla | ||||
| Por bueno y por glorioso, el cielo quiso | ||||
| que subiese al Edén, que merecía, | ||||
| el último cantor, que descendía | ||||
| del primer ruiseñor del Paraíso. | ||||
| Ha muerto, y, desde ahora, sus despojos | |||
| ya se verán, más que de pie, de hinojos. |
| De él, de su amor, y de tu fe, y de todo | |||
| hará, el deshielo de la nieve, lodo. |
| Teme más, el que es bueno, | |||
| a su propio desprecio, que al ajeno. |
| Te vi ayer, y perdona si al momento | |||
| contigo me casé de pensamiento. |
| Por falta de virtud o de memoria, | |||
| mientes más tú que el que inventó la historia. |
| ¿Niegas que fuiste mi mejor amiga? | |||
| Bien, bien; lo callaré: nobleza obliga. |
| Si miro de tus ojos al espejo | |||
| conozco que no sirvo para viejo. |
| Tan sólo con mirar, o dar la mano, | |||
| vas causando más fiebres que un pantano. |
| Es grande en extensión el Océano; | |||
| pero es más grande el corazón humano. |
| Soy en creer las cosas tan reacio, | |||
| que solamente leo | |||
| la historia, como un viaje de recreo | |||
| por los campos del tiempo y del espacio. |
| La muerte, por nosotros tan temida, | |||
| es un cambio de frente de la vida. |
| Suele morir el hombre en los momentos | |||
| en que empieza a ordenar sus pensamientos. |
| No hay una luz más bella que la nube, | |||
| del humo del hogar que al cielo sube. |
| Da al diablo, el hombre, la existencia entera | |||
| y la dedica a Dios la hora postrera. |
| ¿Te casaste? Pues bien, ya has conquistado | |||
| frío hogar, mesa muda y lecho helado. |
| Cuando ames, Esperanza, ten presente | |||
| que lo hermoso del hombre está en la frente. |
| Hombre, no temas al infierno tanto, | |||
| que el pecador, cuando se casa, es santo. |
| Pues te robó a mi amor, que sufra en calma | |||
| que tú y yo nos besamos con el alma. |
| Si al morir va al infierno mi marido, | |||
| es que vuelve al país en que ha nacido. |
| Al fin te consagraste a los altares, | |||
| más bien que por tu fe, por tus pesares. |
| Empleando las frases vagamente, | |||
| no dice la verdad, y nunca miente. |
| Sé por mí que no hay nada más helado | |||
| que el cráter de un volcán, si está apagado. |
| ¿Y su amor? Ya está muerto y enterrado, | |||
| pues hay quien ha advertido | |||
| que se limpia al descuido, con cuidado | |||
| el sitio en que la besa su marido. |
| Cree que ya en otra vida ha sido un reo | |||
| a quien ahorcó el verdugo, y yo lo creo. |
| No tengáis duda alguna: | |||
| felicidad suprema no hay ninguna. |
| Nadie puede librarse en su camino | |||
| de los celos con trampa del destino. |
| Debí un favor a una mujer muy bella, | |||
| y, aunque fue a precio vil, después de aquello | |||
| toda mi vida al acordarme de ella | |||
| la siento hasta en la punta del cabello. |
| Aprende a ver sin pena | |||
| que tendrá su ambición su Santa Elena. |
| ¿Qué son la gloría ni el poder, si, en suma, | |||
| la gloria aburre y el poder abruma? |
| Cosas que nunca ha comprendido mi alma, | |||
| bailar con frenesí y amar con calma. |
| Teniendo a dos para llenar las horas, | |||
| ríes con uno, y con el otro lloras. |
| Teresa España, adiós; aunque no quiera, | |||
| te he de olvidar, lo sé...cuando me muera. |
| A fuerza de estudiado, es un marido | |||
| más estulto que Homero traducido. |
| Cazadores y amantes | |||
| cautivan fascinando con reflejos: | |||
| unos cazan mujeres con diamantes, | |||
| y otros cogen alondras con espejo. |
| Ya la vida desdeño | |||
| al ver que, más que un sueño, es un mal sueño. |
| Además del perdón que me has pedido, | |||
| te concedo el desprecio y el olvido. |
| Dadme sangre española | |||
| que, sin fuego y sin luz, se inflame sola. |
| Conque ¿tienes amores | |||
| con una mujer fiel? ¡Horror de horrores! |
| Es tal mi somnolencia, | |||
| que, aunque estoy en Madrid, vivo en Valencia. |
FIN