21
Sobre el carácter multigenérico de la menipea, véase PPD 256 y CP 195-96.
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Méndez Plancarte comienza por glosar los significados vulgares de los double entendres de los que se confecciona este villancico satírico, pero luego quita este apoyo al decir: «Renunciamos a glosar otras alusiones, por razón del espacio y por su relativa notoriedad en toda la poesía satírica de España y del mundo» (2: 415, nota).
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Las posibilidades liberadoras del carnaval se vuelven más evidentes en «la plaza pública de fiesta... [cuando] se suprimen todas las barreras jerárquicas que separan a los individuos y se establece un contacto familiar real» (CP 169).
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Paz se detiene sobre las «trampas de la fe» que dieron fin a la carrera de sor Juana (509-631); su discurso debe verse a la luz de la carta (descubierta y publicada después de escribirse el libro de Paz) en la que sor Juana, en efecto, despide a su confesor Núñez de Miranda por haber encabezado la crítica pública de su Neptuno alegórico. Estos enunciados y los numerosos análisis perceptivos escritos por mujeres en años recientes nos permiten especular que el empeño de sor Juana por ofuscar el carácter rígidamente masculino del cristianismo causó, desde el comienzo de su carrera, que muchos vieran su producción con recelo y que algunos aguardaran el momento oportuno para callarla.
Para una insigne presentación de la carta al padre Núñez, véase Alatorre, «Carta». Para análisis de los textos en que el feminismo y la teología de sor Juana se cruzan, véase, por ejemplo, Arenal, «Mother Tongue» y «Woman Is Creator», Sabat-Rivers; Bénassy-Berling (sobre el carácter europeo medieval del catolicismo sorjuanino); y un trabajo mío sobre éstas y otras perspectivas: «Donde Dios todavía es mujer: sor Juana y la teología feminista».
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Para apreciar las influencias extratextuales sobre sor Juana, es indispensable el resumen biográfico e histórico de Paz (11-241, especialmente). También es excelente el cuadro pintado por Bénassy-Berling y sugerente la crónica histórico-biográfica de Arroyo.
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Se recomiendan las recreaciones excelentes de la vida conventual, y en particular la del convento de San Jerónimo donde vivía sor Juana, en Paz (165-92); Bénassy-Berling (34-56); Blanco (46) y los textos enteros de Benítez y de Reyna.
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Sor Juana comenta en la Respuesta que su temperamento era «tan blando y tan afable» que «las religiosas me aman mucho por él... y con esto gustan mucho de mi compañía» (405: 451). Compartía este cariño y solía visitarlas para «consolarlas y recrearme con su conversación» (451-52). A esta inclinación gregaria se oponía, sin embargo, la otra para estudiar tranquilamente. Así es que, en un romance dirigido a un admirador, se refiere chistosamente a una de sus fantasías, en la que
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| (49: 161-64) | ||
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Véase en la Respuesta la anécdota iluminadora de uno de los momentos que vivió «sin corona» (405: 458-60). Para iluminación sobre su destronamiento determinante, rito que exigió reiteradas reafirmaciones de su ortodoxia católica, véase los textos 408-410 (4: 516-21) de sus Obras completas y las interpretaciones de estos «votos» en Paz (582-608), Bénassy-Berling (24347) y Schons (54-57).
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Los poderes mágico-exorcistas de Jesús se derivan del paradigma oriental del poder divino que funciona a través de un rey iniciado en los secretos sobrenaturales. De acuerdo con el concepto, los reyes egipcios eran los retratos vivientes de Dios (Welburn 272). Lo mismo ocurría con los tatloani -sacerdotes prehispánicos-, quienes se vestían la piel de ciertas víctimas sacrificiales para así asumir los poderes de las deidades veneradas.
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Esta materia puede confundir. Creo que Welburn mejor que nadie explica los vínculos entre el gnosticismo y el hermetismo, relación que él a veces llama un hermetismo gnóstico (63-64).