Diario de un viaje apasionado
Daniel Moyano
Arturo Azuela (México, 1938), académico, profesor, matemático y aficionado a la música, se dio a conocer como escritor a los 36 años con la novela El tamaño del infierno, una ópera prima fuera de serie que le valió en su país, en 1974, año de su publicación, el importante premio literario «Xavier Villaurrutia»; una novela ya clásica donde el autor, en un castellano salpicado de sonoridades propias del habla culta y popular de México, hace una pintura crítica de un estrato de la sociedad mexicana actual. En La mar de utopías, libro editado por el ICI (Instituto de Cooperación Iberoamericana), que no es «un conjunto de ensayos y una novela autobiográfica»
como dice la solapa, Arturo Azuela habla en general de América Latina como pasión, preocupado por su pasado, su presente y su destino. Un libro que es una mezcla de diario de viaje (él mismo lo llama cuaderno de bitácora), memorias, diario íntimo y crónicas periodísticas, con reflexiones sobre su propia vida, la amistad, el amor, la soledad, el tiempo, y semblanzas entrañables de escritores como Rulfo, Cortázar, Neruda y Carlos Barral, o de figuras como la de Salvador Allende.
Estos recuerdos y recreaciones de dos viajes, uno a la Argentina y otro a Chile, se convierten finalmente en aportes personales y vitales sin duda alguna útiles para un mejor conocimiento de la literatura hispanoamericana contemporánea. A veces están sobrecargados de referencias carentes de interés, como aquellos donde toca temas relacionados con la política universitaria, o la relación detallada de una conferencia o los temas tratados en una clase de literatura.
Las frecuentes alusiones a la vida erótica durante los viajes narrados tampoco aportan nada importante al texto. En cambio resulta muy interesante, entre muchos otros, el capítulo dedicado al poeta Carlos Barral, tanto en lo emotivo (se trata de un homenaje) como en lo informativo.
Hermoso el capítulo dedicado al exilio español en México, con la figura de León Felipe como fondo esperando ser recibido por el ilustre abuelo del autor, Mariano Azuela, autor de Los de abajo, una de las obras más importantes de las llamadas «novelas de la revolución mexicana». El autor evoca los tiempos en que siendo él estudiante de bachillerato, tenía como maestros próximos a integrantes de ese «exilio español que ya formaba parte de México», entre los que figuraban Eugenio Imaz, García Baca, Bosch Gimpera, Joaquín Xirau, Agustín Millares Carlo, Luis Cernuda, Moreno Villa, Altolaguirre, Mantecón, quienes se arraigaban más y más a nuestro suelo, sin dejar de ser españoles, al parecer se hacían más mexicanos, defendiendo con pasión sus formas de hablar, sus recuerdos, sus luchas heroicas y sus grandes antepasados. Y añade: su obra está con nosotros cada días más viva.
A fin de cuentas, aquí llegaron con su severidad y su lealtad, con la conciencia de su dignidad y de su entrega, dotados de una fuerza de atracción con el habla de sus hechos; aquí llegaron a todo, «menos para acabarse».