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Deste agua no beberé

Andrés de Claramonte y Corroy



[Nota preliminar: Edición digital a partir de la de Ramón de Mesonero Romanos en Dramáticos contemporáneos a Lope de Vega, Madrid, Atlas, 1951, (Biblioteca de Autores Españoles; 43) y cotejada con las ediciones críticas de Alfredo Rodríguez López-Vázquez (Kassel, Edition Reinchenberg, 1984) y Alva V. Ebersole (Valencia, Estudios de Hispanófila, 1973).]



PERSONAJES
 

 
EL REY DON PEDRO I.
DON FERNANDO,   noble.
DON GIL DE COLOMBA,   noble.
DOÑA MENCÍA DE ACUÑA,   dama.
TISBEA,    criada.
DON GUTIERRE ALFONSO,    noble.
GARCÍA DE LIRÚN,   escudero.
DON DIEGO TENORIO,    noble.
DOÑA JUANA TENORIO,    dama.
Un caballero.
Una Sombra.
Un villano.
Una villana.
Criados.
Labradores.
Monteros del rey.
Músicos.
Soldados.





ArribaAbajoJornada I

 

Salen el REY DON PEDRO, DON FERNANDO, DON GIL, caballeros, de caza.

 
REY
Coman los caballos, que hoy
tengo de entrar en Sevilla,
si en mi pensamiento voy.
GIL
Morirán.
REY
No es maravilla
que mueran, si muerto estoy. 5
FERNANDO
Ya en este castillo están,
donde con gusto les dan,
por saber que tuyos son,
abundante la ración;
y soberbio el alazán, 10
con soplos atemoriza,
que, enojado del camino,
hunde la caballeriza.
GIL
Parece un monstruo marino
bañado en espumariza, 15
que a los huéspedes caballos,
juzgándolos por vasallos,
arrincona a las paredes;
que imitando al de Diomedes,
pretende despedazallos. 20
Tal brío y valor le ha dado
el haberle sustentado,
que por distinto y por ley,
ve que es caballo del rey,
y quiere ser respetado. 25
REY
Convidando a descansar
está este apacible sitio;
no es tan ameno el lugar
donde un tiempo a Apolo Fitio
le consagraron altar. 30
GIL
Siéntate un poco, señor,
en la margen cristalina
deste arroyuelo.
REY
Si amor
natural alma le inclina,
sentarme yo fuera error. 35
Si sus eternos raudales
corren con presteza iguales,
murmuradores y esquivos,
por las piedras fugitivos,
despedazando cristales 40
hasta llegar a la mar,
que es su dichoso elemento,
¿por qué yo me he de parar,
si en su eterno movimiento
de mí le oigo murmurar? 45
Antes que aprisione el día
entre la espumosa fría
cárcel la noche, he de ver
otro sol amanecer,
don Gil, en doña María. 50
Convóquense mis hermanos,
y con su rigor inciten
a guerra a los castellanos;
que no hay armas que me quiten
de la prisión de sus manos. 55
Ve por los caballos.
FERNANDO
Voy,
pero apenas han comido.
REY
Lo que me detengo estoy
de los cabellos asido;
que Absalón de España soy. 60
GIL
Convidando está a beber,
con su risueño correr
sobre búcaros de arena,
el agua.
FERNANDO
En las hojas suena,
muestra de risa y placer. 65
REY
Sed me ha dado el verla así
brindar y no detenerse;
¿hay bolsa?
FERNANDO
Ignorante fui;
no la truje; mas traerse
puede, señor, agua aquí 70
del castillo.
REY
Dices bien.
Don Gil, ve; di que me den
un jarro de agua, sin dar
a nadie que sospechar.
GIL
¿Y no diré para quién? 75
REY
No, no.
GIL
Ya saben, señor,
quién eres; que los lacayos
lo han publicado.
REY
¡Qué error!
FERNANDO
Si un rey es sol, de sus rayos
luego se ve el resplandor; 80
y como encubrirse el sol,
así en el orbe español,
señor, puedes encubrirte;
porque es forzoso vestirte
los rayos de su arrebol. 85
REY
Pues a cualquiera que esté
en el castillo, dirás
que agua para mí te dé;
y quién vive en él sabrás
con recato.
GIL
Así lo haré.
90

 (Vase.) 

MÚSICOS
Llámente Jerusalén,

 (Cantan dentro.) 

rompe el aire en fieros gritos:
porque es desdichado el reino
si su rey viene a ser niño.
Roboán, Roboán, coge 95
la rienda a tus apetitos;
mira que tus verdes años
no cumplirán treinta y cinco.
¡Ay de ti, rey desdichado,
que en el monte de tus vicios 100
te precipitas! Detente,
no digas que no te aviso.
REY
Mira quién canta.
FERNANDO
Un villano,
sentado al pie de unos mirtos,
está cantando y tejiendo 105
una corona de lirios.
REY
Dale una voz.
FERNANDO
¡Aldeano!
 

(Sale un villano con una corona de mirtos.)

 
VILLANO
¿Decís a mí?
FERNANDO
Sí, a vos digo.
VILLANO
¿Qué es lo que mandáis?
FERNANDO
¿Quién sois?
VILLANO
Jardinero, que cultivo 110
en esta apacible huerta
cuadros con que el tiempo admiro,
pues compongo de arrayanes
y de olorosos tomillos,
en estos curiosos lazos, 115
intricados laberintos,
donde la naturaleza
a Atlante deja vencido,
brotando Dafnes de murta
en aqueste paraíso. 120
REY
¿Quién te enseñó esa canción?
VILLANO
En esta canción repito
las profecías de amor.
REY
¿Quién fue amor?
VILLANO
Un pastorcillo
que profetizó en los montes 125
lo que ahora profetizo.
REY
¿Eres profeta?
VILLANO
Yo, no;
mas Dios las verdades dijo
por boca de sus profetas,
y yo cantando las digo. 130
REY
Ven acá; ¿para quién tejes
esta corona?
VILLANO
He querido
que el rey la lleve en su frente;
que así su fin pronostico.
Símbolo los lirios son 135
de la muerte.
REY
Y dime, ¿has visto
tú al rey?
VILLANO
Ni le quiero ver;
pero a voces le apercibo
que en breves días le espera
el más tremendo juicio. 140

 (Vase.) 

REY
¡Ah, villano! Don Fernando,
matadle.
FERNANDO
En los brazos mismos
le he de hacer dos mil pedazos.
 

(Éntrase tras el villano.)

 
REY
Mancharé en su pecho el limpio
acero deste puñal. 145
 

(Vuelve DON FERNANDO con una mortaja en las manos.)

 
FERNANDO
Como viento se deshizo
y me dejó entre los brazos
un lienzo.
REY
¡Extraño prodigio!
FERNANDO
¡Mortaja es!
REY
Muestra, ¿qué es esto?
¡Cielos, estoy sin sentido! 150
¿A mí mortaja un villano,
cuando reino, cuando vivo?
¿A mí fingidos temores?
¿A mí embelecos fingidos?
¿Piensas, Enrique, que ansí 155
me espanto y atemorizo,
que con dos varas de lienzo
quieres enterrar mis bríos?
Pues si te diere Tesalia
sus diabólicos ministros, 160
sus mágicos Zoroastes,
y sus engaños Egipto,
viera a vuestros conjurados
como los mármores indios.
MÚSICOS
No consienten compañía 165

 (Cantan dentro.) 

el reinar desde el principio,
pues en Caín y en Abel
aqueste ejemplo se ha visto.
FERNANDO
Otra vez por estos olmos
enlazados y tejidos 170
de mil parras, de quien penden
negros y rubios racimos,
que unos corales parecen
y otros parecen jacintos,
sueña, y parece mujer 175
la que canta.
REY
Si a Virgilio
crédito diera, pensara,
Fernando, que los Elíseos
Campos estoy contemplando.
FERNANDO
Señor, aplica el oído; 180
que hacia acá cantando vuelve
por las márgenes del río.
MÚSICOS
Por reinar sin compañía,

 (Cantan.) 

Semíramis mató a Nino,
propagando desta suerte 185
el reino de los asirios.
Rómulo dio muerte a Remo,
que hace el reinar fratricidios.
Mira por ti, rey don Pedro,
no digas que no te aviso. 190
 

(Sale una labradora)

 
REY
¿Quién eres, mujer?
VILLANA
Señor,
por Sierra Morena guío
un ejército de ovejas,
cuyos blancos vellocinos,
considerados de lejos, 195
ensortijados y limpios,
copos de peinada nieve
parecen entre los riscos.
REY
Ven acá, y eso que cantas,
¿por quién lo dices?
VILLANA
Lo digo
200
por ver este triste reino
así en bandos dividido,
y vendrá a ser asolado;
palabras que Dios ha escrito
con sus dedos sempiternos 205
en sus inefables libros.
Reinar quieren dos hermanos.
Y reinará el más bienquisto,
porque son investigables
de Dios los altos juicios. 210
REY
¿Reinará Enrique o don Pedro?
VILLANA
Dios lo sabe.

 (Vase huyendo.) 

REY
Aguarda, dilo.
Tenla, Fernando.
FERNANDO
También
la tragó la tierra.
REY
Ovidio
dejó sus transformaciones 215
en este encantado sitio.
¿Qué dejó?
FERNANDO
Un puñal sangriento.
REY
Fernando, éstos son avisos
del cielo, que en el puñal
y en la mortaja me han dicho 220
que dé muerte a mis hermanos.
¡Santo y milagroso arbitrio!
Publicaré a sangre y fuego
guerra a mis hermanos, dignos
por su ambición, de la muerte, 225
de quien haré sacrificio.
 

(Sale DON GIL.)

 
GIL
Por el agua que pediste,
llegué, señor, al castillo;
pero Mencía de Acuña,
en cuyo rostro divino 230
cifrada la omnipotencia
de la mano de Dios miro,
mujer del comendador
de Alanís, cuyo apellido,
Gutierre Alfonso Solís, 235
es, señor, que al fronterizo
Moro de Tarifa pone
espanto y miedo, me dijo
que ella quería servirte
la copa, y tomando un vidrio 240
de agua, lo puso en sus manos,
quedando el viril corrido,
si las manos del cristal
eran un pedazo mismo;
y juntando las doncellas 245
y criados que ha podido,
con porcelanas y cajas
y con bocados distintos,
con que brinda en los palacios
la lisonja al apetito, 250
el agua viene a traerte;
y el presente regocijo
dice que llega.
REY
Esta selva,
de encantamentos ha sido.
Quiera Dios que con bien salga, 255
Fernando, en tantos peligros.
 

(Sale DOÑA MENCÍA, con un vidrio de agua, TISBEA y acompañamiento de criados y cajas de conserva.)

 
MENCÍA
Reciba de una mujer
la voluntad vuestra alteza,
y ella supla la grandeza
que aquí quisiera ofrecer; 260
el agua vengo a traer,
de respeto helada y fría,
y no traigo, aunque podía,
el monstruoso desatino
de Egipto deshecho en vino, 265
que ansí Cleopatra sería.
Un pedazo de cristal,
puro, nativo y cuajado,
traigo, que el agua se ha helado,
temerosa, en trance igual; 270
vuestra grandeza real
la beba, de gusto lleno;
que aquí la salva condeno,
pues en el vidrio riendo,
a voces está diciendo 275
que está libre de veneno.
De los dulces que tenía
en casa, aquesto junté;
que, como de prisa fue,
me atreví a la cortesía; 280
supla la miseria mía
el ánimo liberal,
a vuestra grandeza igual;
que no será maravilla
que lisonjee a Castilla 285
con sus dulces Portugal.
REY
No estéis, mi señora, ansí;
mirad que no beberé.
MENCÍA
Yo estoy bien.
REY
Poneos en pie,
pues pie en el agua perdí. 290
Don Gil, ¿agua no pedí?
GIL
Y agua traigo.
REY
Yo estoy ciego;
si lo es, ¿cómo no sosiego?
mas ¿quién habrá que sosiegue,
si entre dos manos de nieve 295
me dais un vidrio de fuego?
Fuego con agua templado
me traéis, que, aunque encendido,
en vuestras manos asido,
viene así disimulado; 300
pero si parece helado
el fuego que en ella hallé,
si bebo, más sed tendré;
que el licor que el vidrio fragua
es fuego vestido de agua, 305
y ansí fuego beberé.
Los dulces, sin ocasión,
vienen, mi señora, acá;
que donde esa boca está
los dulces, ¿para qué son? 310
Amor vierte colación
en ellos, más liberal;
y no es a Portugal
hacelle, señora, agravios;
que en dulzura vuestros labios 315
afrentan a Portugal.
Mas por habellos traído,
de los dulces probaré
y del agua beberé,
si es agua el fuego encendido. 320
Hércules, señora, he sido,
y si lo soy en la ira,
del agua helada que mira,
el alma su incendio vea;
que es razón que Hércules sea 325
donde vos sois Deyanira.
MENCÍA
Estimo tanta merced,
indigna de mi humildad;
pero los dulces probad
y el agua clara bebed. 330
REY
Plega al cielo que mi sed
tiemple el agua; es extremado
este bocado, y me ha dado
gusto; mas no hará provecho,
que imagino que en el pecho 335
hace efeto de bocado.
Venga el agua; helada está;
mas ¡ay! que aunque helada entró,
del fuego participó
de vuestras manos, que ya 340
el alma abrasado me ha,
y abrasado, no sosiego.
MENCÍA
Pues quiébrese el vidrio luego.

 (Quiébrale.) 

REY
¿Por qué la quebráis ansí?
MENCÍA
Porque agua, señor, le di, 345
y él la ha convertido en fuego.
REY
Malos, agüeros espero
quebrándole.
MENCÍA
Gran señor,
como no es vidrio el honor,
quebralle no es mal agüero; 350
el vidrio le considero
antes de haberle comprado,
de aquesta suerte quebrado;
y el que compralle procura,
sólo en él paga la hechura, 355
y así la hechura he pagado.
Éstos son mis pareceres;
que en dando que sospechar
es gran cordura quebrar
los vidrios y las mujeres, 360
a esos cesáreos poderes
este vidrio se atrevió,
y pues él la ocasión dio,
quebrado mejor está,
y así no sospechará 365
mal dél quien dél sospechó.
Y perdone vuestra alteza,
y deme para volver
licencia: que a una mujer
es mucha tanta largueza. 370
REY
Al compás de la belleza
es la discreción: que en vos
quiso señalarse Dios;
que la mayor valentía
es que en una tiranía 375
puedan conservarse dos.
Justo es el daros lugar;
pero justamente quiero
servir aquí de escudero,
que os tengo de acompañar; 380
y esta noche he de quedar
por huésped en el castillo.
MENCÍA
Humilde a esos pies me humillo;
que aunque no está en Alanís
Gutierre Alfonso Solís, 385
sabré el favor escribillo.
No sé si podréis caber,
porque es cosa conocida
no cortarse a esa medida,
y ansí pequeño ha de ser; 390
quisiera ahora tener
los muros de Babilonia
y la maravilla ausonia;
pero, señor, acetad
una humilde voluntad, 395
una humilde ceremonia.
Voy a mandar prevenir
la cena, de gusto llena;
que con posada y con cena
os quiero, señor, servir; 400
que cuando os queráis partir,
la posada pagaréis
sólo con que perdonéis
las faltas de nuestra venta;
que así quedaré contenta 405
y contento partiréis.
No os daré mansos faisanes
adornados de matices;
mas daréos tiernas perdices,
diezmos de mis gavilanes; 410
y encarcelados en panes,
peces y aves peregrinas,
gazapos destas encinas
y gallinas diferentes;
que en las comidas valientes 415
no pueden faltar gallinas.
REY
Estimo el ofrecimiento;
que de oírosle contar,
la pena del desear
me aflige y me da tormento. 420
MENCÍA
Pues voy a hacer que al momento
se prevenga cama y cena.
REY
En casa abundante y llena
presto se pondrá por obra.
MENCÍA
Donde la voluntad sobra 425
la falta no se condena.
Yo me quiero adelantar;
deme su alteza licencia.
REY
La hermosura y la prudencia
tienen un mismo lugar; 430
pero señal quiero dar
de la posada.
MENCÍA
Yo soy
huésped que de balde doy
la posada en el castillo.
REY
Tomad este cabestrillo. 435
MENCÍA
¡Gran señor!
REY
Corrido estoy;
y quisiera que sus bellas
piedras, del sol semejantes,
como son finos diamantes,
fueran racimos de estrellas; 440
pero ya soberbias ellas,
estrellas se juzgarán
si en vuestras manos están,
aunque es cosa cierta y clara,
con la luz de vuestra cara 445
todas sin luz quedarán.
Y a doncellas y criados
que me han servido también
a cada uno les den,
Don Gil, quinientos ducados. 450
MENCÍA
Con huéspedes tan honrados,
rico el huésped quedará.
CRIADO
El cielo le trujo acá;
¿éste es malo? Es sin segundo;
el mayor rey es del mundo. 455
TISBEA
¿Por qué?
CRIADO
Porque es rey que da.
 

(Vase DOÑA MENCÍA y criados.)

 
REY
¡Ay, don Gil! ¡Ay, don Fernando!
¡Qué bellísima mujer!
Esta noche he de perder
la vida, y estoy temblando. 460
Aquellos dos que cantando
me dieron lienzo y puñal,
otra desventura igual
cantando pronosticaron,
que mis obsequias cantaron; 465
mirad quién pensara tal.
Gozaréla o moriré
en la demanda, don Gil;
que si es rigor de gentil,
amor el tirano fue. 470
FERNANDO
Tu honor, tu reino, tu fe
defiende el comendador
Gutierre Alfonso, señor.
REY
El amor es tan cruel,
que cuando honor me da él, 475
manda quitarle el honor.
Gutierre Alfonso Solís
en Tarifa me perdone;
que el amor me descompone.
FERNANDO
¡Señor!
REY
Cansado venís
480
¿no sabéis que me servís?
¿Que soy río en el correr,
que atrás no puede volver?
GIL
¡Señor!
REY
¡Oh, qué desvarío
hacéis, viendo que soy río, 485
en quererme detener!
 

(Vanse.)

 
 

(Sale DOÑA JUANA.)

 
JUANA
Celos, reloj de cuidados,
que a todas las horas dais
tormentos con que matáis
aunque estéis desconcertados, 490
Gutierre Alfonso Solís
muchos años me sirvió,
y la palabra me dio;
¿cómo no se la pedís?
Envióle a Portugal 495
el rey, para muerte mía,
donde con doña Mencía
de Acuña, en ausencia igual,
dicen que el rey don Dionís
le casó, y faltó a la ley 500
de amor, por dar gusto al rey,
Gutierre Alfonso Solís.
Pero desta sinrazón
Herifele pienso ser;
que estoy celosa, y mujer 505
sin honra y sin opinión.
Levantaré un testimonio
contra mi fama, pues soy
mujer junto al árbol hoy,
y los celos son demonio. 510
 

(Sale DON DIEGO, su hermano.)

 
DIEGO
Ahora recibí de don Fernando
un pliego en que me dice que mañana
en Sevilla entrará.
JUANA
Yo voy trazando
mi venganza.
DIEGO
Importa, doña Juana,
saber tu voluntad, y dime el cuándo. 515
JUANA
Hermano, en ser su esposa soy quien gana;
pero...
DIEGO
¿Qué dudas? Habla.
JUANA
El alma duda.
DIEGO
¿Qué mujer en su gusto estuvo muda?
¿Qué dudas?
JUANA
Es de suerte, que no puedo
de Don Fernando ser esposa.
DIEGO
¿Cómo?
520
Pues pierdes la vergüenza, pierde el miedo.
JUANA
Sabrás...
DIEGO
Venga, si es mal, con pie de plomo.
JUANA
Mal afrenta es.
DIEGO
Tente, habla quedo.
JUANA
Deja, don Diego, tremolando el pomo
desa daga, vengándote en mi pecho, 525
y aun no estarás del todo satisfecho.
DIEGO
¿Qué dices? ¿Estás loca?
JUANA
Estuve loca,
si ahora cuerda soy y arrepentida.
DIEGO
Vuélvele las palabras a la boca;
que puede la menor ser homicida. 530
JUANA
A mí el decirte mis agravios toca,
y a ti el vengarlos, sin que te lo impida
temor humano; que el amor divino
vive en el alma, que del cielo vino.
DIEGO
¿Estás casada? ¿La palabra diste 535
a algún villano inadvertidamente?
¿Engañóte algún noble, en quien pusiste
tu ciega voluntad? ¿Sabe la gente
alguna infamia tuya? ¿En qué consiste
la turbación y suspensión presente? 540
Responde, o ¡vive Dios! que con la daga
en ese pecho vil mil bocas te haga.
JUANA
Hermano...
DIEGO
Aguarda, y cerraré esta puerta,
y aun estoy por quitar estos tapices;
que una afrenta los mármoles despierta. 545
Ya está cerrada, mira lo que dices.
JUANA
Yo confieso, don Diego, que estoy muerta,
cuando de mi traición te escandalices,
y ahora solamente aquí es mi intento
hacer de mis agravios testamento. 550
Don Gutierre Solís fue muchos días,
con mil firmezas, pretendiente mío,
y vencida, señor, de sus porfías
y su gallardo y generoso brío,
soltando rienda a las pasiones mías, 555
ejecuté su amante desvarío
debajo de palabra de marido.
Mira, don Diego, tú, si lo ha cumplido.
DIEGO
¿Gutierre Alfonso de Solís ha hecho
tan grande alevosía?
JUANA
Y se ha casado.
560
DIEGO
¿Tal rayo el cielo fulminó en tu pecho?
JUANA
Júpiter es, y el alma me ha abrasado.
DIEGO
Yo quedaré, traidor, tan satisfecho,
tan loco, tan alegre y tan vengado,
que mi satisfacción eternamente 565
camine por los ojos de la gente.
Mas dime, vil mujer, ¿cómo has podido
en dos años tenerle así encubierto?
JUANA
Quise morir callando tanto olvido.
DIEGO
Y ese tiempo mi honor ha estado muerto. 570
Tú la primer mujer del mundo has sido
que un secreto ha guardado y encubierto;
mas es un animal tan imperfeto,
que cuando importa hablar, guarda secreto.
¡Vive Dios! que Castilla ha de perderse, 575
y de su ingratitud he de vengarme;
mayor fuego que en Troya ha de encenderse.
JUANA
Cuando en defensa de mi agravio se arme,
que vengados mis celos han de verse.
DIEGO
Mi agravio he de seguir hasta vengarme. 580
¡Árdase el mundo!
JUANA
Una mujer con celos
en la tierra es castigo de los cielos.
 

(Vanse.)

 
 

(Sale DOÑA MENCÍA y TISBEA.)

 
TISBEA
Ya están acostados todos.
MENCÍA
Dame las llaves, Tisbea,
que es bien que el castillo vea; 585
que se vela donde hay lobos;
que las noches en que están
los palacios de revuelta,
la desvergüenza anda suelta
si alguna ocasión le dan. 590
Entra, a las doncellas di
que se acuesten sin ruido,
porque está el rey recogido;
y deja esa luz aquí.
TISBEA
¿No te quieres desnudar? 595
MENCÍA
¿Esto tienes de decir,
si hay noches para dormir
y hay noches para velar?
Bien pareciera durmiendo,
cuando tal grandeza está 600
en casa. ¿Qué hora será?
TISBEA
Ya es media noche.
MENCÍA
Leyendo
aguardaré al sol despierta.
TISBEA
Roma tal mujer no vio;
¿cerraré la puerta?
MENCÍA
No,
605
que el valor no está en la puerta.
Esta noche importa, honor,
pues el enemigo se arma,
estar siempre a punto de arma,
para salir vencedor. 610
En el castillo cerrados
nos tiene el rey, que sus ojos
me han contado sus enojos;
hagamos de los soldados
reseña, y póngase en orden 615
la batalla, no haya falta;
porque si el contrario asalta,
no nos venza por desorden.
Mis honrados pensamientos
se pongan en la manguardia, 620
y formen la retaguardia
mis sentidos, siempre atentos.
El cuerpo de la batalla,
vos, honor, tomad, que ansí
seguro estaréis allí, 625
sin poder desbaratalla.
Yo acá fuera pienso estar;
que quiero con honra y vida
ser centinela perdida,
que ansí me pienso ganar. 630
Honor, ¿qué nombre me dais,
vos, que el escuadrón regís?
«Gutierre Alfonso Solís»;
mirad cómo le guardáis.
Yo os prometo, santo honor, 635
que nadie al campo entrará,
si este nombre no me da.
Parece que oigo rumor
del enemigo; fingir
quiero que duermo, y saber 640
si es su intento acometer;
que así le he de resistir.

 (Hace que duerme.) 

 

(Sale el REY.)

 
REY
Un criado me guió
hasta el cuarto de Mencía;
que a dádivas y porfía 645
pocos han dicho de no.
Mas ¡ay de mí! que no está
acostada, que vestida
se ha quedado, y sostenida
la cara en la mano está, 650
y bañados de arrebol
los ojos, con los que ofrecen,
los dedos rayos parecen,
y las mejillas el sol.
Pero cuando me desvela, 655
y en sus rayos indio he sido,
vengo a hallar el sol dormido
a los rayos de una vela.
¡Válgame Dios! ¿Quién pensara
que el sol del cielo durmiera, 660
y que así se escureciera,
que una vela le alumbrara?
¿Qué haré para despertalla?
Fingir que se me ha caído
la espada, y haré ruido 665
pues todo me escucha y calla.
MENCÍA
¡Ay de mí! ¿Quién está aquí?
REY
Gente de paz.
MENCÍA
Arma, cierra;
que aquesta es hora de guerra,
no de paz.
REY
No hay guerra aquí;
670
de paz vengo.
MENCÍA
Si venís
de paz, dadme nombre.
REY
El rey.
MENCÍA
Aquí no arrima su ley;
y si el nombre no decís,
es imposible pasar, 675
aunque el rigor os asombre;
teneos, si no dais el nombre.
REY
¿Qué nombre os tengo de dar?
MENCÍA
El que me ha dado el honor
que rige esta fortaleza. 680
REY
¿Mencía?
MENCÍA
Si vuestra alteza
de su natural rigor
quiere usar aquí conmigo,
considere que he hospedado
un rey, de quien me he fiado, 685
y no un tirano enemigo.
¿Quién es el que vive?
REY
Yo;
este nombre te daré.
MENCÍA
El nombre entrará en mi fe,
pero vuestra alteza no. 690
REY
Doña Mencía de Acuña,
en hora negra yo os vi,
tocando con mis monteros
el castillo de Alanís.
Para más tormento mío 695
un jarro de agua pedí,
y abrasásteme con él;
mira quién podrá vivir.
Franqueásteme el castillo,
no sé, señora, a qué fin; 700
mas fue para cautivarme,
pues la libertad perdí.
Si yo pudiera contigo
sola una noche dormir,
aunque le pesara al reino, 705
te hiciera favores mil.
Fueras la más linda amiga
todas vivieran por ti,
y alegres mis gentes todas
te vinieran a servir. 710
Allá en Castilla la Vieja
te daré a Villacastín.
En la nueva, a Manzanares,
Guadalajara y Madrid.
Si no quieres ser mi amiga 715
por tu presencia gentil,
yo me casaré contigo
para merecerte así.
Haré que muera en la guerra
Gutierre Alfonso Solís. 720
Daré muerte a la Padilla
y a la Blanca de París.
Pero si aquesto no haces,
afrentada has de vivir;
que soy don Pedro el Cruel, 725
y todos tiemblan de mí.
MENCÍA
Confusa me habéis dejado,
si vos, señor, no lo estáis,
de ver que con luz vengáis,
y vengáis tan deslumbrado. 730
El camino habéis torcido;
mirad, rey piadoso y fiel,
que vuestro cuarto es aquél,
y aquéste el de mi marido.
Gutierre Alfonso Solís 735
duerme en éste, en aquél vos,
porque no cabéis los dos
en el cuarto que pedís;
que es tan pequeño el castillo,
que el cuarto que me ha quedado, 740
no es cuarto para sellado,
que es sólo cuarto sencillo.
Si el castillo y león son
blasones que el cuarto acuña,
doña Mencía de Acuña 745
tiene castillo y león.
Castillo en su fortaleza
y león en su valor,
porque en monedas de honor
compite con vuestra alteza; 750
y aunque no es moneda igual
de la vuestra, en el castillo
más quiero un cuarto sencillo,
señor, que vuestro real.
REY
¿De qué sirve resistencia, 755
pues mi condición conoces?
MENCÍA
Daré voces.
REY
Si das voces,
mostraré mayor violencia.
Vive Dios, que hoy he de ser
contigo nuevo Tarquino. 760
MENCÍA
Yo sabré a tal desatino
freno y remedio poner.
REY
¿Cómo?
MENCÍA
Imitando a Lucrecia.
Mas antes me mataré
yo a mí, y también seré 765
más honrada y menos necia.
REY
Ya entre mis brazos estás.
MENCÍA
¿Mi honor a robar te pones?
¡Gente, criados! ¡Ladrones!
 

(Salen los criados, TISBEA, DON GIL y DON FERNANDO.)

 
CRIADO 1º
Señora, ¿qué voces das? 770
REY
Vive Dios, que has de pagarme
este desprecio, enemiga.
GIL
¿Qué es esto?
REY
 (Aparte.) No sé qué diga
aquí para disculparme.
MENCÍA
Durmiendo estaba, y llegó 775
con valor y bravo aliento
un ladrón a mi aposento;
di una voz y el rey la oyó.
Acudió de aquesta suerte,
desnudo, a darme favor; 780
que estimo en mucho mi honor
y voy temiendo la muerte.
Ya su intento está deshecho,
y pues vuestro el favor fue,
yo a Gutierre escribiré 785
la merced que le habéis hecho.
REY
Soñaba doña Mencía
que en su cuarto había ladrones,
y a las voces y razones
que con los aires movía 790
me levanté alborotado,
y aunque llegué a la ocasión,
era soñado el ladrón.
MENCÍA
Más vale haberse soñado.
REY
¿Hola? De vestir me den 795
y en dándome de vestir,
pues el sol quiere salir,
me den caballos también;
que hoy he de entrar en Sevilla
antes que llegue a la mar; 800
y vos, volved a soñar.
MENCÍA
Que sueñe no es maravilla
quien duerme con mi cuidado.
REY
Yo sé que me soñaréis
antes de mucho.
MENCÍA
Nacéis
805
señor, para ser soñado.
Quedaos con Dios.

 (Vase.) 

REY
Voy corrido
del valor desta mujer.
GIL
¿No la pudiste vencer?
REY
Antes, don Gil, me ha vencido; 810
mas no me logre en Castilla
si no me vengare della.
FERNANDO
¡Bella mujer!
GIL
Noble y bella.
REY
Hoy he de entrar en Sevilla
 

(Vanse.)

 
 

(Sale DOÑA MENCÍA y TISBEA.)

 
TISBEA
Ahora puedes, señora, 815
acostarte y descansar.
MENCÍA
Dichosa puede llamar
el mundo a una labradora,
que, retirada en su aldea,
como la fruta entre pajas, 820
hace a las demás ventajas,
y no adula y lisonjea;
y desdichada a la dama
que en la confusión metida
de la corte, honor y vida 825
aventura con su fama.
Mas ¿qué ruido es aquél?
TISBEA
Señora, los labradores,
que con guirnaldas y flores
se despiden del rey, y él 830
con tanta prisa ha partido
que no los quiso escuchar;
y no dejando el cantar,
a tu presencia han querido
todos, señora, venir. 835
Si los oyes, tendrás gusto.
 

(Entran los labradores y músicos, cantando.)

 
MÚSICOS
Que si lindo es el poleo,
más lindo era el rey don Pedro;
que si lindo era el perejil
el rey era más gentil. 840
 

(Sale un CRIADO.)

 
CRIADO
Dame albricias.
MENCÍA
Yo las debo;
mas, ¿de qué son?
CRIADO
Mi señor,
de Tarifa vencedor,
vuelve a Sevilla de nuevo.
MENCÍA
...... -ando
cuándo llegará a Alanís 845
Gutierre Alfonso Solís?
CRIADO
Mañana entrará triunfando
en Sevilla, y otro día
por la posta estará aquí.
MENCÍA
Buenas nuevas recebí. 850
CRIADO
Buenas albricias querría.
MENCÍA
Yo te mando cien escudos.
CRIADO
Beso tus pies.
MENCÍA
¿Viene bueno?
CRIADO
Bueno, de despojos lleno.
MENCÍA
Vosotros; ¿cómo estáis mudos 855
celebrando mi alegría?
TISBEA
Ea, pastores, cantad.
MENCÍA
Muévate mi soledad;
claro sol, acorta el día.
 

(Vanse.)

 
 

(Sale el REY, DON FERNANDO y DON GIL.)

 
REY
Todos triunfan de mí, pues cuando vengo 860
huyendo de mujer, y con vitoria
salió de mi combate, le prevengo
en Sevilla al marido triunfo y gloria.
Ansí sus sinrazones entretengo,
pues el tiempo le trae a la memoria; 865
que ahora que triunfando entra el marido,
siento que la mujer me haya vencido.
GIL
Alborotada está, señor, Sevilla,
con su entrada.
REY
Si fue tan de repente,
que se alborote así no es maravilla. 870
FERNANDO
El cabildo te ofrece un gran presente
con su gran voluntad.
REY
A mi Padilla
se le llevad, que ahora en San Clemente
el Real esperando está a ser reina
de cuanto sobre el Tajo el Ebro peina. 875
 

(Sale DON DIEGO, vestido de luto.)

 
DIEGO
Deme los pies reales vuestra alteza.
REY
Pues, don Diego Tenorio, bienvenido;
¿cómo a mis pies venís con tal tristeza?
De tanto luto, ¿quién la causa ha sido?
DIEGO
Hase muerto, señor...
REY
¿Quién?
DIEGO
Mi nobleza,
880
y hacelle las obsequias he querido.
REY
¿Quién os pudo afrentar, siendo tan noble?
DIEGO
Vence el viento a la palma como al roble;
¿quién puede, gran señor, tener seguro
desta vida el honor, cuando aun apenas 885
guardalle pudo el babilonio muro,
de quien tantas historias están llenas?
Si es como el sol resplandeciente y puro,
bañado de claveles y azucenas,
¿quién entre tempestades del invierno 890
podrá tener su resplandor eterno?
Maldito sea aquel que llamó infamia
agravio de mujer, ni le dio nombre
de honor a su virtud, aunque Laudamia
el plebeyo motín de Roma asombre; 895
si por ti fue mujer, mujer fue Lamia.
Sólo agravio es aquel que se hace al hombre;
que el que hace la mujer sin que él lo vea,
no es justo ni razón que agravio sea.
REY
Reportáos y decidme vuestro agravio. 900
DIEGO
Debajo de palabra de marido,
que amor en los principios es dios sabio,
y a los fines, señor, mal entendido...
Aquí la helada voz pegada al labio
se quisiera quedar, mas ya ha salido 905
desde el pecho a la boca; salga fuera,
que es veneno, y matarme al fin pudiera.
Al fin fió su honor de su palabra,
y afrentado dejóla, y se ha casado;
que así el honor en viles pechos labra. 910
REY
¿Quién es esa mujer que os ha afrentado?
DIEGO
Vierta rayos el sol, la tierra se abra;
mi hermana es la mujer, y es el culpado
don Gutierre Solís.
REY
¿Quién dices?
DIEGO
Digo
que es, señor, don Gutierre mi enemigo. 915
Casóse en Portugal con una dama
de la casa real, quedando muerta
de doña Juana la opinión y fama.
REY

 (Aparte.) 

(El cielo mi venganza me concierta)
Yo vengaré tu agravio.
DIEGO
Bien te llama
920
Castilla el Justiciero, cosa es cierta.
REY
Vete, y convierte el luto en alegría
pues que corre tu honor por cuenta mía.

 (Vase DON DIEGO.) 

Bravamente, don Gil, me trujo el cielo
desta ingrata a las manos la venganza. 925
GIL
Ya viene el de Alanís hundiendo el suelo.
REY
Marchitará mi fuego su esperanza.
GIL
De tu rigor a su lealtad apelo.
REY
En vano es apelar, todo lo alcanza
de su mujer el bárbaro desprecio. 930
GIL
Gallardo viene.
REY
Confiado y necio.
 

(Sale DON GUTIERRE ALFONSO y soldados.)

 
GUTIERRE
Mil años, rey y señor,
el imperio de Castilla
gocéis, dilatando a España
africanas monarquías. 935
Tiemble a esa voz el alarbe;
mas no será maravilla,
porque ese nombre de Pedro
mil bienes me pronostica.
Llegué con dos mil infantes 940
al socorro de Tarifa,
por orden de mi maestre,
que ya de vos le tenía.
Recibióme al ronco son
de sus habenas moriscas 945
el rey Almoab, soberbio,
que Dios la soberbia humilla.
Parecía el escuadrón
con las colores distintas,
pedazos de primavera 950
por el invierno rompidas.
Presentéle la batalla,
señor, al romper del día,
quitéle treinta banderas,
quitéle dos buenas villas, 955
cautivéle diez alcaides
que sus escuadras regían,
mancebos gallardos, fuertes;
y ansí, a pesar de la envidia,
cubran vuestros campos verdes 960
tantas escuadras moriscas,
que espesas mieses parezcan,
y sus penachos espigas.
Embaracen vuestras plazas
las más gallardas cautivas, 965
de tela rica cubiertas,
bordadas de pedrerías.
Desempiedren vuestras calles
en sus remendadas pías,
cuyos espumosos ojos 970
muevan sus vegas floridas.
Sus gallardos estandartes,
que con matices a cifras
visten de galas el aire,
y al cielo ponen envidias, 975
postrados a vuestros pies,
y sus dueños de rodillas,
en vuestras doradas salas
os sirvan para alcatifas.
No pase el tiempo por vos, 980
y las fuerzas fronterizas
os rindan parias que cobre,
y yo, porque humilde os sirva...

 (Vase el REY y todos los demás.) 

¿Las espaldas me volvéis
cuando os hablo de rodillas? 985
Si me las volvió el rey moro,
es que miedo me tenía;
pero ¿vos, señor, que dais
espanto con vuestra vista,
las volvéis? Pero el huir 990
no será en vos cobardía;
desdicha mía será;
que cuando los reyes miran
los vasallos con la espalda,
sin duda dellos se olvidan. 995
¿Cómo, señor, desta suerte
se premian hazañas mías,
cuando de Almoab soberbio
dejo las fuerzas rendidas?
Vive Dios, mármoles blancos 1000
que en aquesas bellas pilas
murmurando estáis mi agravio,
vertiendo perlas de risas,
que en vosotros he de hacer
que esté mi memoria escrita; 1005
que he de hacer que el rey me oiga
por razón o por justicia.
 

(Sale GARCÍA, lacayo.)

 
GARCÍA
Por recebir parabienes,
aunque más me he dado prisa,
al alcázar llego tarde. 1010
Corta es la ventura mía;
que de las muchas mercedes
que el rey a mi amo hacía,
alguna me diera a mí,
o de diezmo o de primicias. 1015
GUTIERRE
¡Jesús!, ¿quién pensara tal?
Las espaldas imagina
que en mí seguras la tiene,
y en otro no las ternía.
GARCÍA
Don Gutierre, mi señor, 1020
paseándose suspira,
y con ademanes fieros
se espanta y atemoriza.
Quiero saber lo que tiene.
Señor...
GUTIERRE
Déjame.
GARCÍA
Podrías
1025
mandármelo sin efeto.
GUTIERRE
¡Vive Dios!
GARCÍA
¡Ay mis costillas!
GUTIERRE
¿Quién está aquí?
GARCÍA
Yo, señor.
¿No conoces a García?
GUTIERRE
¿Tú vives cuando yo muero? 1030
GARCÍA
¡Ay de mí! Detente, mira
que en buen estado no muero;
porque ha, señor, cuatro días
que di en ser poeta.
GUTIERRE
¿A mí
las espaldas?
GARCÍA
¡Ay mis tripas!
1035
 

(Sale DON DIEGO.)

 
DIEGO
El rey me ha dado esta carta
para vos; no habéis de abrilla
hasta estar en Alanís.
GUTIERRE
Si mi muerte pronostica
esta carta, quiero hacer 1040
de mi muerte la vigilia.
DIEGO
Vamos; porque el rey me manda
que os acompañe y os sirva
con seiscientos ballesteros.
GUTIERRE
Yo soy el blanco a quien tiran. 1045
Vamos; que no puede haber
pena alguna ni desdicha
en Alanís, como muera
a los ojos de Mencía.

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