Descripción de Carthago Nova (Cartagena) por Polibio
Juan Manuel Abascal Palazón
Cuentan Diodoro y Polibio que Hasdrúbal fundó una ciudad en la costa y la bautizó con el mismo nombre que la patria púnica del Norte de África. La nueva ciudad, cuya fundación puede datarse en torno a los años 229/228 a. C., ocupó un lugar privilegiado desde el punto de vista topográfico que permitía controlar la periferia y disponer de un buen puerto para las comunicaciones con el Norte de África. Carthago Nova se convertiría en el centro político del dominio púnico en la Península Ibérica.
Tras convertirse en objetivo de las tropas romanas durante la Segunda Guerra Púnica, Carthago Nova fue asediada por Publio Cornelio Escipión y por sus legados Caio Laelio y Lucio Marcio en la primavera del año 209 a. C.; la ciudad caería en manos romanas en el invierno del 209/208 a. C. y de sus vicisitudes como afirma Livio. Nuestra mejor documentación al respecto es la de Polibio, que no sólo narró los pormenores del asedio, sino que nos dejó una detallada descripción topográfica de la ciudad.
Los nombres que Polibio da a los cuatro cerros que rodeaban la ciudad responden a la ubicación en cada uno de ellos de antiguos espacios religiosos vinculados al pasado púnico de la ciudad, que habrían adoptado un nombre griego como resultado de una interpretatio graeca del panteón original. Si seguimos a Koch, el monte Asklepios de Polibio (Castillo de la Concepción) pudo ser probablemente el emplazamiento de un antiguo centro de culto a Eshmun; el Hephaistos (actual Despeñaperros) pudo albergar quizá un culto a Ptah o a Bes y el monte Kronos (Monte Sacro) parece indicar la presencia de un santuario para Ba'al Hammon. Incluso es probable que en la ciudad hubiera un culto a una divinidad griega equivalente a una de las divinidades del panteón púnico que habría sido conocida por el epíteto Aletes, cuyo santuario estaría ubicado, si seguimos a Polibio, en el actual Cerro de San José, y que Koch vincula al ager de la ciudad y a su riqueza minera.
«Está situada hacia el punto medio del litoral español, en un golfo orientado hacia el Sudoeste. La profundidad del golfo es de unos veinte estadios y la distancia entre ambos extremos es de diez; el golfo, pues, es muy semejante a un puerto. En la boca del golfo hay una isla que estrecha enormemente el paso de penetración hacia dentro, por sus dos flancos. [...] En el fondo del golfo hay un tómbolo, encima del cual está la ciudad, rodeada de mar por el Este y por el Sur, aislada por el lago al Oeste y en parte por el Norte, de modo que el brazo de tierra que alcanza al otro lado del mar, que es el que enlaza la ciudad con la tierra firme, no alcanza una anchura mayor que dos estadios. El casco de la ciudad es cóncavo; en su parte meridional presenta un acceso más plano desde el mar. Unas colinas ocupan el terreno restante, dos de ellas muy montuosas y escarpadas, y tres no tan elevadas, pero abruptas y difíciles de escalar. La colina más alta está al Este de la ciudad y se precipita en el mar; en su cima se levanta un templo a Asclepio. Hay otra colina frente a ésta, de disposición similar, en la cual se edificaron magníficos palacios reales, construidos, según se dice, por Asdrúbal, quien aspiraba a un poder monárquico. Las otras elevaciones del terreno, simplemente unos altozanos, rodean la parte septentrional de la ciudad. De estos tres, el orientado hacia el Este se llama el de Hefesto, el que viene a continuación, el de Altes, personaje que, al parecer, obtuvo honores divinos por haber descubierto unas minas de plata; el tercero de los altozanos lleva el nombre de Cronos. Se ha abierto un cauce artificial entre el estanque y las aguas más próximas, para facilitar el trabajo a los que se ocupan en cosas de la mar. Por encima de este canal que corta el brazo de tierra que separa el lago y el mar se ha tendido un puente para que carros y acémilas puedan pasar por aquí, desde el interior del país, los suministros necesarios».
(Polibio, Historias, 10, 10. Edición de Manuel Balasch, Madrid, Gredos, 1981, pp. 361-363.)