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En su Prohemio a la edición princeps de la Propalladia (Nápoles, Pasqueto de Sallo, 1517), el pacense divide su obra en dos taxonomías importantes: «comedia a noticia» y «comedia a fantasía». Las comedias «a noticia» son verosímiles, se acercan a la historia y describen cosas vistas y oídas («notas») en realidad. De este modo, podemos entender que Torres vio y vivió el contexto de las comedias Soldadesca y Tinellaria. Si el modelo de las comedias «a noticia» se fundamente en la experientia, la comedia «a fantasía» depende de la auctoritas, es decir, del desarrollo de modelos anteriores que sean verosímiles o cómo diría el pacese «de cosa fantástiga o fingida que tenga color de verdad aunque no lo sea, como son, Serafina, Ymenea, etc.»
. Recordemos, una vez más, los Prenotamenta, donde, a raíz de una discusión sobre la adecuación del contenido se observa que, para ésta: «es necesario que todo lo que se dice sea verosímil, factible, esté adaptado a los personajes y sea congruente con el género del poema»
(cap. XXI). Estas son ideas, por otro lado, altamente convencionales.
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Sobre la Aquilana hay bastantes estudios. Oleza analiza la obra a partir de su contextualización cortesana (1997, 153-177); Malinak a partir de la creatividad de su trama (1991, 140-148); Laitenberger disecciona los elementos que tiene de parodia del amor cortés al estilo de Celestina (1990, 321-345); Lihani estudia las instancias de enfrentamiento social presente en la obra (1984); Pérez Priego la sitúa junto a la Himenea, la Seraphina, la Jacinta, la Tragicomedia de Amadís de Gaula y la Tragicomedia de Don Duardos de Gil Vicente con respecto al sustrato caballeresco que todas comparten (2006, 17-29). La obra fue editada en las dos antologías de López Morales.
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En ocasiones incluso con la posibilidad de utilización escénica del río Tajo (hay otros testimonios de teatro de jardín y teatro en las riberas de ríos).
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Citamos de la magnífica traducción de José Manuel Ruiz Vila que sirve de apéndice a mi edición crítica del teatro completo del pacense. Las citas de las obras de Torres pertenecen a esta misma edición, en prensa en el momento de enviar el presente artículo.
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Tomamos el término del magnífico estudio de Rogelio Miñana sobre a la interrelación entre los márgenes en prosa de la obra y el texto dramático en La gloria de Niquea y establece una relación dialéctica entre el centro y los márgenes por medio de la distinción kantiana de ergon y parergon (76-77).
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Los pastores Dandario y Galterio tienen una divertida discusión sobre los distintos tipos de flores del jardín (azucena, jazmines, rosales, ciruelas) y de la huerta (berenjena, garbanzos, haval, coles, cebollas, higueras, prieta, vacallar, tocada, breveras, verdega, alvar para acabar con un refrán obsceno: «reguemos nuestros gaznates, / cáguese'l Rey en su huerta»
.
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Para un análisis completo de la escena, vid. Gillet IV.264-275.
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La cita va como sigue: «¡Qué buena vista de prados, / qué yervas tan excelentes, / qué hermosura de fuentes, / qué belleza de ganados, / qué montañas, qué collados, / qué pastura, qué labranza, / qué barbechos, qué sembrados, / qué jardines, qué holganza! / ¡Cuán complida buenandanza / por aquí tenemos nos! / ¡Cuán obligada es a Dios / la que tanto bien alcanza!»
(vv. 985-996).
9
En esto se insiste a lo largo de la obra: «¿Sabríasme tú decir / quien vive sin alegría / si puede mucho vivir?»
(vv. 1319-1321); «con el pesar y su tema / la más preciosa vianda / se me convierte en postema»
(vv. 1334-1336); «se me hace tan fuerte / cualquier linaje de vida, / que si viniese la muerte / sería la bienvenida»
(vv. 1338-1341).
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La descripción de Aquilano de su passio, no deja dudas sobre la afiliación de su mal al amor hereos. «Es mi mal / una herida mortal / que yo mesmo me la di, / y una ponzoña real / que por los ojos bebí»
(vv. 1732-1736); «un morir que Dios me ordena»
(v. 1740); «y una gana / de tomar muerte temprana»
(vv. 1777-1778), entre muchas otras.