71
Luis de Cámara Caseudo, Diccionario de folclore brasileiro. Río de Janeiro, 1954, s. v. El auto es pernambucano y entre la gente popular se le llama arreliquim.
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Para otra terminología de la que ahora me ocupa, véase -con sus gráficas descripciones- la obra de Cecilio García de la Leña, Conversaciones malagueñas. Málaga, 1789. pp. 232 (marrajo), 253 (quelves), 253 (quelvacho), 255 (salvaja o salvaje), 265 (tintorera), 265 (tollo), 268 (tiburón).
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La aspirada se conserva por más tiempo en Normandía, lo que tampoco sería opuesto a la suerte de la h- canaria (cf. W. Meyer-Lübke, Historische Grammatik der Frazösischen Sprache, Heidelberg, 1934, p. 155, § 203).
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Arlot(e), alrote se documenta en Berceo (Santo Domingo, 648 c), Alexandre 2371 d), Juan Ruiz (Buen Amor, 439 d, 1478 b) y existe en hablas vivas (bilbaíno, alavés, montañés), según testimonios de Arriaga, Baráibar y García Lomas.
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Edic. Biblioteca Autores Españoles, XLIV, p. 211 a.
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En las Antillas se llama alecrín (vid. E. Pichardo, Diccionario de voces cubanas, 1875, s. v., testimonio que viene repitiéndose: Dihigo, Malaret, Morínigo, Rodríguez Herrera, Santamaría, Suárez).
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Doy las gracias al Profesor Zamora que -con toda gentileza- me ayudó a consultar los ficheros de la Real Academia Española.