61
El nombre oficial que se propone está rehecho: arlequín (vid. Lozano, Nomenclatura ictiológica, n.º 13).
62
Tomo I (2.ª edic.). Palma de Mallorca, 1968, p. 465 b.
63
Albuquerque, op. cit., p. 641.
64
Lexicón
de fauna y flora. Bogotá, 1961, p. 32. Sin embargo, en
el Diccionario de cubanismos de Pichardo se documenta
alecrín como «el mayor y
más formidable de los carniceros de nuestras
costas»
(se describe como pez de la familia
Galeorhinid).
65
Raynaud, p. 55.
66
Vid. Leo Spitzer («Studies in Philology», XLI, 1944). Cf. también Rühlemann, op. cit., pp. 68-70.
67
Cf. Raynaud, p. 57, y Rühlemann, p. 46. Para el español, los testimonios aducidos en el Diccionario histórico de la Academia, s. v.
68
Todos en el Dicc. Universal, de N. Serrano.
69
Francisco J. Santamaría, Diccionario general de americanismos. Méjico, 1942, s. v. La acepción consta en el Diccionario académico, por lo que no extraña que volvamos a encontrarla en Díhigo y Morínigo.
70
En Albuquerque, llaman arlequín a un «pedazo de madera de encina con ganchos, de donde se cuelgan las reses para desollarlas» (Santos Coco, «Rev. Centro Est. Extremeños», XIV, 1940, p. 157).