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1

Daniel Moyano, Tres golpes de timbal, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1990. Señalada en el cuerpo de este trabajo D. M., T. g. t.

 

2

D. Moyano nació en Buenos Aires en 1930, pasó su infancia en Córdoba y luego se radicó en La Rioja. En 1976, fue encarcelado por el régimen militar y cuando fue liberado partió al exilio. A partir de entonces residió en España, hasta su muerte en 1991.

 

3

El narrador, hacia el final del texto, afirma: «En ese caso... hice dos viajes a Lumbreras, uno en el tiempo y otro en las palabras. Y mi memoria sólo recuerda el último» (D. M., T. g. t., O. C., 288).

 

4

Al respecto, el Director de orquesta Daniel Barenboim, afirma: «La música... a diferencia del idioma de las palabras, no está limitada en sus asociaciones... nos enseña que no existe nada que no contenga su paralelo o su contrario, en consecuencia, ningún elemento es totalmente independiente...» en «La música es preludio de paz en Oriente Medio», Diario Clarín, Buenos Aires, 20 de agosto de 2006, p. 35. El subrayado es mío.

 

5

El término «timbal», derivado de «atabal», -tambor-, en cruce con «tímpano», según J. Corominas y J. A. Pascual, Diccionario crítico-etimológico castellano e hispánico, Madrid, Editorial Gredos, 1991, 3.ª reimp.

 

6

La expresión corresponde a G. Agamben, Profanaciones, Buenos Aires, Adriana Hidalgo editora, 2005, p. 50.

 

7

Cf. M. Cacciari, El dios que baila, Buenos Aires, Editorial Paidós, 2000, p. 25 y ss.

 

8

Cf. J. Derrida y E. Roudinesco, Y mañana qué..., Buenos Aires, FCE, 2003, p. 142.

 

9

Cf. E. Grüner, El sitio de la mirada, Buenos Aires, Grupo Editorial Norma, p. 59 y ss.

 

10

La expresión corresponde a G. Deleuze y F. Guattari, «Devenir intenso, devenir animal, devenir imperceptible», en Mil mesetas, Valencia, Editorial Pre-textos, 1988, p. 300 y ss.