Cátedras de novela
Ricardo Gullón
En varias Universidades y Colegios superiores de los Estados Unidos funcionan cátedras de literatura práctica, en donde los futuros escritores se adiestran en el ejercicio de los géneros literarios que desean cultivar. Como en España periodismo, en los Estados Unidos se aprende criticismo y novelística, y tal vez, algún día no lejano, incluso se aprenderá a componer poesía.
¿Discutiremos las ventajas del sistema? ¡De ningún modo! Sigamos el ejemplo de nuestro Don Quijote cuando dando por buena la recompuesta celada se abstuvo de someterla a segundas pruebas que pudieran desfacerla de nuevo. Y aun mejoraremos la confianza de Quijano el Bueno, pues no asestaremos al artefacto ni siquiera la primera estocada.
Esperamos con avidez (que así se dice) los frutos que no tardando saldrán de esas novísimas cátedras. Hasta ahora el novelista se hacía viviendo (como el poeta y estamos por decir que incluso el crítico), pero en lo sucesivo quizá pueda aprender la vida al aprender las técnicas de la ficción. No es de prever una proliferación excesiva de los géneros narrativos, pues los editores se muestran injustamente escépticos respecto a los méritos de estos novelistas pasados por aula. Injustamente, pues ¿acaso la mayoría de las novelas que publican no están confeccionadas conforme a modelos más o menos acreditados?
Los alumnos aventajados cubrirán las bajas que se produzcan en el escalafón, y quién sabe si antes de mucho se hable de los novelistas, como de los agrónomos, no según su talento, sino según el número obtenido al salir de la escuela. (Algunos recalcitrantes seguirán pensando que el arte no es asunto de receta, pero se trata de cerebros anquilosados, incapaces de situarse a la altura de los tiempos, y se puede prescindir de ellos sin que el mundo se resienta).