1
Silva, Clara. Genio y figura de Delmira Agustini. Buenos Aires, E. U. D. E. B. A., 1968.
2
Zum Felde, Alberto. Proceso intelectual del Uruguay y crítica de su literatura. Montevideo, Imprenta Nacional Colorada, 1930. Cabe agregar que A. Z. P. no niega la intensa carnalidad del erotismo de la poesía de D. A. y manifiesta que no puede asimilarse a estados místicos. Pero afirma que la trascendentalización de lo carnal es lo sustantivo de esa poesía.
3
Las piezas que se incluyen en este volumen son custodiadas en el Departamento de Investigaciones de la Biblioteca Nacional. Fueron donadas por o adquiridas a Magdalena Badin de Agustini, Alina Reyes, Antonio M. Trabal y Hugo D. Barbagelata. Los originales de las dos cartas de D. A. a R. D. actúan en el «Archivo Rubén Darío» de Madrid. Todos los originales, tanto los de D. A. como los de los otros corresponsales son manuscritos, y en muchos casos, especialmente las cartas de D. A. a E. J. R., han presentado graves dificultades de interpretación.
4
Benvenuto, Ofelia M. B. de. Delmira Agustini. Montevideo, Editorial Ceibo, 1944.
5
Fuentes. Órgano del Instituto Nacional de Investigaciones y Archivos Literarios, Año I, N.º 1, Agosto 1961.
6
Las cartas de D. A. a M. U. fueron entregadas, muchos años después de escritas, por el destinatario al escritor uruguayo Hugo D. Barbagelata. En artículo publicado en Cuadernos Americanos (México, setiembre-octubre, 1953), H. D. B. expresa que otras cartas de D. A. a M. U. fueron quemadas, en un arrebato de celos, por la esposa del escritor argentino.
7
Tanto la prensa uruguaya como la argentina, al informar sobre el homicidio, hacen reiteradas alusiones a estos dos hechos. No se efectúan aquí transcripciones, ya que es material reservado para el volumen indicado en la nota (6). Por otra parte, en el Departamento de Investigaciones se custodia el sobre de una carta dirigida por D. A. -la letra es sin duda alguna suya- a E. J. R. y con la dirección -Andes 1206- donde vivía E. J. R. y en la que se realizaban las entrevistas amorosas de los dos exesposos. Esto confirma de modo indudable que, con posterioridad al rompimiento, D. A. escribía a E. J. R.
8
Quien era este N. Manino no se sabe. Pero es incuestionable el interés de estas cartas no solo como testimonio de un aspecto de la vida de D. A. sino también porque permiten intuir un personaje pintoresco en el autor de las mismas. La brevedad impone no detenerse a comentar estos cuatro textos. Y, sin embargo, sería interesante hacerlo. Las cartas adquieren por momentos un tono casi delirante.
9
Este Ricardo era Ricardo Más de Ayala, conocido en la sociedad montevideana por sus aficiones donjuanescas. Las crónicas periodísticas del crimen sostienen que el arranque homicida de E. J. R. tuvo su causa en que sorprendió a D. A., con un cortejante. Algunas crónicas, aunque se refieren detalladamente a este cortejante, no mencionan a R. M. de A. directamente (por ejemplo: «La Tribuna Popular» del 7/VII/1914, que informa extensamente sobre la tragedia bajo estos titulares: El amor que mata. - La poetisa Delmira Agustini ha muerto trágicamente. - Ayer; su esposo, Enrique J. Reyes, la ultimó a balazos. - Y luego se suicidó descerrajándose un tiro en la cabeza. - Detalles completos del sangriento episodio). Pero alguna menciona directamente a Más de Ayala («Crítica». 7/VII/1914).
10
Esta carta, cuyo texto íntegro puede leerse en el citado libro de Clara Silva, se reserva para una publicación futura que reunirá material sobre el divorcio y muerte de D. A. Conviene advertir aquí que no se incluye en el cuerpo de esta correspondencia una carta de D. A. a E. J. R., cuyo texto es el siguiente: «Enrique: he resuelto suspender toda explicación. Así que no vengas esta noche. Sería inútil porque no estaré en casa. Y mañana, por mi gusto, por resolución mía me voy a Sayago, dando por terminado el asunto. Mi resolución es irrevocable, inútil toda tentativa. Delmira». Se trata de un pliego de dos hojas. En la cara posterior de la segunda se lee: «Pasado mañana en Villa Delmira». La exclusión de este texto se debe a que es dudoso si pertenece al período del noviazgo o si es posterior al casamiento.