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ArribaAbajoActo segundo

 

Continúa la decoración del primer acto. Es de noche y hace luna. BELTON aparece sentado en un banco de piedra. Algo separado de él está CLAUDIA vestida de lacayo con la librea de BELTON.

 

Escena I

 

BELTON, CLAUDIA.

 
BELTON
Ven, Claudio, ven; ven a llorar conmigo,
y a llorar de placer, como el muchacho
que al cumplir el castigo de su culpa
es de su tierna madre acariciado.
Mira, tú eres muy joven todavía: 5
¿Qué edad tienes?
CLAUDIA
Apenas veinte años.
BELTON
¡Bella edad!
CLAUDIA
Sí, para sufrir, ¿no es cierto?
  —152→  
BELTON
Para gozar del mundo los halagos,
para gozar del sueño de la vida,
para elevar la vista, mientras tanto 10
el anciano encorvado hacia la tierra
ve el suelo por sus lágrimas regado;
mientras el ambicioso en su locura
sobre el mármol se arrastra del palacio;
mientras en las entrañas de la tierra 15
compra su perdición el pobre humano,
en cambio del cajón que lleva al hombro
lleno de oro, de tierra y de gusanos.
Todo, Claudio, a tu edad es poesía;
las penas se disipan a tus años, 20
lo mismo que ese grupo de vapores
que empalaba la luna ha poco rato.
¿Qué pesar a tu edad no desparece
a la puerta de un baile o un teatro?
¿Qué pesar vive mas de un solo día? 25
¿Qué pesar no olvidaras con el canto?
CLAUDIA
Uno solo, el pesar que hiere el alma,
el pesar del amante abandonado.
—153→
Yo quiero vivir pobre, sin amigos,
sin padre ni esperanza, sin hermanos, 30
sin nadie que me mire y se sonría;
sin sombra en los ardores del verano;
solo en el mundo, solo y sin recuerdos,
más bien que padecer de los engaños
de un ser que ha seducido el alma mía. 35
BELTON
Quien ama ¿puede ser desventurado?
Yo no sé; más si amara con violencia
a una mujer, la viera en otros brazos,
la vería mirarme con desprecio,
y yo la adoraría sin reparo. 40
¡Quién sabe! Antes de vernos, otro objeto
el pecho juvenil ha subyugado,
y la pobre mujer enternecida
desearía quizá poder amarnos:
pero ama a otro ya; di, ¿no merece 45
semejante mujer ser el sagrario
de nuestro corazón?
CLAUDIA
Y quien engaña
por saciar un deseo momentáneo,
y quien jura un amor hasta el sepulcro,
y se arma para jurar de acento falso, 50
—154→
quien no piensa cumplir cuanto ha ofrecido,
se postra, se enternece, muestra el llanto,
no del amor, de la pasión tan solo,
quien por primera vez rompe el encanto
en que cifra su dicha el pecho tierno, 55
¿qué merece, señor? ¿Habrá malvado
más digno de castigo que tal hombre?
Tal ser quise decir...
BELTON
¿Qué, tan muchacho
te hace hablar la experiencia, o solamente
tu mente concibió tan triste cuadro? 60
CLAUDIA
Yo lo he visto, señor; yo vi en mi aldea
el crimen inmoral entronizado,
y la tímida virgen indefensa
hoy objeto de amor, luego de escarnio.
Yo vi al hombre nutrido de pasiones, 65
por vencer al objeto de su agrado
mil ofertas hacer... y cuando esclava,
fuera de sí, sus penas olvidando
la crédula doncella se rendía,
y cual un dios amaba a su tirano, 70
el hombre incierto siempre en sus caprichos,
—155→
sin recurrir siquiera al dulce engaño,
desechar a quien todo lo ha perdido...
¿Por qué? Por ser sensible a un hombre ingrato.
BELTON
Tu cuadro es espantoso, solo un monstruo... 75
¿Amaste alguna vez?
CLAUDIA
Nunca fui amado.
BELTON
Pero sabes amar y enternecerte,
y pasar noche y día contemplando
la imagen celestial de una doncella,
y acercarte sin luz, con lento paso 80
al albergue que encierra a tu querida,
y hasta aspirar el aire embalsamado
que ella también aspira. -Ángel del cielo,
tú, que llaman mujer, de nuestros años
consolador divino, gloria eterna, 85
gloria a ti!... ¡Cuántas veces te he invocado,
y siempre atenta al ruego de mi pecho
un consuelo me diste en mis trabajos!
Una lágrima sola, una mirada
basta para alegrar a los humanos, 90
—156→
que al imberbe muchacho parecidos
por un juguete todo lo olvidamos.
Mira, Claudio, aún me acuerdo todavía
(hará lo más ahora cinco años)
que triste, sin consuelo por el mundo 95
buscaba el solo olvido que ya en vano
muchos años buscara en las ciudades:
y lo que hallar no pude en los palacios
lo hallé, ¿sabes en dónde? -Sobre un monte.
Un día que viajaba... (era verano)... 100
Recorría los montes de Saboya;
dominado me vi por el cansancio,
y ansioso del reposo me encamino
a la extendida sombra de un gran árbol.
Si supieras ¡oh Claudio! Apenas puedo 105
recordar sin ternura el bello cuadro
que se mostró a mi vista... Una pastora,
un ángel debió ser, que yo en la tierra
nunca tan linda imagen he encontrado.
Una pastora estaba adormecida, 110
mientras tanto pacía su rebaño;
y al ver su cabellera de azabache,
el carmín encendido de sus labios,
su cuello de marfil, y la dulzura
que al través de su rostro me fue dado 115
descubrir al momento... ¿no adivinas?
—157→
Me prosterné a sus pies, junté las manos,
mis ojos levanté ya humedecidos,
rogué... cuando mi acento apasionado
despertó a la pastora. ¡Ah qué momento! 120
Mi cariño, mis súplicas, mi llanto,
todo la enterneció, y en un instante
las penas olvidé de muchos años.
CLAUDIA
Y la pobre inocente... esa pastora
creyó que tanto amor no fuese falso, 125
que era amada tal vez...
BELTON
Pudo creerlo;
yo la adoraba ciego.
CLAUDIA
No fue largo
tanto amor y ternura. Al otro día
por otra puede ser la han olvidado.
¿En qué vino a parar esa infelice? 130
BELTON
Lo ignoro.
  —158→  
CLAUDIA
Se quedó bajo del árbol,
y allí se quedó, todo para el hombre,
y ella lloró tal vez. ¡Ah! No es extraño,
mil cosas parecidas en el mundo
por desgracia se ven a cada paso. 135
Solo la mujer llora... el hombre olvida.
BELTON
Yo olvidé a pesar mío, que grabado
estuvo su semblante acá en mi pecho;
por do quier encontraba su retrato.
Y amara aun su memoria, si Adelina... 140
¡Adelina celeste!... Dime, Claudio,
¿puede quien la conoce amar a otra?
CLAUDIA
¿Usted la ama, señor?
BELTON
¿Puedes dudarlo?
La adoro, ella es mi dios, es mi existencia,
sin verla no respiro, y a su lado 145
un no sé qué terrible me avasalla;
quiero hablarla y no puedo... alzo la mano
para tomar la suya, y la retiro
—159→
sin fuerza ni valor... ¡cómo la amo!
Es delirio... mi frente está encendida, 150
el pecho todo en brasas... de mis labios
sale temblando el nombre de Adelina:
no tengo ni un secreto acá en mi arcano
que no sepa ella ya; le he dicho todo;
hasta que amé una vez, siendo muchacho, 155
a una joven doncella saboyana.
Le he dicho hasta su nombre; y aun le he dado
el mismo bucle de oro, que la pobre
me entregó cual depósito sagrado,
prenda de amor eterno... qué ¿te pasmas? 160
¿Se puede amar con más pasión, o Claudio?
CLAUDIA
¿Quién sabe? Puede ser que la pastora
ame con más delirio a quien ingrato
la olvidó para siempre...
BELTON
Es imposible.
Si me amase tan tierno...
CLAUDIA
Fuera en vano.
165
Para su perdición quizá ha nacido;
solo la mujer vive en lo pasado.

  —160→  

Escena II

 

LOS MISMOS, CONDESA, AMBROSIO.

 
 

Mientras habla la CONDESA con BELTON, que sigue contemplando la belleza del cielo, AMBROSIO conversa con CLAUDIA. Se retira al fin, y CLAUDIA, atenta a cuanto dicen la CONDESA y BELTON, expresa por el juego de su fisonomía y acciones los diferentes sentimientos que hace nacer en ella la conversación que escucha.

 
CONDESA
¿No lo dije, tío Ambrosio?
Si no había otro remedio;
los hombres son todos unos; 170
no hay modo de componerlos.

 (A BELTON con ironía.) 

Señor Belton, es muy lindo
pasar un ratito al fresco,
¿no es verdad? Y sobre todo
cuando se habla al cocinero, 175
o al lacayo, que es lo mismo,
debe usté estar muy contento.
¿Qué falta a usted?... Un criado,
la luna, el jardín, el cielo...
BELTON
Solo me faltabas tú; 180
—161→
ven aquí... llora conmigo.
Dime el amor de tu pecho,
pregúntame si te adoro,
si alguno en el universo
es más dichoso que yo; 185
déjame ver tu cabello,
tus negros ojos... ¡Dios mío!
Ya basta, nada más quiero.
No puedo hablar, Adelina,
adivíname... ¿no es cierto 190
que serás feliz conmigo,
que me adoras?...
CONDESA
¡Pobre Belton!
Has perdido la razón.
¡Qué modo de hacer requiebros!
¿En qué salón aprendiste 195
a ser tan sensible y tierno?
¿Dónde aprendistes a amar?
BELTON
Que te lo diga mi pecho.
Yo no sé por qué te amo,
por qué tiemblo si te veo, 200
por qué la vida te diera
—162→
por un suspiro, o aun menos,
por una sola mirada.
Esto todo es un misterio.
Dime, Adelina, ¿tú sabes 205
por qué me amas?... ¿Cuánto tiempo
me amarás?...
CONDESA
Sin duda alguna.
Te amo porque te encuentro
amabilidad, dulzura;
porque eres todo completo, 210
aunque a la verdad a veces
me cansas con tus proyectos,
tus lágrimas sin motivo,
tu sencillez, y ese empeño
en huir de los salones. 215
BELTON
¡Ay Adelina! ¿Qué veo
cuando estoy en un salón?
Los hombres son muy pequeños,
muy frívolos... y ese tono,
eso que llaman buen gusto 220
los hace a todos pigmeos.
Vida mía, ¿te parece
—163→
que el que al modo de un muñeco
se inclina por amor propio,
y jura un amor eterno 225
sin saber lo que es amor,
quiere mejor y más tiempo
que el infeliz que no sabe
decir sino yo te quiero?
Ángel mío, solo el hombre 230
que vive en sí, sin anhelo,
sin, ambición, inocente,
lleno de virtud el seno
sabe amar... Pero esos fatuos
empedernidos, sin freno, 235
que frecuentan los salones,
nunca aman; o si al menos
son sensibles una vez,
¿qué dicen?... ¡Oh! No hay remedio,
esta muchacha me adora, 240
se muere por mí... un momento
será necesario amarla.
Y entonces empieza el necio
con sus voces de costumbre
a dar elogios, creyendo 245
que esto es amar. Adelina,
si los salones detesto
aquí tienes el motivo;
—164→
me gusta en todo ser serio;
los amores de salón 250
me parecen solo juego,
de la pasión más sublime
que engrandece nuestro pecho,
¿qué hacen ellos?... Una chanza,
y si me vieran tan tierno 255
amarte... ¿no se rieran?
CONDESA
Lo digo, has perdido el seso:
¡válgame Dios! No concibo
lo que quieres decir, Belton.
Tu amor en verdad es raro, 260
tú me quieres por supuesto
con ternura, no lo dudo;
mas pudiera no creerlo.
Otro me amara y pasase
en estudiar mis deseos 265
noche y día, en complacerme,
en querer lo que yo quiero...
Pero tú...
BELTON
Cara Adelina,
yo de nada de eso entiendo.
—165→
Lo que sé hacer es amar. 270
Eso es todo...
CONDESA
Lo agradezco.
Eres feliz... hace poco
pedías algo; ya veo
que nada falta a tu dicha.
BELTON
Ángel, solo te obedezco. 275
Hoy te hablé de tu promesa,
tú me impusiste silencio.
¿Qué debo hacer?
CONDESA
Contentarte.
BELTON
Así hago, estoy contento.
CONDESA

 (Aparte.) 

(¡Qué cachaza!... Para esposo 280
a la verdad será bueno,
es obediente...) Responde,
si esta noche te concedo
lo que tanto deseabas...
  —166→  
BELTON
¿Tu mano?
CONDESA
Ni más ni menos.
285
Si te la doy ¿qué dirás?
BELTON
Que eres un ángel del cielo.
Pero qué... ¿podré creerte?
CONDESA
Belton mío, ven a verlo.
Dame la mano, te esperan. 290
Entremos, Belton, entremos.
Te voy a dar una prueba
del amor que te profeso.
BELTON
¡Delante de tanta gente!
CONDESA
Delante de todos esos 295
que están llenos de amor propio,
y piensan quizá en secreto
—167→
que me gustan, que los amo:
quiero verlos por el suelo.
BELTON
¿Para qué tantos testigos, 300
di, para qué los queremos?
De la fe que nos juramos
son testigos nuestros pechos.
¿Para qué mas? Esto basta,
ten piedad de mí, no puedo 305
delante de mil personas
leer en tus ojos negros
el amor, no sé llorar
mas que a tus pies en secreto.
¿Para qué ir al salón? 310
¿Qué vamos a hacer adentro?
CONDESA
Nada, tan solo casarnos.
BELTON
Aquí podemos hacerlo.
Pero ¿es verdad? ¿No me engañas?
Mira, aquí a la faz del cielo 315
nos juraremos amor.
Qué ¿no te gusta este templo?
—168→
Tu salón no es tan hermoso.
Antorchas, sofás, espejos...
¡Ah! No, la luna es más bella. 320
Vale más que nos casemos
aquí mismo. ¿Qué testigo
tendremos mejor que el cielo?
Tierna amante.
CONDESA
Nos esperan
en el salón, no hay remedio. 325
¿Qué dirán?... Vamos, mi vida,
dame ese gusto. Primero
entraré yo, pero sola;
y tú vendrás solo luego.
¿Me concedes esta gracia? 330
BELTON
¡Oh! Todo te lo concedo.
Allá voy... vete, Adelina.
CONDESA
Mira, Belton, que te espero.

  —169→  

Escena III

 

BELTON, CLAUDIA.

 
BELTON
¡Qué voz! ¡Qué voz! La muerte me anunciaran
con esta voz que me juró carino, 335
con esta voz que preguntó: ¿me adoras?
Y al puñal presentara el pecho mío
con júbilo y delirio, y sin embargo
tiemblo como si fuera un asesino,
y una voz con misterio me repite 340
que entre mí y esa casa hay un abismo.
¡Un abismo!... Imposible... Sólo hay flores,
y hoy sobre todo que el amor me ha oído,
y con su antorcha quiere conducirme
de su altar a las gradas, no hay peligro 345
para mí ¡Cuántos años por la tierra,
sin patria como el mísero judío,
sin miedo caminé! La noche, el día,
todo era igual, nunca perdí el camino;
y por fin llegué al puerto deseado, 350
a los pies de Adelina que me ha visto
temblar como la caña del estanque,
—170→
y con su voz de amor me ha defendido...
¡Oh! Cuál mi mente el tiempo me recuerda
en que vagando solo, sin camino, 355
de mi pecho llevé por todas partes
el deseo de amar, de ser amigo,
esposo, padre, amante... y de ser útil...
Y encontrar quien me diese su cariño,
quien al verme exhalara por sus ojos 360
rayos de amor... Al fin ya lo consigo.
¡Ah Dios! Bendito seas, me escuchaste...
¡Escucha así los ruegos de mi hijo!
CLAUDIA
¡De su hijo!... Señor... ¿Es usted padre?
BELTON
¡Ah! Claudio, lo seré si no lo he sido. 365
CLAUDIA
¡Feliz madre, dichosa la que puede
sin rubor pronunciar: es hijo mío;
mira a su padre, es bello, es adorado,
me ama con amor puro, es mi marido!
BELTON
Así dirá Adelina muy en breve; 370
—171→
y cuando me haga padre, ¡qué delirio!
El fruto de mi amor, yo lo jurara,
será, ya lo verás, bello, divino,
lo mismo que tu hermano... ¿No es precioso?
CLAUDIA
¿Quién? ¿Benjamín?¿No es cierto que es muy lindo? 375
Que se parece a usted... digo, a su padre...
Usted no le conoce...  (Aparte.) ¡Dios! ¿Qué he dicho?
BELTON
Hace poco que al lado de Adelina
sentado estaba yo, y adormecido
estaba Benjamín en nuestros brazos. 380
Yo no puedo decir lo que he creído;
Adelina mi amante era mi esposa,
y el sueño que me halaga tanto tiempo
realizado lo vi... Claudio, es preciso
que me vaya al salón... quizá me esperan. 385
CLAUDIA
Tengo que hablar a usted... Señor, he visto...
BELTON
¿Qué es lo que viste?
  —172→  
CLAUDIA
¡Yo!... Señor... yo... nada.
BELTON
¿Qué es lo que dices?... Yo no te concibo.
CLAUDIA
¡Ah! Si pudiera hablar.
BELTON
Habla sin miedo.
CLAUDIA
Temo ofender.
BELTON
Hoy todo lo permito.
390
CLAUDIA
Pues lo diré, señor, aunque temblando.
El albergue del pobre es el asilo
de la virtud. El lujo y la opulencia
tras sí llevan el crimen y el fastidio.
BELTON
Hay excepciones.
CLAUDIA
No, señor, ninguna.
395
—173→
Jamás en un estado distinguido
se puede hallar una mujer sencilla,
tierna, capaz de amar... todos son vicios.
BELTON
¡Claudio!
CLAUDIA
No, es imposible, estoy seguro.
Para amar es preciso haber nacido 400
en una clase media, ser criada
en el trabajo. ¡Ay! Esto no es lo mismo
que vivir rodeada de placeres,
que escuchar sin cesar la voz del vicio
que, fingiendo vencer la vil rutina, 405
abre del negro crimen el camino.
Disipación no más, orgullo solo,
indiferencia al fin, amor fingido,
esto es cuanto se encuentra en los salones.
Usted mismo, señor, usted lo ha dicho. 410
El seductor lenguaje, los adornos,
y nada más a veces que un capricho
enamoran a un hombre; esas señoras
se rinden... y se ofrece por marido
el hombre apasionado... al fin ¿qué encuentra? 415
Una mente exaltada, un pecho frío.
  —174→  
BELTON
¡Qué torrente! ¡Qué fuego!
CLAUDIA
Y al contrario
la que todo lo debe a su marido,
que ve en él protector, esposo, amante,
¡con qué amor le venera tan sencillo! 420
¡Cómo dél hasta el sueño le es sagrado!
Si él lo dijo no más, todo es divino;
y la paz, la amistad, la confianza
hallan en los dos pechos dulce asilo.
¡Ah! Señor, usté es digno de gozarlo. 425
BELTON
Si hasta el fin te he escuchado, solo ha sido
en favor de tu audacia inesperada;
mas, Claudio, por tu bien hoy te lo digo,
no te atrevas jamás en mi presencia
a hablar en ese tono... Sé testigo 430
de mis acciones todas... En silencio
respeta en mí, lo entiendes, mis caprichos.
CLAUDIA
Perdón, señor... Quisiera todavía...
Un instante, señor... No he concluido.

  —175→  

Escena IV

 

CLAUDIA sola.

 
CLAUDIA
No me escucha el ingrato... No me escucha, 435
así debí, yo hacer cuando me dijo
y me juró postrado que me amaba.
El monstruo consumado está en el vicio,
en la negra maldad... Y sin embargo
aun gozo al recordar lo que le he oído, 440
lo que lleno de llanto en mi presencia
se atrevió a pronunciar... Era preciso
ser mujer como yo para entenderlo.
¡Qué candor! ¡Qué inocencia! El pecho mío
salírseme quería y arrancarle 445
las palabras que el aire ha destruido.
Cuánto sufrí entre tanto que él llorando
hablaba... a esa mujer... de su cariño,
a esa mujer que apenas le entendía,
a esa mujer... Dios mío, ¡qué martirio! 450
¡Si me amara a mí así! Pero es inútil,
solo dolor me decretó el destino.

  —176→  

Escena V

 

AMBROSIO, CLAUDIA.

 
AMBROSIO
Claudia imprudente, ¿qué hicimos?
¿Has hablado a la Condesa?
CLAUDIA
¿Yo? ¿Para qué? Si no tengo 455
nada que decirle. -¡Hay tema!
Todo es para Belton, todo,
amistad, amor, franqueza,
y odio para mi rival.
AMBROSIO
¡Ay hija mía! Modera 460
tu cólera, ¡qué... no sabes!
Tu rival... Dime ¿no aciertas?
Tu rival...
CLAUDIA
¿Es ya su esposa?
Compasión, por Dios... mis fuerzas
me abandonan.
  —177→  
AMBROSIO
No, no es eso.
465
CLAUDIA
¿No se han casado? ¡Y qué fuera
de mí si lo hubiesen hecho!
¡Ay! Ya respiro... Estoy cierta
que Belton no puede amar
a una mujer tan coqueta 470
como Adelina; no puede
jamás casarse con ella,
es imposible... Él me ama
sin saberlo... ¡Oh! Yo quisiera
que conociese mi sexo. 475
AMBROSIO
Ya lo sabe la Condesa.
CLAUDIA
Y esa mujer ¿qué me importa?
Nada de ella me interesa.
Su odio, su amor, su desprecio
todo me es igual. Que muera 480
o viva, triste o dichosa,
de andrajos llena o de perlas,
poco me importa.
  —178→  
AMBROSIO
Hija mía,
escúchame: di, ¿deseas
vivir feliz en el mundo? 485
CLAUDIA
¡Feliz! Que Belton lo sea,
y lo seré yo también.
AMBROSIO
Pues mira, quien te aconseja
te ama lo mismo que a Belton.
Si quieres que no se pierda 490
la paz de Belton, la tuya,
la de tu hijo, te queda
un solo remedio... Huye,
solo el oprobio te espera
en esta casa... Tu hijo 495
ha dado a todos sospechas.
La Condesa ya sabía
tu nombre, y con su viveza
ha descubierto al momento
lo que tanto le interesa. 500
Belton aun no sabe nada.
Vete; mira, la Condesa
—179→
te busca por todas partes,
y vendrá pronto.
CLAUDIA
Que venga;
aquí la espero, y en paz. 505
AMBROSIO
Te hará cubrir de vergüenza.
CLAUDIA
¿Por qué? ¿Porque me engañaron?
¿Porque ella es quien se aprovecha
del amor que me es debido?
¿Porque soy sola en la tierra? 510
¿Porque soy pobre y sin nombre?
¿Porque sé amar?... ¡Ah! Que venga,
que venga, yo no la temo.
AMBROSIO
Un anciano te lo ruega
en el nombre de tu padre. 515
No te expongas... ¡ah! Quisiera
ocultártelo no puedo;
te echarán de aquí por fuerza.
  —180→  
CLAUDIA
¿Quién? ¿Belton?
AMBROSIO
No, mas su esposa,
y hasta que tú estés ya fuera 520
tu Belton no sabrá nada.
CLAUDIA
Yo se lo diré... De veras
tendrá él que defenderme.
¿Será tan vil la Condesa?
Poco me importa; mi Belton 525
está allá...
AMBROSIO
¿Qué es lo que piensas?
CLAUDIA
Que pronto seré feliz;
que mañana viva o muerta
estaré en paz... Largos años
he vagado por la tierra 530
sin consuelo ni esperanza,
y entonces tuve paciencia,
—181→
y sufrí, porque sabía
que una suerte lisonjera
me esperaba... Hoy es el día 535
que concluyo mi carrera
de trabajos... Sí, lo juro...
Esta existencia me pesa:
o soy feliz hoy, o muero.
AMBROSIO
Pobre muchacha, tus penas 540
te ocultan la realidad.
Porque, en fin, ¿qué es lo que esperas?
CLAUDIA
¿Qué, espero?... ¿Usted me pregunta
qué es lo que espero?... Que venga
a pedirme aquí perdón, 545
a unirse en unión eterna
conmigo... Espero que vuelva
a amarme a mí sin rival;
espero que se arrepienta.
Esto es fácil, ¿no es verdad? 550
AMBROSIO
Imposible, su conciencia
no le remuerde.
  —182→  
CLAUDIA
Es mentira.
Belton de todo se acuerda.
AMBROSIO
Su corazón es de mármol.
CLAUDIA
Es mentira, y aunque fuese... 555
Pero no, si yo le visto
llorar... Mas si en mi presencia
se ha enternecido hace un rato.
Aquí estaba yo... ¿Hay quien crea,
al solo mirar su rostro, 560
que es insensible?... ¡Anatema
si lo fuese a mi cariño!
Todo esto es una quimera;
Belton me ama, no hay remedio.
¿Quién lo duda?
AMBROSIO
La Condesa.
565

  —183→  

Escena VI

 

LOS MISMOS, LA CONDESA.

 
CONDESA
. Ambrosio, déjanos solos.

  (A CLAUDIA.)  

Dígame usted, jovencito,
¿hay algo escrito en mi frente
que diga que yo he nacido
para vivir engañada, 570
sin conocer que lo he sido,
sin vengarme de una injuria?
CLAUDIA
¿Y en la mía hay algo escrito
que me pinte sin honor,
incapaz de hacer lo mismo 575
que una señora ultrajada,
y que sufriré un martirio
lento, y todo sin quejarme;
que veré, mero testigo,
sellar mi infamia, mi muerte, 580
sin gritar «mira que aun vivo»,
sin detener con mi mano
—184→
el puñal del asesino...
¿No es cierto?...
CONDESA
Quien se avasalla
a un hombre desconocido, 585
quien comete una bajeza
por engrandecerse... es digno
de su suerte.
CLAUDIA
Y la que inicua
corrompe a un hombre sencillo,
aparenta amor y miente, 590
es digna de buen destino,
¿No es verdad?
CONDESA
¿Así me insultas?
Muchacha, ya te lo he dicho,
no aguanto de nadie ultrajes.
Tu sexo me es conocido; 595
tus proyectos ¿cuáles son?
CLAUDIA
Unirme al padre de mi hijo.
  —185→  
CONDESA
Belton ya no piensa en ti;
va a ser mi esposo... Es preciso
que te ausentes al instante 600
sin verlo... ¿Ves mi bolsillo?
Tómalo, vete al momento;
sé dichosa tú y tu hijo.
CLAUDIA

  (Arroja con desprecio al suelo el bolsillo que toma de la CONDESA.)  

La inocencia no se compra;
yo de nada necesito 605
sino del pecho de Belton.
CONDESA
Imprudente, ya te he dicho
que es necesario te ausentes;
si no te vas ahora mismo
mis criados te harán ir. 610
CLAUDIA
¿Dónde está Belton, mi hijo?
CONDESA
Para ti Belton no vive.
Tu hijo aquí está...  (Llama.)  ¿Domingo?
 

(Sale un CRIADO con BENJAMÍN por la mano.)

 
  —186→  
CLAUDIA
Ven a llorar, Benjamín;
¡Ah! Ven a llorar conmigo. 615
Esta mujer nos desprecia.
¿Y tu padre? ¿No le has visto?
¿Qué te dijo, vida mía?
¿No fue él quien te ha traído?...
Vamos a verlo...

 (Se dirige a la casa.) 

CONDESA
Si al punto
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no te ausentas, te lo he dicho,
mis criados te echarán.
CLAUDIA
Es imposible...

 (Andando siempre.) 

CONDESA

 (Llama.) 

¿Domingo?
 

(Los CRIADOS impiden a CLAUDIA proseguir.)

 
CLAUDIA
¿Dónde está Belton?... ¿Qué es esto?
Mirad que si seguís grito... 625
—187→
Dejadme ir... allá... a la casa...
Quiero entregarle su hijo...
Compasión... solo un instante...

 (La echan enteramente, y ella dice con voz terrible desde la puerta.) 

¡Ah, mujer! Yo te maldigo.