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Las coincidencias entre las obras de Arlt y de Dostoievski han sido estudiadas ampliamente por la crítica reciente. Véase una síntesis temprana del tema en Stasys Gostautas, Buenos Aires y Arlt (Dostoievski, Martínez Estrada y Scalabrini Ortiz), Madrid, Insula, 1977, pp. 98-113.
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Los fundamentos de esta lectura se encuentran en la moderna teoría de la recepción emparentada con el temprano trabajo de los formalistas rusos, los estructuralistas de Praga y sociólogos de la literatura como Leo Löwenthal y Levin Schücking. El modelo de texto, lector y recepción que aquí se menciona es el que informa la múltiple discusión interdisciplinaria que circula en teóricos tan diversos como Wolfgang Iser, Hans Robert Jauss, Roland Barthes, Jonathan Culler o Hayden White. Para un repaso general de la cuestión véase el excelente estudio de Robert C. Holub, Reception Theory. A Critical Introduction, Londres y Nueva York, Methuen, 1984.
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El juguete rabioso, Los siete locos, y parte de Los lanzallamas fueron escritos antes del golpe encabezado por el general José E. Uriburu el 6 de setiembre de 1930. En una nota de ediciones posteriores, agregada al discurso del Mayor en el capítulo «La farsa» de Los siete locos, el Comentador se siente obligado a explicar que el contenido de ese discurso no pudo haber sido sugerido por el golpe de Uriburu dado que la novela había sido «editada por la editorial Rosso en el mes de octubre de 1929». Buena parte de Los lanzallamas, toda El amor brujo, los cuentos y las obras de teatro, los escribió Arlt durante la «década infame».
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Primeras ediciones: Los siete locos, Buenos Aires, Editorial Latina, 1929; Los lanzallamas, Buenos Aires, Editorial Claridad, 1931. La editorial Claridad lanzó dos ediciones adicionales de Los siete locos en 1931 y 1932. Todas las citas se hacen aquí por nuestra edición. Las dos novelas fueron reunidas en esta edición como una sola obra, como en la edición de Ayacucho (Caracas, 1978) «por tratarse de un díptico de manifiestas vinculaciones temáticas y de personajes, como ha subrayado el autor»
(Biblioteca Ayacucho, p. XXXIV). Se indica el título de cada novela, entre paréntesis, con las siglas Sl y Ll seguidas de la paginación correspondiente.
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Un exhaustivo análisis de intertextualidad puede hallarse en el libro de Ana María Zubieta, El discurso narrativo arltiano. Intertextualidad, grotesco y utopía, Buenos Aires, Hachette, 1987. Un incisivo resumen de discursos ideológicos en Jorge B. Rivera, Roberto Arlt: Los Siete Locos, Buenos Aires, Hachette, 1986, pp. 45-53. Sobre la presencia de los «saberes del pobre» en el lenguaje literario de Arlt, véase Beatriz Sarlo, La imaginación técnica. Sueños modernos de la cultura argentina, Buenos Aires, Nueva Visión, 1992, pp. 53-54.
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El efecto de desfamiliarización o de «hacer extraño» (ostranenie) es parte del arsenal teórico de los formalistas rusos y fue primero desarrollado por Víctor Shklovski en su trabajo de 1917 «El arte como procedimiento». El efecto de extrañamiento o de alienación (Verfremdung) desarrollado por Bertolt Brecht se relaciona con el de desfamiliarización de Shklovski, pero su finalidad es más ideológica en tanto procura alertar sobre la naturaleza histórica de lo percibido como natural e inmutable en objetos e instituciones. En las novelas de Arlt prevalece el efecto de desfamiliarización, aunque hay ejemplos concretos de extrañamiento brechtiano (sobre todo en el uso del punto de vista, a propósito de la función del Comentador y sus notas).
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Entre muchas técnicas propias del modo de representación realista-naturalista, Arlt manejó con especial atención (aunque con frecuentes contradicciones interiores) el punto de vista omnisciente a cargo del narrador llamado «Comentador». Sus notas a pie de página funcionan como apoyos de verosimilitud que estabilizan el pasaje entre ficción y realidad. Véase sobre todo la nota que garantiza al lector la posibilidad de pasar desde el discurso del personaje Erdosain («Todas las costas del mundo están ocupadas por hombres feroces que con auxilio de cañones y ametralladoras instalan factorías y queman vivos a pobres indígenas que se resisten a sus latrocinios») al discurso de la realidad: «Nota del comentador. -Erdosain tenía razón al afirmar semejantes monstruosidades. A la hora de cerrarse la edición de este libro, los diarios franceses traían estas noticias de China [...]»
(Ll, p. 492).
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En este sentido es obvia la semejanza en el uso del mismo recurso en «Cambalache», el famoso tango de Enrique Santos Discépolo que, estrenado en 1935, llegara a ser emblemático de la «década infame» por su afirmación de trastrueque de valores.