Clarín y la prensa
Jean-François Botrel
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La prensa puede considerarse
como la verdadera columna |
Para el joven y asiduo lector de los periódicos que llegaban a su casa, el Jeremías, de Martínez Villergas, el Gil Blas, de Rivera y Blasco o El Cascabel de Frontaura serán los modelos del futuro «gacetillero y folletinista» Tomás en Tres en una (Tolivar) o de su semanario humorístico manuscrito Juan Ruiz (1868-69) (Martín-Gamero). La lectura vespertina de la prensa recibida en el Casino de Oviedo o de las revistas extranjeras a las que estaba suscrito será el pasto diario del confirmado periodista hasta la muerte. En la prensa encuentra la mayor parte de su información sobre la actualidad «formal», noticias de toda clase, pero también trasuntos del pensamiento europeo tal y como se va desenvolviendo. Es ella fuente y base para su propia producción: eco burlón y satírico bajo forma de comentarios en los «paliques», motivo para artículos de crítica, pero también para «fondos», no del periódico sino de Clarín. Tanto o más que la cátedra, los discursos o conferencias y los «Folletos literarios», es la prensa -cada vez más- el lugar de la reflexión y de la expresión del pensamiento político y filosófico de Clarín, del que dejan constancia los dos fundamentales libros de Lissorgues (1989, 1996). En ellos se encontrarán las expresiones teóricas de Clarín sobre su concepción del trabajo periodístico y de la prensa, sobre su misión social...
Téngase en cuenta que coincide el momento de Clarín con el del auge en España de la prensa «de masas» -sobre todo después de 1881-1883 con la restablecida libertad de imprenta-, con tiradas excepcionales de hasta 100.000 ejemplares diarios que entonces parecerían extraordinarias, comparadas con los 3.000 ó 5.000 ejemplares que podía alcanzar un libro.
En la prensa publicó Clarín el equivalente -en letra de imprenta- de 15 Regentas y el ritmo medio de su producción a lo largo de su vida alcanzó unos siete artículos al mes, con puntas de hasta quince, como en 1882. El artículo es, con la cuartilla, la unidad de referencia más presente en la vida cotidiana intelectual y económica de Clarín. Alguna nota manuscrita conservada en el archivo de la familia (mientras no se cree una Casa-Museo) incluso permite sorprenderle, en 1890, en una precisa contabilidad y descomedida proyección, sumando artículos y duros, que es como contaba: Madrid Cómico (Madrid): 4 arts. al mes = 30 duros (7 y medio d. art.); Ilustración Ibérica (Barcelona): 4 arts. al mes = 30 duros (7 y medio d. art.); Publicidad (Barcelona): 2 arts. al mes = 16 duros (8 d. art.); Semana Cómica (Id.): 1 art. al mes = 8 duros; Globo (Madrid): 3 arts. al mes = 24 duros (a 8 duros art.); España Moderna (Id.): 1 art. al mes = 20 duros. Total: 128 duros al mes. Y luego viene la multiplicación: 128 x 12 (meses) = 1.536 duros anuales o sea: 7.680 pesetas (cuando el sueldo anual del catedrático apenas alcanza las 4.000 pesetas), multiplicado ahora por 20 (años), con una proyección hasta 1910 y la fabulosa cantidad de 30.720 duros (¡más de 150.000 pesetas!). Un muy revelador pero patético sueño, como se ve y se sabe.
Para él es «artículo» cualquier unidad comprendida entre 3 y 5 cuartillas o sea entre 10.000 y 15.000 caracteres de imprenta. La prensa es, incluso, un verdadero indicador de las preferencias vitales de Clarín: tras una intensa actividad como periodista de plantilla casi profesional -680 artículos publicados entre 1875 y 1880-, se produce, por ejemplo, un brusco cambio de ritmo de producción cuando escribe La Regenta; también durante los veranos, período que dedica a descansar y a meditar en Carreño (Coletes), y en sus fases depresivas, aun cuando se esfuerza por seguir despachando esta pacotilla literaria que no le preocupa la cabeza, según afirma y pretende. En los años de crisis que siguen a la publicación de La Regenta consigue escribir a pesar de todo unos 650 artículos (incluidos más de 80 cuentos) con una notable mejoría alrededor de 1890, cuando consigue, por fin, acabar con la escritura de Su único hijo, y, entre 1895 y 1901, unos 574 (con más de 40 cuentos), cada vez más largos y meditados, políticos y filosóficos. Su propia escritura de creación (novelas y cuentos) está esencialmente determinada por la escritura periodística, según podemos comprobar por su peculiar manera de plasmar directamente en la cuartilla, casi en la plana o la página impresa, lo que ha venido madurando en su mente, sin apenas apuntes, y le sale como «brotando» (Botrel, 1985b, 2001).
No faltan, por supuesto, intentos -fallidos todos- de dotarse de órganos de expresión propios en los que «solo mandara Clarín» o casi: desde el mítico Rabagás de 1872 hasta Museum, «su revista» o el «gran periódico» con que soñaba en 1892-1893. Por esa razón, aceptará incluso la dirección -por poco tiempo- del Madrid Cómico...
Los artículos de Clarín -después de que haya abandonado su otro seudónimo Zoilito- pueden ser incluso... cuentos: así los llama él al menos, sobre todo cuando le salen largos y los va escribiendo y publicando semana tras semana, como verdaderos artículos (Botrel, 1979, 1997b).
Lógicamente, la mayor parte de los libros que Clarín publicó en vida se hicieron a base de un material publicado en la prensa, trátese de artículos de crítica, de «paliques» o de cuentos que a menudo van mezclados. Esta cuidadosa selección es a la vez representativa de lo mejor que escribió Clarín y engañadora, ya que sólo representan una pequeña ínfima parte -unos 200 artículos o sea un 10%, de menos de lo que quisiera, por supuesto- de su producción periodística, con la casi totalidad -eso sí- de los cuentos (Richmond). Son colecciones como Solos de Clarín (1881), La literatura en 1881 (en colaboración con Armando Palacio Valdés) (1882), Sermón perdido (1885), Nueva campaña (1887), Mezclilla (1889), Ensayos y revistas (1892), Palique (1893), Crítica popular (1896), Siglo pasado (1901); y para volúmenes que sólo recogen cuentos y novelas cortas: Pipá (1886), Doña Berta. Cuervo. Superchería (1892), El Señor y lo demás, son cuentos (1893), Cuentos morales (1896), El gallo de Sócrates (1901). Es interesante observar que, al publicar sus artículos en libro, apenas aporta modificaciones, afirmando así el valor definitivo y duradero de lo aparentemente efímero: escribe día a día o semana tras semana, pero escribe para el futuro...
Algunos estudiosos como Beser y Bonet, Botrel (1972), Ramos Gascón, Saillard (1973, 2001), Lissorgues (1980), Utt o Sotelo han inventariado y recopilado nuevos artículos, pero hasta que no se disponga de las Obras completas de Clarín que ha de publicar Ediciones Nobel (con todos los artículos de prensa hasta hoy repertoriados, pues) difícil será hacerse una idea cabal de lo que la prensa representó en el ambicioso y omnímodo quehacer intelectual, creador y cotidiano de Clarín.
El inventario llevado a cabo por Y. Lissorgues (1980), permite observar que Clarín colaboró en más de 40 periódicos (en diarios, ilustraciones, semanarios o revistas literarias), pero también que más del 80% de su producción periodística se publicó en 7 periódicos, fundamentalmente en la prensa madrileña o «nacional» las 3/4 partes de los títulos, donde se publicó más del 85% de sus artículos.


Primero, entre 1875 y 1881, en El Solfeo (donde estrena el seudónimo que le iba a hacer famoso: Clarín), y en sus sucesivas metamorfosis, La Unión y El Mundo Moderno, diarios de clara orientación republicana (más bien federal), donde hace el muy comprometido periodista «de oposición» el aprendizaje de todos los aspectos del oficio: sueltos, gacetillas, crónicas, folletines, etc. De estos setecientos y pico artículos -casi una tercera parte de su producción global- se publicó en el IDEA, en 1972, una antología: Preludios de Clarín (Botrel, 1972). Luego, en El Día, donde descubre reporterismo, al publicar la serie de artículos sobre «El hambre en Andalucía» (Saillard, 2001) -48 en total-. Después de 1883, seguirá publicando episódicamente en diarios republicanos y progresistas como El Porvenir, El Globo, La Justicia o La Publicidad.
No obstante lo esencial de su producción se encuentra en los modernos «rotativos» El Imparcial, con su suplemento literario Los Lunes del Imparcial (121 artículos), y luego El Heraldo (121 artículos) y, sobre todo, en el semanario festivo Madrid Cómico, entre 1883 y 1901, donde se encuentra el 20% de sus artículos. De esta prensa ligera que opone a los «periodicazos» y «revistazas» y a tanta «bobería ilustrada», de este periodismo festivo y «regocijado» será defensor e ilustrador Clarín hasta aceptar -por poco tiempo- la dirección del ya decadente semanario para el que no le faltaban proyectos de reforma (Botrel, 1987). De lo que supuso literariamente y profesionalmente su colaboración en el Madrid Cómico dan cuenta las cartas enviadas al director del semanario, Sinesio Delgado, publicadas por el RIDEA (Botrel, 1997b). También colabora en las llamadas «ilustraciones» como la Ilustración Española y Americana y en algunas efímeras revistas, con una dedicación ya casi exclusiva a la crítica literaria y a la creación. Ésta era la condición para alcanzar la máxima audiencia.
El inventario de sus colaboraciones en la prensa barcelonesa -en La Publicidad, sobre todo, donde publica unos 238 artículos, pero también, más ocasionalmente, en La Ilustración Artística y La Ilustración ibérica, Arte y Letras, Pluma y Lápiz, La Saeta, El Faro y tal vez La Semana Cómica (Beser/Bonet), permite comprobar cómo Clarín intuye la necesidad de expresar de una forma original propia sus ideas para un público catalán, con frecuentes duplicaciones de ideas pero no repeticiones de textos. Llegará incluso a escribir para un público americano hispanófono en Las Novedades de Nueva York (Sotelo) y, fugazmente, en La Nación de Buenos Aires.
¿Y en la prensa asturiana? Sabemos, por ahora, que además de las primeras colaboraciones en El Eco de Avilés, El Apolo (firmaba entonces A. U.), las principales colaboraciones (pueden ser poesías y cuentos, por supuesto) se encuentran en Ecos del Nalón, luego Revista de Asturias, y en La Ilustración Gallega y Asturiana, luego Ilustración Cantábrica, así como en los almanaques de El Carbayón. Lo cierto es que sus artículos y cuentos serán con frecuencia reproducidos por la prensa de provincias -pudo suministrarlos a través de la Agencia Almodóvar- cuando no enviaba directamente colaboraciones originales a periódicos como El Eco de Guadalope (Alcañiz, Teruel) y Pueblo (Valencia), y, muy circunstancialmente, a Bilbao a La lucha de clases. Buenas y gratas sorpresas podrá deparar, sin embargo, el examen sistemático de la prensa provincial, muy especialmente de la asturiana, de difícil acceso hoy en día todavía.
Este muy somero recuento y comentario, destinado a dar a conocer la ingente actividad periodística de Clarín, no ha de hacernos olvidar que ésta se ha de relacionar con una muy clara visión lo que supone la prensa -el «cuarto poder»- para el progreso de las ideas y la reforma del hombre y la correspondiente estrategia que lleva a Clarín a querer disponer de tribunas suficientes y aptas para poder poner por obra su proyecto reformador y también para «ayuda del cocido». Lo corriente a partir de 1890 es que disponga de 6 a 8 tribunas nacionales, una de ellas barcelonesa, como en 1896, año en el que manda artículos al Madrid Cómico y a la Publicidad, por cierto, pero también a El Imparcial, El Heraldo y a Las Novedades de Nueva York con un público potencial correspondiente a los doscientos mil y pico ejemplares publicados por el conjunto de estos periódicos. Con alguna satisfacción puede, en los años 1892-1895, dar cuenta Clarín a Luis París de lo que hoy se llamaría su «poder mediático» (Botrel, 1985a), recordándole, por otra parte, que «no escrib(e) más que por dinero y por bastante dinero (por lo que se paga en España)», requisito, como se sabe, para la afirmación de una condición reconocida de intelectual (cf. Botrel, 1997a).
Clarín nació en 1875 (el 11 de abril) en la prensa, para la prensa, y si, dos años antes de su muerte, confiesa Leopoldo Alas (nacido en 1852): «de mi sé decir que (...) soy principalmente periodista», acaso nos entrega, por anticipado, una llave maestra para una cabal comprensión e interpretación de lo que hoy ha llegado a representar para la literatura y el pensamiento universal Leopoldo Alas «Clarín».
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BOTREL, Jean-François (ed.), Leopoldo Alas «Clarín», Preludios de «Clarín», selección, introducción y notas por J-F. Botrel, Oviedo, I.D.E.A., 1972 (= Botrel, 1972).
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