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31

Catálogo, núm. 128.

 

32

Catálogo, núm. 106.

 

33

Núm. 106.

 

34

RFH, VI, 55.

 

35

Antología, VIII, 279-280 y 280-281.

 

36

RFH, VI, 55-56.

 

37

Antología, X, 105-107.

 

38

Primavera, 146. Nuestro romancero abunda en el poder maléfico de las plantas:


«allí nace un arbolado          que azucena se llamaba,
cualquier mujer que la come          luego se siente preñada»


(Don Tristán: Antología, VIII, 261);                



«el agua que dellos sale          una azucena regaba;
toda mujer que la bebe          luego se siente preñada»


(Ibid., 262);                



«en mi huerto hay una hierba          blanca, rubia y colorada;
la dama que pisa en ella,          della queda embarazada»


(Doña Urgelia: Antología, X, 105);                



«hay una yerba en el campo          que le llaman la borraja;
la mujer que la pisare          luego se siente preñada»


(Doña Enxendra: Antología, X, 106);                



«en la villa de Madrid,          junto a los caños del agua,
allí se cría una hierba          muy viciosa y regalada
la dama que la pisara          se quedara embarazada»


(La mala hierba: Antología, X, 108);                



«En los palacios del rey,          hay una hierba muy mala,
que la dama que la pisa          ya se queda embarazada»


(El mal encanto, recogido por mí en Zaragoza).                


De otro tipo son las referencias del romance de Gerineldo (vid. MENÉNDEZ PIDAL, Sobre geografía folklórica, RFE, VII, 238), pero del mismo contenido mágico. Confróntense estas referencias con las que facilita Cossío, 29: «con la fruta de la huerta - me puse descolorida».

 

39

Pág. 29.

 

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Pág. 30.

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