11
¿Será segura la lectura pedida? ¿No cabría pensar en un perdida?
12
Antología, X, 62, núm. 18.
13
Vid. Antología, X, 230, y GIL, XXXII, que reproducen este texto.
14
Antología, X, 217. Coincide con la del Catálogo de MENÉNDEZ PIDAL, 145, núm. 48, y con la B de Bénichou. El inicio es distinto en las otras ediciones que manejo: bien falta la determinación geográfica, bien se desplaza hacia el norte peninsular. En la variante A de Bénichou se percibe la contradicción y el verso 8, reza: «de eyos quedan en Almería»; sin embargo, más tarde (verso 34) se ha olvidado ya la rectificación introducida y la variante coincide con la norma del romancero marroquí: «¿Quién te me diera en mi tierra / y en la tierra de Almería?» Una versión que poseo de Alcazarquivir es muy próxima a la tetuaní, pero en la localización geográfica dice sistemáticamente Almedina.
15
Por ejemplo, en una versión que recogí en Tetuán del romance de Rosaflorida y Montesinos, se puede ver conde Sino. (v. 15), junto a Montesinos (vv. 23 y 50).
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RFH, VI, 117-121.
17
Los 3039 versos franceses son 69 en el romance español.
18
Las complicaciones a que da lugar este ilógico planteamiento han sido estudiadas por BÉNICHOU, op. cit., 118 ss.
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Cuenta el texto francés que en una cabalgada de moros por las tierras de la Galia, fue cautivada una hermosa dama que había quedado encinta. El rey moro ofrendó este preciado botín a su propia esposa. Reina y cautiva tuvieron el fruto de sus matrimonios en un claro día de Pascua: Flores se llamará el hijo de los paganos; Blancaflor, la hija cristiana. Después, la historia de los dos niños va unida hasta que el amor se manifiesta. Entonces los reyes moros temen por su hijo y buscan la cura en el olvido. Con la lejanía se aumentan las tristezas. Flores vuelve de su destierro y en la vida familiar se intenta fingir la comedia de la muerte de Blancaflor. El príncipe marcha a Babilonia con ánimo de poner fin a sus penas, pero un día, mientras jugaba al ajedrez, Flores tiene noticia de Blancaflor. En Babilonia se encuentran; después de unas complicadas historias, los enamorados se pueden casar. Flores es proclamado rey de Bulgaria y Hungría, y, gracias a Blancaflor, se convierte al cristianismo. Por si algo faltaba, el autor nos pone al corriente de la genealogía de Carlomagno: nuestros dos héroes fueron padres de Berta la de los grandes pies y abuelos del emperador.
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Me remito a BÉNICHOU, 359, a los romances compuestos de mi colección (La bella en misa + Vergicos, Gerineldo + La boda estorbada, El Palo + La infanta deshonrada, Mira Zaide + Gallardo pasea Zaide, Por las almenas de Toro + Zaide) y a las contaminaciones (Rosaflorida y Montesinos, Melisenda, Vergicos, Amantes perseguidos, Zaide, Flérida, etc.). Vid. también MENÉNDEZ PIDAL, Poesía popular y romancero, RFE, II, p. 106.