«Chinatown», el último Polanski
Sergio Ramírez
Al estrenarse este mes en Europa el último de los filmes del director Román Polanski, Chinatown, las aclamaciones se suceden una tras otra y se saluda a la película como una obra maestra de un género hartamente comercializado, el de detectives. Como Chinatown se verá de seguro muy pronto en Centroamérica (Faye Dunaway, John Huston, Jack Nicholson y el propio Polanski en los papeles estelares) juzgamos que será atractivo para el lector confrontar las propias opiniones del director tanto sobre esta película como sobre su carrera cinematográfica, y para esto traducimos a continuación la entrevista que Der Spiegel le hace en su edición del 16 de diciembre, en sus partes más importantes:
¿Qué es para usted el cine?
Eso es difícil de responder. Igual se me podría preguntar qué significa para mí mi brazo derecho, o mi nariz. Para mí el verdadero cine se consigue a través de una película que tenga un carácter bien determinado, que sea visual y dramáticamente peculiar. Un objeto que casi pueda tocarse, agarrarse, como puede suceder con una escultura. La atmósfera es para mí lo más importante de un film. Desde muy al comienzo me fascinaron los ambientes, las atmósferas que emanan de un lugar o son creadas por una persona, especialmente aquellas que se encuentran en una situación tensa in crescendo, como a través del terror por ejemplo...
¿Cómo llegó al cine?
Durante la ocupación se pasaban en Cracovia películas norteamericanas, que yo no pude ver; al pequeño niño que yo era entonces esos filmes le pasaron totalmente desapercibidos. Cuando implantaron el gueto, ya no podíamos ir más al cine. Pero los nazis exhibían afuera, delante del muro, en una plaza del mercado, noticieros de propaganda. Encontré a través de las alambradas un lugar desde el cual podía verlos. Tan pronto como logré salir del gueto, me dediqué a vender periódicos y así ganar dinero para ir al cine. En los cines pasaban entonces películas de la UFA y los nazis querían que los polacos las vieran; pero para los polacos era antipatriótico ir. En las paredes de los cines se leían frases como «sólo los cerdos van al cine». Pero a mí me era igual, yo lo que quería era ir al cine, que m... estaba realmente poseído.
¿Cómo llegó a realizar Chinatown?
Yo siempre quise hacer una película de detectives. Como todos aquellos que aman el cine, me encantan las películas de detectives de Hollywood, los libros de Chandler y Hammet -que son mejores que las películas que después se han hecho sobre ellos-. No obstante, mucho tiempo vacilé sobre si debía volver o no a Hollywood porque no me encontraba preparado para el regreso... bueno, ya se sabe todo lo que pasó. Pero a toda costa yo quería hacer esta película y me sobrepuse a mí mismo.
¿Le fue difícil?
Sí, pero no tanto por causa de Hollywood, sino porque muy pronto quedé claro de que Chinatown no me sería fácil de rodar. Estaba además poseído por un afán de precisión y debí ponerle coto a mi fantasía.
¿Cómo se le ocurrió el título Chinatown? ¿Debido a que la película tiene por escenario final el barrio chino de Los Ángeles?
No. El film se llamó desde el principio Chinatown, aún cuando ni siquiera sabíamos que la escena final iba a rodarse en el barrio chino. El título responde enteramente a la atmósfera del film, por lo misterioso. El detective ha experimentado en el pasado, en ese barrio chino, algo aparentemente importante y terrible para él: la muerte brutal de una mujer. Ahora encuentra a otra mujer que algo de amenazador tiene y por impenetrable, se comporta de alguna manera, a lo chinesco. Chinatown es entonces básicamente esa mujer, ante la cual el detective Gittes no sabe a qué atenerse. A la par que una historia detectivesca, que una historia de corrupción social, el film es, en forma muy clara, la historia misteriosa de un hombre y una mujer.
¿Cómo resultó entonces esa escena final en el barrio chino?
Al principio teníamos muchas ideas para el final, pero ninguna me satisfacía. Solamente estaba claro que la heroína sería muerta a tiros por la policía, por una equivocación. El final, tal como puede verse ahora, no lo escribí sino antes de rodarlo. Simplemente tenía el presentimiento de que la película iba a terminar en el barrio chino. Chinatown, ya será entonces la mujer o el lugar, encarna el destino del detective, ineludible.
¿Es cierto que usted rompió con el guionista a causa del final?
Sí. Él quería a toda costa que el malo, el viejo Noah Cross, muriera al final, que fuera muerto a tiros por Faye Dunaway. Yo encontraba eso muy romántico, se me presentaba como una suerte de happy end tramposo. Más bien yo quería un final trágico totalmente, que Faye Dunaway muriera en forma absurda y que su padre, el malo con el cual lucha en torno al hijo incestuoso de ambos, se escapara, como en la realidad sucede con los malos la mayoría de las veces.
En Chinatown el detective se pone sobre la pista de un escándalo político, manipulaciones fraudulentas con los servicios de agua potable de Los Ángeles; y además descubre que la heroína tiene relaciones incestuosas con su padre, el cual está detrás de todo el affair del agua. ¿Qué es más importante para usted en la película? ¿El incesto o el escándalo del agua?
El incesto, ese es el motivo real de la catástrofe al final; y me siento un tanto descontento de que la historia del incesto no aparezca más realzada. Esos chanchullos súper capitalistas no levantan roncha a nadie. Pero el incesto, ese escándalo privado, que una mujer tenga un hijo de su padre, eso sí es de verdad excitante... el argumento no lo permitía, lástima.
Aunque Chinatown es una película de Hollywood, no da la impresión de ser norteamericana...
Afortunadamente. Yo quería hacer una película de Polanski. Hollywood toma a sus héroes muy en serio y la mayoría de las veces los presenta monodimensionales y gastados. Eso me aburre. Es mucho más emocionante tener figuras diferenciadas, desmembradas, como en Chinatown, personas con profundas debilidades humanas y a las cuales la perfección no les es sin embargo antipática...
¿Es la película una especie de comentario sobre Norteamérica?
No ha sido hecha para decir algo sobre Norteamérica, pero refleja de todos modos la situación, la clase de intrigas y escándalos que allá se dan, lo mismo que en otras sociedades basadas en el poder y el dinero. Una película que no toque a la sociedad o a nosotros, sería perfectamente vacía. Si Chinatown no hubiera tenido esas cualidades morales y críticas, no la hubiera hecho...
En las películas de Hollywood se tiende hoy en día a acentuar la brutalidad; su película, por el contrario, parece ser muy conservadora en este sentido.
La violencia que tanto se muestra hoy en el cine, me aburre; las más de las veces me resulta infantil, estúpida por inhumana. El cine debe enseñar que tanto la persona víctima de la violencia, como la que la práctica, son determinados seres humanos y no simples fichas de un juego o algo parecido. Debe dejarse en claro que algo precioso, amado, se hiere o se aniquila. Eso -así lo espero- queda claro en Chinatown.
Pero, ¿se siente fascinado por la violencia?
No. Me interesa, tiene que interesarme como la manifestación humana de mayor gravedad, como el shock más profundo, como un hecho misterioso y de alguna manera inevitable. Para mí la violencia no representa ninguna novedad, es una experiencia de mi existencia. Cuando tenía ocho años, fui asaltado y robado en Cracovia. Alguien me dio con una piedra envuelta en un periódico y por poco me arranca la tapa de los sesos. Cinco veces me golpeó, muy duro. Cuando volví en mí descubrí cómo la sangre corría sobre mis ojos y sobre mi cara y desde ese día, cada vez que me pongo bajo la ducha y el agua cae sobre mí, entonces puedo sentir la sangre, sentirla cómo corre...
Berlín, diciembre 21 de 1974.