«Todo el tiempo que a que estoy captivo en este Argel, que son tres años y ocho meses lo conozco [a Cervantes] y he comunicado y tratado muy a menudo y familiarmente» («Información de Argel» -supra, n. 31- pág. 393).
Parreño, «Experiencia y literatura en la obra de Antonio de Sosa», en su ed. del Diálogo de los mártires de Argel, pág. 22.
«El cautiverio en la obra cervantina,» en Homenaje a Cervantes, ed. Francisco Sánchez-Castañer (Valencia: Mediterráneo, 1950), II, 239-56, en la pág. 239. Sobre este tema versan las ponencias incluidas en La huella del cautiverio en el pensamiento y en la obra de Miguel de Cervantes (Madrid: Fundación Cultural Banesto Instituto Internacional de Teatro del Mediterráneo, 1994).
Crónicas sarracinas (Barcelona: Ibérica, 1982), págs. 60, 61.
Dos de los ocho caballeros españoles que no se salvaron del viaje a Constantinopla aquel día volvieron a Argel y eran rescatados por el padre Gil en otra ocasión (Domingo de la Asunción -supra, n. 13- pág. 174, n. 1).
Véase Parreño, pág. 20.
Véase Juergen Hahn, «El capitán cautivo. The Soldier's Truth and Literary Precept in Don Quixote, Part I», Journal of Hispanic Philology, 3 (1979), 269-303.
Luis Andrés Murillo, «El Ur-Quijote, nueva hipótesis», Cervantes, 1 (1981), 43-50.
También habrá sido tema de las perdidas Batalla naval y Trato de Constantinopla. El tema de los moros está también presente en La casa de los celos y forma parte del fondo de La Numancia. Véase mi «¿Por qué volvió Cervantes de Argel?», en prensa en las Essays in Golden Age Literature Presented to Geoffrey Stagg on his Eightieth Birthday.
Véase la nota anterior. Según Ciriaco Morón Arroyo, «La historia del cautivo y el sentido del Quijote», Iberoromania, Neue Folge, 18 (1983), 91-105, «la cárcel en que se engendró el Quijote fue el cautiverio de Argel» (pág. 102).