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Tengo en cuenta aquí la distinción de Gilvert HIGHET, The Anatomy of Satire, Princeton, Princeton University Press, 1962, entre parodia formal (basada en la imitación del estilo) y parodia material (mantiene su forma, pero su contenido disuena por lo inapropiado de la forma).
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Hablo sólo de parodias sobresaturadas («alotextos óptimos»
en la acepción de G. GOLOPENTIA, «Grammaire de la parodie», Cahiers de linguistique théorique et appliquée, VI, 1969, pp. 167-181) que ocupan y conforman al poema entero, sin detenerme siquiera en las parodias de detalles («alotextos mínimos»
), en las que el influjo del Romancero tradicional, degradado, resulta evidente, como en el Coloquio que tuvo con la Muerte un médico estando enfermo de riesgo, A un desafío que tuvo el dicho Corcovado con otro cirujano tuerto, sobre salir discordes en una junta, o Habiendo presentado un memorial el doctor Machuca[,] en que pretendía que la semilla de los pepinos se destruyese por ser nociva esta fruta a la salud de indios y españole[s] se responde en este memorial. Los versos que cito a continuación son reflejo pálido del romance cidiano De cómo el Cid fue al palacio del rey la primera vez, en que los trescientos hijosdalgo truecan los vestidos de gala por trajes de campaña y las mulas por caballos: «Cambien mulas por caballos, / pinzas por estoques finos, / parches por adargas, pues / los ponen por defensivos; / jeringas por carabinas, / golillas y guantes ricos / por golas y por manoplas»
.
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No debemos olvidar que una de las convenciones de la sátira consiste en presentar como «reales» las representaciones del mundo que ofrece y que, sin embargo, éstas «están ancladas en ideologías pretextuales»
, como ya señalara Lía SCHWARTZ LERNER, «Formas de la poesía satírica en el siglo XVII: sobre las convenciones del género», Edad de Oro, VI, 1987, pp. 215-234. Para este punto concreto, p. 218.
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«[...] he visto aqueste tratado / todo de fin a principio / y burlas más veras nadie / con tal propiedad ha escrito»
(vv. 149-152).
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Un buen ejemplo de lo afirmado lo encontramos en el romance Loa en aplauso del Doctor Machuca por haber curado a una prima del autor con tan mal efecto que la mató, como a todos los que curaba, cuando Caviedes abandona el ataque despiadado con que lo inicia («Cruel verdugo, inhumano»
) y el tono solemne con el que distingue al buen médico y docto del malo e indocto, para volver al tono jocoserio que ha elegido para su poemario: «Pero vuélvome a las burlas / (que hablar contigo de veras / es mucho aprecio y parece / que salgo de la materia) / porque las cosas que son / risibles, más las pondera / el gracejo, que las dice / lo serio de las sentencias»
(vv. 85-92). Otro ejemplo puede verse en Habiendo enfermado el autor de unas tercianas le ordena un médico nombrado Llanos que se sangrase del tobillo, que bebiese a todas horas agua de nieve y horchatas, que se echase ayudas temperantes y él lo hizo todo al revés y sanó en cuatro días, lo que se celebra en este Romance (vv. 57-60).
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Éste es, a mi juicio, el sentido con el que debemos interpretar la recriminación de D. Jerónimo de Monforte y Vera a su condiscípulo, D. Mathías de Escobar, para que abandone el camino de la sátira, por lo que conlleva de «estilo bajo»
y «de desnuda locura»
ante el vulgo, que la divulga soezmente y la desvirtúa, y no la pretendida locura de Caviedes, de la que se hicieron eco Vargas Ugarte, Lohmann Villena y García-Abrines. El texto en cuestión, interesante por muchos conceptos, concluye: «La Virtud, tocando en entierro, passará por Vizio; pues vm. es tan liberal con todos no sea avaro consigo, que si la charidad ordenada a de comenzar por sí mismo para exercitar sus obras en tan abundantes consejos, justo será de las que se reparten al próximo, apropiarse algunos. No revolvamos historias, no acumulemos erudiciones, que ya sé lo que vno y otro a Vm. enfada, porque no pudiendo alcanzarlas (como la zona a las vbas) dize Vm. que están verdes. No busquemos el desastrado fin de tanto tráxico satirizante de la antig[ü]edad, pues tenemos tan cerca el moderno e infeliz de Caviedes que divirtiendo a tantos con su mordazidad, a nadie compadecía con su locura, saliendo desnudo por los campos a publicarla, y si Vm. prosigue en su comenzada imitación, antes de mucho a de salir en camissa a la Plaza por pescado frito, que no es buena copia»
, Ms. 512 Bibliothèque Nationale de Paris, «Fonds espagnols»: Obra de Charidad que D[o]n Ger[óni]mo Monfort en descue / ento de sus passadas culpas Poéticas (ya arrepentido) exer / çita con la obstinación de D. Mathias de Escobar de gloriossa / Sátira /// , en Consejos que da Fran[cis]co el Viejo a Pedro el Mozo (actualmente Espagne S-72), ff. 5-9. Para el fragmento concreto, ff. 7v.-8r.
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Es posible que este recuerdo llevara a Caviedes a componer con una forma externa dramatizada algunos de sus poemas, como Causa que se fulminó en el Parnaso contra el Doctor Don Melchor Vásques por haberle tirado un carabinazo al médico tuerto en un muladar, que se compone de querella, proveimiento, información, mandamiento, diligencia, depósito, auto, descargo y sentencia; o el Coloquio que tuvo con la Muerte un médico estando enfermo de riesgo y la Respuesta de la Muerte al médico. Aunque considero más probable su filiación directa con el entremés, como parecen reflejar su Baile entremesado del Amor Alcalde, su Baile cantado del Amor Médico y su Baile del Amor Tahúr. Y ello sin olvidar que en la poesía satírico-burlesca de Quevedo se da también un buen número de locutores burlescos (aunque no tantos como en la poesía de Caviedes).
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Lo mismo ocurre en el poema Los efectos del Protomedicato de Don Francisco de Bermejo [escritos] por el ánima de Don Francisco de Quevedo. Descontando el homenaje a Quevedo que supone hacer a su ánima autor de este romance, me interesa señalar en estos momentos el modo de hablar por el «potroverdugo»
Bermejo, cuando subraya sin eufemismos la verdadera actuación de los médicos durante el examen de los «practicantes novicios»
.
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En su contestación la Muerte acepta el trato que el médico le ofrece con la condición de que sus hazañas igualen, no a los «curanderos»
que ha citado (con lo que rebaja la categoría de los cirujanos limeños a la de simples curanderos), sino a los «doctores graves»
de Lima. Ello le permite ridiculizar a los autores de las mismas.
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No es inusual el insulto en la poesía de Caviedes, especialmente en las invectivas (como tampoco lo es en la poesía barroca hispana), entre las que las dedicadas al Doctor Machuca ocupan una buena parte.