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31

Este movimiento renovador tiene su correlato físico-matemático en el grupo de científicos españoles que a mediados del siglo XVII rompe con los esquemas tradicionales de la Física, la Astronomía y la Matemática y asimila sistemáticamente los principios de estas ciencias modernas (José María LÓPEZ PIÑERO, Ciencia y técnica en la sociedad española de los siglos XVI y XVII, Barcelona, Editorial Labor, 1979, pp. 371-455). En América tiene su más digno representante en el novo-hispano don Carlos de Sigüenza y Góngora. Véase al respecto, Antonio LORENTE MEDINA, La prosa de Sigüenza y Góngora y la formación de la conciencia criolla mexicana, Madrid, FCE y UNED, 1996, pp. 60-62.

 

32

J. M. LÓPEZ PIÑERO, Medicina moderna y sociedad española (Siglos XVI-XIX), Valencia, Cátedra e Instituto de Historia de la Medicina, 1976. Interesan especialmente «La doctrina de Harvey acerca de la circulación de la sangre en la España del Siglo XVII», pp. 131-148, y «La Carta Filosófica, Medico-Chymica (1687) de Juan de Cabriada, manifiesto renovador de la medicina española», pp. 177-185.

 

33

Véase JUAN B. LASTRES, El pensamiento de William Harvey en la medicina peruana, Lima, Editorial San Marcos, 1957. Especialmente los capítulos 6 («Federico Bottoni», pp. 63-74) y 7 («La obra de Harvey en la Universidad de San Marcos», pp. 75-98).

 

34

Luis SÁNCHEZ GRANJEL, El ejercicio de la medicina en la sociedad española del siglo XVII, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1971. Para este párrafo, p. 8.

 

35

L. S. GRANJEL, op. cit., p. 43.

 

36

El Romance jocoserio a saltos, al asunto que él dirá, si la preguntaren los ojos que quisieren leerlo es una muestra excelente de que el arsenal crítico de Caviedes contra los médicos procede de sus abundantes lecturas y de que en ellas encuentra establecido un código retórico, que no tiene más que aplicar sistemáticamente. Lo original en él es la intensificación de motivos satíricos y el que los destinatarios sean personas conocidas y perfectamente identificables de la sociedad limeña.

 

37

Véase sobre todo L. SÁNCHEZ GRANJEL, «La figura del médico en el escenario de la literatura picaresca», en Capítulos de la medicina española, Salamanca, Instituto de Historia de la Medicina española, 1971, pp. 225-255, que recoge testimonios de los autores arriba citados en una serie más ambiciosa de lo que sugiere el título del trabajo. Es también de utilidad el libro de Yvonne DAVID-PEYRE, Le personnage du médecin et la relation médecin-malade dans la littérature ibérique XVIe et XVIIe siècle, París, Ediciones Hispano-Americanas, 1971 (caps. IV y V, 2.ª parte), quien reconoce su deuda intelectual con Sánchez Granjel en el Preface del libro.

 

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No es de extrañar por eso que la crítica se haya fijado en este apartado. El primero en escribir, someramente, sobre el influjo de Quevedo en Caviedes fue Emilo Carilla, El gongorismo en América, B. Aires, Facultad de Filosofía y Letras, 1946, pp. 97-99) Quevedo. (Entre dos centenarios), Tucumán, Universidad Nacional de Tucumán, 1949, p. 229; y La literatura barroca en Hispanoamérica, N. York, Anaya, 1972, p. 83. El segundo y con mayor intensidad, Giuseppe BELLINI, «Quevedo in America: Juan del Valle y Caviedes», en Studi di letteratura ispano-americana. Milano, Instituto Editoriales Cisalpino, 1967-72, I, pp. 129-145. Y el último Jesús SEPÚLVEDA, «Aspectos estilísticos de la influencia de Francisco de Quevedo sobre Juan del Valle y Caviedes», en las actas del congreso Italia, Iberia y el Nuevo Mundo, Roma, Bulzoni Editore, 1997, pp. 117-135. Sepúlveda demuestra con agudeza la «matriz quevediana» de la técnica de construcción en la poesía de Caviedes, y que Quevedo «no fue sólo una fuente de motivos y de imágenes satíricas»; sino que supuso la adopción de un estilo y «el estímulo adecuado» para acendrarlo. El lector interesado encontrará numerosas notas, aclaratorias y sugerentes, en la edición que manejamos.

 

39

A ello se refiere G. BELLINI, op. cit., (1967), pp. 129-145, cuando afirma que ambos autores plasman (con la necesaria deformación artística) lo que observan en las sociedades de sus respectivas épocas: «[sobre Lima] in cui perduravano, e tal volta accentuate, le condizioni morali che già Quevedo aveva condannato per la Spagna del suo tempo» (pp. 129-130),

 

40

Cito por la edición de los Sueños de Mercedes Etreros, Barcelona, Plaza y Janés, 1984. Sueño del Infierno, p. 131. Otro ejemplo, excelente y terrible al mismo tiempo, de laconismo nihilista lo constituye el soneto que comienza: «La vida empieza en lágrimas y caca».