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Este trabajo constituye el capítulo II de un libro que aparecerá próximamente con el título de Realidad histórica y tradición literaria en la obra poética de Valle y Caviedes.

 

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Aclaro que en este capítulo retomo ideas esbozadas en «La parodia en los preliminares de la obra poética de Don Juan del Valle y Caviedes» (Ex Libris. Homenaje al Profesor José Fradejas Lebrero, Madrid, UNED, 1993, t. I, pp. 373-382), en la medida en que me siguen pareciendo útiles.

 

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Rehúso a entrar en la distinción entre sátira y burla establecida por algunos críticos (R. JAMMES, La obra poética de Don Luis de Góngora y Argote, Madrid, Castalia, 1987, pp. 31-38 y más exactamente, pp. 33-35), con su correlato mantenimiento de valores establecidos/contravalores, por diversas razones. La primera, por la «indeterminación de la sátira», como ya especificara M. HODGART (La sátira, Madrid, Guadarrama, 1969, pp. 8-9), a la que caracteriza por la risa y la indignación, más un elemento esencial de fantasía. La segunda, porque la contaminación entre una y otra hace inviable una separación tajante. Al respecto, conviene recordar que los preceptistas áureos denunciaban ya la desviación de la práctica literaria de sus coetáneos, que a menudo sólo buscaban la risa lasciva o la mala y mordaz murmuración. Y la tercera, porque Jammes no tiene en cuenta que la glorificación de los antivalores expresados en la burla se hace también en tono burlesco y olvida las condiciones de enunciación y el papel esencial del personaje locutor (a quien no se debe confundir nunca con el autor), la ambigüedad del destinatario y la elección del registro literario, como le matizara IGNACIO ARELLANO, en su libro Poesía satírico burlesca de Quevedo (Pamplona, Ediciones de la Universidad de Navarra, S. A., 1984, p. 25). La realidad es que la relación entre lo satírico y lo burlesco es contradictoria y que el carácter «adoctrinador» y lo «lúdico-estético» pueden formar parte -y de hecho es lo frecuente- de un poema con distinta intensidad. Un intento de distinguir la sátira de la literatura burlesca lo puede encontrar el lector en Antonio PÉREZ LASHERAS, Fustigat Mores. Hacia el concepto de la sátira en el siglo XVII, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, pp. 138-182.

 

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Fundamentalmente GLEN L. KOLB, (1959); Daniel R. REEDY, (1964); María Leticia CÁCERES, (1975); Luis Jaime CISNEROS, «Estudio crítico», en Obra completa, cit., (1990), pp. 95-210; Lucía Helena COSTIGAN, A sátira e o intelectual criollo na Colônia. Gregorio de Matos e Juan del Valle y Caviedes, Lima-Pittsburgh, Latinoamericana Editores, 1991; y Paloma CALVO VILLANUEVA, El universo satírico de Juan del Valle y Caviedes, An Arbor, Michigan, UMI Dissertation Services, 1996 (en realidad, diciembre de 1993).

 

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Si exceptuamos la breve indicación de Raúl H. CASTAGNINO, «Parodia, agresividad, humorismo y sátira en la poesía de Juan del Valle Caviedes», en Escritores hispanoamericanos desde otros ángulos de simpatía, B. Aires, 1972, pp. 57-73, sólo el artículo citado en la nota n.º 1 aborda sistemáticamente este aspecto. En cuanto a la indicación de Castagnino, es la siguiente: «Diente del Parnaso revela lo que podría denominarse 'voluntad de llegar a ser libro', así como numerosas muestras del aspecto humorístico, irónico y paródico, junto al satírico e hiriente, como lo manifiestan la burla abusiva de las excesivas dedicatorias para la consecución de la impresión del libro» (p. 63).

 

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A su acepción de juez de primera instancia hay que unir, entre otras posibles acepciones (como la de «bajo, vulgar y de poca estimación») la de correo semanal y la de «cómplice» en el lenguaje forense, con lo cual se mantiene una correlación semántica y compositiva con la Tasa.

 

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Aunque es cierto que la Fe de erratas se prestaba menos que otros preliminares a la burla -las Aprobaciones, por ejemplo-, también fue parodiada en el Barroco español. Así, la Fe de erratas del Discurso astronómico general, desde el año de 1683 hasta el fin del mundo, de un tal Bachiller Carambola, recuerda por su estructura traslaticia a la de Valle y Caviedes: «Donde dize Cúspide, diga escupe; donde dize deliquios, di azuzayfa; por libra, di quarterón,...» (Tomado de José Simón DÍAZ, El libro español antiguo: análisis de su estructuro, Kassel, Edition Reichenberger, 1983, p. 125, quien lo reseña en su Bibliografía de la Literatura Hispánica, Madrid, CSIC, 1967, t. VII, p. 444. Entrada n.º 4634).

 

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Cito siempre por la edición de Luis GARCÍA-ABRINES CALVO, Diente del Parnaso, Jaén, Instituto de Estudios Jienenses, 1993, p. 130. Las palabras resaltadas son mías.

 

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«Y habiendo escrito este corto / cuerpo de libro, que logra / título de cuerpo muerto / pues vivezas no le adornan, / por cuerpo muerto y tratar / de Médicos, que es historia / fatal de vuestros soldados, / lo dedico a vuestra sombra. /// Amparadle, y si algún tonto / censurare aquesta obra, / matádmele con albarda, / que es la muerte que le toca» (p. 140). Como simple curiosidad subrayo el doble sentido de los versos «título de cuerpo muerto, / pues vivezas no le adornan» con el que juega Caviedes: por un lado, con la idea de muerte implícita en 'cuerpo muerto'; por otro, con la idea de poesía buena para ser oída, pero mala para ser leída, pues carece de «vivezas». Recordemos en este sentido el fragmento de Lope que recoge Margit Frenk, en su artículo «"Lectores y oidores". La difusión oral de la literatura en el Siglo de Oro», en Actas del Séptima Congreso Internacional de Hispanistas, Venecia, 1980, vol. I, pp. 101-123: «que entre leer y escuchar / hay notable diferencia, / que aunque son voces entrambas, / una es viva y otra es muerta».

 

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Es verdad que el Parecer es el menos formalista y rutinario de los elementos de origen legal, como ya señalara Simón Díaz en 1983 (pp. 99-113; y mis exactamente, p. 99), y que no es infrecuente su parodia en el siglo XVII. El mismo Quevedo, modelo indiscutible de Valle y Caviedes, colocó dos Aprobaciones burlescas al frente de sus Sueños (1627). Pero no es menos cierto también que el censor de Caviedes resulta un personaje verdaderamente insólito -un esqueleto-, así como que su Parecer está estrechamente unido, temática y estructuralmente, a los otros dos grandes poemas de sus preliminares: la Dedicatoria y el Prólogo. Y eso supone una voluntad paródica indiscutible, a la vez que una profunda cohesión temático-estilística. Como simple curiosidad bibliológica, quizá convenga recordar que en México -y por posible extensión en el resto de América- es bastante usual la utilización del término «Parecer» (o «Sentir»), en vez del más frecuente de «Aprobación».