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Volumen 7 - carta nº 241

De JUAN VALERA
A   MARCELINO MENÉNDEZ PELAYO

Legación de España en Washington. D.C., 11 junio 1885

Mi querido amigo D n Marcelino: Hasta hace tres días no llegó á mi poder la carta de Vd., fecha 22 de abril, que me trajo Fernández Shaw. Él pensaba venir á esta ciudad á entregarme la carta y á hacerme una visita; pero los pícaros dineros, sin duda, no alcanzaron para tanto, y el joven trovador errante se quedó buscándolos por Nueva York y me remitió la carta por el correo con otra suya muy fina.

Como no le conozco bien, no sé qué augurar de su venida y planes. Sólo diré que, si él es listo, activo y hombre de alguna ilustración, tal vez haga negocio. Dadas tales condiciones, su plan es atrevido y peligroso, pero no desatinado. Ferrer de Canto era un animal é hizo papel y fortuna por aquí. El actual director de Las Novedades es un pobre diablo, cajista de la imprenta, y también se ha elevado y armado. Fernandez Shaw, por consiguiente, puede esperar mas, si le sopla viento favorable. Yo creo que hasta con solo la literatura, sin meterse en política, se pueden ganar en Nueva York dineros.

Los yankees, según creemos por ahí; ó mejor dicho, contra lo que creemos por ahí, no son un pueblo exclusivamente anglosajón: son una mezcla de todo y por lo tanto con  espíritu cosmopolita, abierto á toda doctrina, á todo sentimiento, á toda idea y á toda poesía.

Claro está que prevalece el idioma inglés y que la inmensa literatura inglesa, acrecentada con lo mucho que aquí se escribe, es hoy el pasto espiritual de todos. Aquí se lee poquísimo en francés y casi nada en alemán, italiano y otros idiomas; pero en inglés se imprime, se publica, se vende y se lee muchísimo, y yo tengo mil razones para creer que, si fuéramos mas hábiles los españoles y lográsemos con buenos libros y buenas impresiones inspirar la afición, habríamos de tener aquí los que escribimos ó hemos escrito en España gran auditorio y rico mercado. La decadencia en que hoy están las letras en Francia nos ayudaría bastante á esto.

Una de las cosas que Fernández Shaw, ú otro que sea capaz, si Fernández Shaw no lo es, pudiera hacer aquí, á mi ver, con éxito casi seguro, era convencer á Appleton, ú a otro editor rico, de que conviene publicar una serie de tomitos de autores españoles baratos , á medio duro el tomo. El que hiciese esto, con algún resuello para esperar a que se cobrase aficion y se vendiese, doy por evidente que se enriquecería aquí. Yo voy más lejos aún en esta predicción condicional; esto es, si fuésemos hábiles. Yo creo que, al cabo de poco tiempo, podría haber aquí tal público para los libros españoles, que un autor español, como hacen los ingleses, sin tratado de propiedad literaria, trataría directamente con editores de aquí y haría aquí sus ediciones para América. Pronto habrá en esta República 60 millones de almas, y la lengua más difundida, sobre todo en el sur y en el oeste, después de la inglesa, es la española. En el oeste y en el sur se lee muchísimo: más que aquí, porque no se gasta el tiempo en tertulias, bailes, teatros y otras diversiones.

Hasta á los negros, que son ya cerca de ocho millones, les da por meterse á literatos.

En suma, esto tiene mucho que hablar, y yo hoy no estoy de humor de escribir mucho. Escribo á usted para que no se tarde mi contestación á su carta, pero reservo para otro día el escribirle extensamente.

Estoy avergonzado de mi esterilidad ó de mi flojera; siempre me propongo vencerla y volver á escribir para el público; mi esperanza de hacer aún unos cuantos libros menos malos que los escritos por mí hasta la presente, no acaba de abandonarme. Siento que allá en el centro de mi espíritu, hay un almacén, revuelto y confuso, de tela ya cortada, para coser y formar con ella no pocos escritos, que no quiero que se me queden ocultos y embuchados en mí cuando me lleven á la sepultura.

Lo primero que tengo que hacer es esa negra carta-prólogo á usted, á fin de que mis versos se publiquen.

Estoy traduciendo yo mismo al inglés mis Cuentos y diálogos , á ruegos de la Miss más sabia y más desatinada y extravagante que se puede imaginar. Ella va á corregir y pulir mi traducción, y si sale bien, acaso la imprimamos.

Tengo tantas cosas que decir á usted y sobre tantos asuntos, que se atropellan al salir y no salen.

Será menester irlas poniendo en varias cartas, de las cuales será ésta como correo volante que anuncia las otras y rompe el hielo que mi flojera en escribir había puesto en el camino.

No sólo he recibido, sino que he leído con gusto y con interés y admiración dos tomos más de la Historia de las ideas estéticas en España. No dejo tampoco de sentir envidia cuando leo las obras de Vd.; pero envidia dulce, porque le quiero a Vd. y me gozo en su triunfo, como si fuera mío, al notar su facilidad para el trabajo, su claridad maravillosa para exponer las doctrinas y su elevación e imparcialidad para juzgar de todo. Cada día veo más brillante la gloria de Vd. y más me alegro de ello.

De salud estoy bien, y si me cuido y no hago disparates, podré vivir algunos años y volver por ahí para que nos veamos á menudo y nos hablemos ó comuniquemos las impresiones.

Acaso, cuando llegue esta carta, se hallará usted ya en Santander veraneando. Dondequiera que esté, escríbame, que yo escribiré en adelante con más frecuencia y cartas menos desaboridas que ésta que hoy escribo.

Le quiere a Vd. de corazón su afmo.

J. Valera

 

Valera-Menéndez Pelayo. p. 213-216.