Volumen 8 - carta nº 477
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De JUAN VALERA |
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A MARCELINO MENÉNDEZ PELAYO |
Spa, 18 agosto 1887
Mi querido amigo Menéndez: Muchos días ha que recibí la carta de Vd. del 7. No he contestado antes porque la recibí el día mismo en que emprendí un viaje muy ameno, que duró hasta ayer, en que volví a Spa.
Con mi mujer, mis chicos, Correa, madame Bauer, tres de sus hijos y dos de sus sobrinos, hemos estado en Aquisgrán, Colonia, Bonn, Drachenfels, Bingen, Wiesbaden, Francfort, Heidelberg y otros puntos. Hemos aprovechado bien el tiempo. Nada se nos ha quedado por curiosear; pero vuelvo rendido, si bien notablemente mejor de salud.
Ahora será ocasión de sacudir la pereza y de imitar a Vd. en lo activo, ya que no en lo fecundo.
Mi primer artículo sobre el libro de Oliveira Martins está casi terminado. Pienso escribir tres, y muy extensos, sobre el asunto. Me lisonjeo de que ha de convenir Vd. conmigo en lo que voy diciendo y he de decir.
Mi artículo sobre el último libro de Fastenrath aun no ha salido en la Revista de España, y no sé por qué. Sentiré que me lo hayan perdido.
Mi hijo Luis no está matriculado al primer año de Derecho. Yo no sé por qué entendí yo que la matrícula podía hacerse en cualquiera tiempo, antes de presentarse a examen. Sentiré haber entendido mal y que al chico se le siga un perjuicio. Si aun es posible, matricule Vd. a Luis en cuanto llegue Vd. a Madrid, y dígame cuándo debo ir con él para que se examine. Él es listo, pero estudiaba poco, y ahora estudia menos, encantado por una Armida rusa que le ha tomado por su cuenta. No deje Vd. de hacer lo que pueda en esto de Luis, pues no quiero que pierda el año. Yo le llevaré a examinarse.
En casi todas las estaciones de ferrocarriles alemanes he visto de venta Las ilusiones del Doctor Faustino, traducidas por Lili Lauser, y también El niño de la bola, de Alarcón, bajo el título de Manuel Venegas.
A Fastenrath no le vi al pasar yo por Colonia. Él andaba viajando en el Tirol y en Suiza. En cambio, en Bingen acudió a verme un alemán hispanófilo, llamado... veo ahora con pena que he perdido la tarjeta suya que él me dió. El hombre me habló en español corriente y se mostró muy enterado de toda nuestra literatura, aunque no me pareció más avisado que Fastenrath. Si no recuerdo mal, se llamaba el doctor Mor Levin.
Entre los libros populares, que se venden a marco (5 reales v. n ) en las estaciones, he visto y comprado un florilegio de versos españoles traducidos en verso alemán, desde el Poema del Cid hasta Bécquer. Trae biografías de todos los poetas de que pone versos, y una Introducción, titulada Geist und Entwicklung der spanischen Poesie, por Julio Hart. Es un compendio de la historia de nuestra poesía hasta hoy. Entre los novísimos nos cita a Alarcón, a Trueba, a Pérez Galdós y a mí. Claro está que el autor comprende, bajo el nombre de Poesía, toda obra de imaginación.
Yo creo que en estas colecciones baratas y populares irán traduciendo al alemán muchos de nuestros libros.
Para escribir yo, y no desisto de ello, otra carta a doña Emilia Pardo Bazán acerca de la novela rusa, estoy leyendo algo de Turguenieff y de Tolstoy. Casi todo lo ruso de algún valer está bien traducido en alemán.
Gracias a la buena amistad de Tamayo, creo que al fin, quedaré airoso en lo del Atlas de Deventer, y que le enviará prestado el Gobierno.
Dígame Vd. qué clase de publicación es esa de Montaner y Simón titulada Diccionario enciclopédico hispanoamericano, en que veo que Vd. toma parte. ¿Y la Historia de España de la Academia llegará a escribirse? ¿Hace Vd. ya algo de su parte?
Hay mil cosas de ahí que me interesan. A escape, desaliñadamente, para no perder tiempo, ruego a Vd. que me escriba a menudo y me dé noticias.
Mi plan y mi deseo son ahora de seguir en Bélgica hasta mediados de octubre, e ir entonces a Madrid. Quisiera llevar escrita mi novela, tantas veces prometida a Catalina y no escrita aún: La Joya. Adiós. Créame Vd. su afmo. y cariñosísimo amigo
Juan Valera
Valera-Menéndez Pelayo, p. 397-399.