Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.

Volumen 8 - carta nº 373

De JUAN VALERA
A   MARCELINO MENÉNDEZ PELAYO

Bruselas, 9 mayo 1887

Mi querido Menéndez: Supongo a Vd. dívertidísimo, ocupadísimo o enfermo. Sentiré mucho lo último y celebraré que cualquiera de las dos primeras suposiciones expliquen por qué no me escribe Vd. desde tanto tiempo hace, sobre todo cuando tiene que decirme su opinión, que he pedido, sobre el empezar de mi Budismo esotérico. Ya Vd. comprenderá que quiero tratar, con este pretexto o motivo, de lo sobrenatural, hoy, en el arte y en la vida: del milagro no verdadero, que sólo Dios puede hacer, sino del que hacen tal vez los hombres por superior conocimiento de leyes de naturaleza, no descubiertas aún por la ciencia experimental, o bien valiéndose de genios, diablos u otras criaturas así, que conocen dichas leyes, o de razas afines a la humana, o bien humanas, que han vivido aparte mucho tiempo y han creado una ciencia especulativa e intuitiva muy por cima de esta torpe y grosera ciencia de que tanto nos jactamos.

El asunto, bien estudiado, puede ser interesante. A mí me agrada tanto que tengo ganas de escribir una novela de este género. Lo malo es que después de She, Ella, de Rider Haggand, se queda uno tamañito y no se atreve a competir. Casi, casi me entran ganas de poner a She en castellano. Aconsejo a Vd. que lea a She. Ha aparecido, hará un mes, en la edición Taunitz. Es prodigioso esfuerzo de fantasía. Creo americano al autor.

Nada he escrito aún después de la Primera Carta, aguardando el parecer de Vd.

También he empezado a escribir una novela, titulada La Joya. Van algunas cuartillas. Ya ve Vd. que tengo ganas de escribir. Tal vez, por desgracia, acudan tarde estas ganas, pues me faltan salud, humor y los bríos y la lozanía de muchacho. Todo está en mí marchito y viejo. No hay más que resignarse.

Adiós. No se deje desear demasiado y créame siempre su afmo. y mejor amigo

J. Valera

 

Valera-Menéndez Pelayo, p. 375-376.