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Hobsbawm (1983: 1-2) define «tradición inventada» como el conjunto de prácticas que inculcan determinados valores y normas de conducta por medio de la repetición, intentando estructurar algo que parezca invariable por dentro de una vida social cambiante y por lo tanto inestable.

 

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El ensayo de Borges se publica primero en 1931, el número 4 de la revista Sur, y es recogido al año siguiente en el volumen Discusión publicado en Buenos Aires por la editorial Gleizer. Bioy confunde ambas fechas en sus Memorias.

 

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El «trópico» antitético amenazador es otras veces, como también en Borges, el sentimentalismo «a la italiana». Sobre lo italiano como subtexto negativo en la obra conjunta véase Avellaneda (1983: 66-67); sobre lo mismo pero en la obra «seria» de Borges, véase Paoli (1977: 26-30), y Muschietti acerca del joven Borges enjuiciando a Alfonsina Storni (2000: 5).

 

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Respecto de política e ideología, también vale la pena analizar el posicionamiento de Bioy en el campo literario de época. Roberto Arlt no le merece respeto (Sorrentino 1992: 153), ni otros escritores o editores «de izquierda» como Mario Benedetti (Bioy 1997: 276); Zamora, el mítico editor de Claridad, y la Partisan Review (Bioy 1994: 90 y 123-24). Por otra parte, también fue reticente o negativo respecto de Enrique Mallea, Leopoldo Marechal y Ezequiel Martínez Estrada (Sorrentino 1992: 149 y 243-50). Sobre su distancia respecto de Victoria Ocampo fue muy locuaz (Ulla 1990: 138; Sorrentino 1992: 26-31; Bioy 1994: 94-96; Di Giovanni 1995: 95-96).

 

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Bioy ha informado generosamente sobre sus relaciones de clase, como en el caso de su iniciación erótica con muchachas de clases inferiores (Ulla 1990: 113; Braceli 1997: 39, 40, 93). También sobre otros aspectos biográficos, tanto en sus memorias (Bioy 1994), como en varias entrevistas a lo largo de muchos años: sobre prosapia y genealogía (Sorrentino 1992: 14, 53-56); deportes practicados en su adolescencia (Ulla 1990: 119); poder adquisitivo en la adolescencia (Ulla 1990: 121; Sorrentino 1992: 59); educación primaria (Sorrentino 1992: 20); experiencias de viaje y de ocio (Sorrentino 1992: 48; 173, 234); trabajo rural como terrateniente (Ulla 1990: 130); juicios sobre el trabajo de la clase media intelectual (Sorrentino 1992: 126, 246); uso de sirvientes pertenecientes a clases inferiores (Sorrentino 1992: 25-26).

 

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Una intención similar había revelado tres años antes al justificar algunos personajes suyos «grotescos o subhumanos» como «el producto de mi irritación contra lo que considero las locuras del mundo actual» (Martino 1989: 77).

 

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Por ejemplo en parlamentos del tipo: «A veces mi primo la asusta a su señora declarándole que le dan ganas de no seguir escribiendo», o «Habría que bajar el cogote de las compañías, aunque más no fuera con la amenaza de la policía montada», ambos en boca del personaje Alex Baumgarten de El sueño (Bioy 1969: 57 y 58).

 

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«Homenaje a Francisco Almeyra» se publicó en la revista Sur en 1954, y fue luego recogido en el volumen Historia prodigiosa (1956). «El atajo» fue parte de la colección de cuentos reunida en el volumen El gran Serafín (1967), mientras que «La pasajera de primera clase» formó parte del libro Historias fantásticas (1972).