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11

La Prensa, 17 de febrero de 1889. Cf. SHOEMAKER, citado, p. 336.

 

12

La Prensa, 17 de febrero de 1889. Cf. SHOEMAKER, citado, p. 339.

 

13

La Prensa, 30 de noviembre de 1888 y 8 de diciembre de 1888. O. C., III, citado, pp. 1392-1393.

 

14

La Prensa, 8 de diciembre de 1888. O. C., III, citado, p. 1395.

 

15

«Miguel Ángel tenía el don singular de atreverse con la misma naturaleza y contrariar con osada arrogancia sus principios dentro de cierta medida, resultando las más de las veces que los modificaba a su antojo y realizaba el milagro de producir la belleza detentando aquellos mismos principios... El David está lleno de incorrecciones; pero tiene tanta vida que aquéllas apenas se advierten, y el Moisés, verdaderamente monstruoso por sus desproporciones y su anatomía, es de todas las estatuas del Renacimiento la que produce impresión más honda» (La Prensa, 8 de diciembre de 1888. O. C., III, citado, pp. 1394-1395).

 

16

Sin ir más lejos, en su visita a los lugares hamletianos, en el otoño de 1887: «Antes de dejar Copenhague es forzoso hacer la obligada excursión a Elsinore. ¿Para qué? Para ver la terraza del castillo en la cual coloca Shakespeare la primera escena del Hamlet. Y ve aquí como un suceso figurado, que sólo tiene realidad en la fantasía del poeta, se nos antoja efectivo, tan efectivo como los hechos de realidad evidente... ¡Qué poder el del genio! Hay muchos lugares ilustrados por grandes sucesos que no interesan tanto como aquel rincón de Dinamarca, en el cual colocó el poeta inglés una de sus más hermosas invenciones» (La Prensa, 20 de noviembre de 1887. Cf. SHOEMAKER, citado, pp. 280-281).

 

17

La Prensa, 19 de diciembre de 1888. O. C., III, citado, pp. 1397-1398. Así también, en sus crónicas venecianas: «Lo repito, por mucho interés que ofrezcan los interiores, la calle, las lagunas, el gran canal y los "canalettos" encienden en mayor grado la emoción y la curiosidad del viajero... Lo pasado, revestido de las formas más seductoras, sale a nuestro encuentro a cada instante. Lo real y lo ficticio, que en cierto modo es real también, toman cuerpo y vida a nuestros ojos. ¿Dónde estaría la casa de Brabancio, el padre de Desdémona? ¿Dónde viviría el taimado y cruel Shylock? A cada instante preguntamos a aquellas venerables piedras, a las mansas aguas, a las elegantes torres, por seres cuyo nombre va unido al nombre de Venecia» (La Prensa, 3 de febrero de 1889. Cf. SHOEMAKER, citado, p. 333).

 

18

La Prensa, 19 de diciembre de 1888. O. C., III, citado, p. 1399.

 

19

Idem, p. 1400.

 

20

Idem, p. 1399.

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