Para todas las Decenas establecidas hasta ahora se han encontrado médicos y farmacéuticos que ha ofrecido sus servicios gratuitamente.
Habían llegado a ser veinte las Decenas; pero por vicisitudes humanas y de los tiempos, y con la dispersión del verano cuando aún no estaban consolidadas, se disolvieron cuatro. Dos se han vuelto ha formar, y esperamos que no sean las últimas, y que lleguen de nuevo al número 20 y excedan pronto de él.
La mujer del porvenir.
Repetimos las gracias a esta casa de Aguado, que continúa prestándonos este servicio gratuitamente.
Hemos reservado esta pequeña cantidad para impresión del índice y portada del tomo segundo de nuestra revista.
Este A. G. C. era un pobre y honrado jornalero que, por error de nuestra detestable policía, fue detenido en una estación del ferrocarril de Madrid a Zaragoza como presunto autor del robo de un saco de viaje; llevado a la cárcel de Alcalá de Henares, su familia yacía en la mayor miseria cuando la empezó a socorrer mi madre con los fondos de La Voz de la Caridad. El preso, agradecido, envió una cesta hecha por él y se rifó, según indica el texto. También se cumplió la esperanza de que se reconociese su inocencia; pero no obstante, el error de la policía y la lentitud de nuestros tribunales fue la causa de que la pobre familia llegase a la más extrema miseria, y ésta, explotada por gentes sin conciencia, produjo la perdición de una hija de diez y seis años, que era el encanto del honrado A. G. C.; y aunque, merced a las gestiones de los redactores de La Voz de la Caridad, volvió con su familia, el padre no pudo resistir la idea de que su hija estaba deshonrada, y a pesar de los solícitos cuidados de que se rodeó, murió a los dos mese de recobrar la libertad. (Fernando García Arenal.)
En nuestro próximo número daremos cuenta a nuestros lectores de este donativo.
Los individuos de la Comisión navarra de Socorro a los heridos que salieron a socorrer a los de Oroquieta, han tenido el buen pensamiento de fotografiarse agrupados en derredor de su bandera, y la bondad de dedicarnos un ejemplo de esta fotografía, por el que les damos las más sentidas gracias.
La muerte de la Condesa de Mina, a quien mi madre quería entrañablemente, la afectó tanto, que no pudo escribir nada en los números 56, 57, 58, 59 de La Voz de la Caridad que se publicaron de Julio a Septiembre. (Fernando García Arenal.)