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Con esto no quiero dar, naturalmente, ninguna ley general; solamente digo que con frecuencia observamos de modo empírico tal difusión por ondas concéntricas en campos muy diversos; piénsese, por ejemplo, en la expansión de la teoría de la relatividad, del psicoanálisis y del estructuralismo, expansión tan fuerte que ha visto a veces cómo disciplinas colindantes han recibido estímulos y sugerencias de las tres «teorías» al mismo tiempo (son ampliamente conocidos los enlaces entre estructuralismo y psicoanálisis, especialmente en el ámbito francés).



 

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Esto no significa que anteriormente no estuviéramos interesados en la historia de la lingüística (si bien con frecuencia tal historia estaba limitada, y a veces lo está todavía, a la historia de la glotología, considerándose el año 1800 como punto de partida de la lingüística científica), pero Chomsky ha removido, y esto es innegable, las aguas, dando nuevo oxígeno a las viejas discusiones.



 

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Considérense, a tal propósito, las representativas antologías de Parret, 1976, y Joly-Stéfanini, 1977.



 

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Legibles y muy aprovechables (piénsese en Pánini o en el primer gramático islandés) propiamente en cuanto son autónomas y no en cuanto son un simple apéndice de la modernidad en el pasado.



 

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Incluso con todas las críticas a que esta actitud puede ser sometida; cfr. Aarsleff, 1970; id., 1971; Miel, 1969; Rosiello, 1967; Bracken, 1972; Dorstet, 1972; Uitti, 1969-1970.



 

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Cfr. Chomsky, 1977; Rosiello, 1967.



 

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Del mismo modo que éste tiene importancia sólo en función de la gramática generativo-transformacional; como se ve, se trata de una concepción sensiblemente teleológica.



 

27

Con esto no pretendo decir que Chomsky lleve a cabo esta desvalorización voluntariamente, sino que tal es el resultado implícito de su falta de relativismo histórico. Para una interpretación del Brocense en ese sentido chomskyano, cfr. Otero, 1973; Moreau, 1967.



 

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«Nella storia del pensiero linguistico... il settecento illuminista segna un momento cruciale in cui si spezza quella tradizione di ontologismo logica che faceva corrispondere le categorie grammaticali alle categorie del pensiero e quindi all’ordine razionale della realtà. Nell’assumere le varie realtà linguistiche come fatti empiricamente e storicamente definibili, il pensiero illuminista apre la strada all’instaurazione della linguistica come scienza empirica e agli sviluppí che essa avrà nel secolo decimonono» (Rosiello, 1979a, pág. 263).



 

29

Cfr. R. Lakoff, 1969; Breva Claramonte, 1977; id., 1978a; id., 1978b; id., 1980a; id., 1980b; Michelena, 1975; Percival, 1976; Viljamaa, 1976. Más en general cfr. Padley, 1976 y las compilaciones cuidadas por Joly-Stéfanini, 1977 y Parret, 1976.



 
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