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Del comercio externo.

     El comercio que se hace entre los moradores de un mismo país, se llama interno; pero quando estos cambian las producciones que les sobran, por las producciones de los países estrangeros que les faltan, el comercio se llama externo. Este comúnmente se divide en activo y pasivo: de economía y de luxo porque las naciones que viajan a los países estrangeros a vender allí sus géneros, se dice que exercen el comercio activo; y las que se contentan con recibir los géneros de manos de estas naciones activas, entregándoles el sobrante de sus frutos, hacen el comercio pasivo. Si una nación que carece de proprias producciones, transporta de un país a otro los géneros estrangeros, contentándose con la ganancia de los fletes, su comercio se llama de economía. Pero quando una nación rica de sus proprias producciones por engrandecerse más y aumentar las riquezas y población de su país, comercia con otras en géneros superfluos, este comercio se llama de luxo.

     Aunque el comercio externo ha padecido grandes variaciones; con todo el de las Indias Orientales se hace en nuestros tiempos del mismo modo que lo hacían los Romanos. Enviaban estos cincuenta millones de sestercios para comprar géneros de luxo; y ahora los Holandeses y los Ingleses llevan la plata de la América para comprar los mismos géneros. El comercio con las Indias Orientales siempre será dispendioso, porque como los Indios no han mudado de modo de vivir y tienen sus artes de que se proveen, sólo toman los metales en cambio de sus géneros. Al contrario, el comercio entre los pueblos del Norte y Mediodía debe ser útil a ambos, porque estos abundan de muchos géneros, como aceyte, vinos y sedas, de que aquellos necesitan(72); los que tienen con más abundancia la pesca, los granos, la madera, el cobre y la actividad y laboriosidad de sus naturales, con que compensar la fertilidad de los países del Mediodía; y así entre estos pueblos puede haber un comercio muy extenso. Esta es la causa por que el comercio de los antiguos, que estaba incluido dentro del Mediterráneo, y por consiguiente en los países de Mediodía, era mucho más limitado que el nuestro, que se extiende al Océano y a los países Septentrionales. Por eso antes el principal comercio se hacía de granos, y ahora de licores. De suerte que hasta la medida de la capacidad de los buques se ha mudado: antes su medida era por celemines, ahora por toneladas.

     Expliquemos con brevedad las principales revoluciones que ha tenido el comercio(73). Las riquezas extraordinarias de Semíramis nos hacen sospechar que ya los Asirios poseyeron un gran comercio; pero los Tártaros, que han destruido y despoblado aquellos países y todavía los arruinan, no nos han dexado muestra alguna, ni vestigio de él. Entre los antiguos, después de los Asirios los Cananeos han sido los mas célebres por su comercio. Porque obligados por los Hebreos a cederles sus posesiones, hicieron un comercio de economía muy extenso por todas las costas del Mediterráneo, y llevaron sus establecimientos mas allá de las columnas de Hércules. Al contrario sus vecinos los Egipcios por un supersticioso principio de su vana religión se abstuvieron del comercio. Y los Hebreos, cuya principal ocupación era el cultivo de los campos, solamente quando conquistaron a los Idumeos los puertos de Elath y Asiongaber, tuvieron algún comercio en las costas del Mar Roxo y en el África Oriental. Que sus flotas comerciaban en estos países, y no en las Indias Orientales, se prueba por los géneros que conducían y por la novedad que hizo el descubrimiento del mar de la India hecho por Alexandro Magno. Entre los pueblos Europeos los Griegos por su situación se dedicaron al comercio: entre ellos los Atenienses obtuvieron por mucho tiempo el imperio del mar; y la Ciudad de Corinto, que estaba situada en el istmo del Peloponeso con un puerto para recibir las mercaderías de Asia, y otro para recibir las de Italia, llegó a tal opulencia, que sería de envidiar, si no la hubiera hecho caer en tantas abominaciones.

     Las conquistas de Alexandro Magno mudaron el rumbo del comercio, y los Reyes de Siria y Egipto, sus succesores, tuvieron especial cuidado en que floreciese por sus Estados el comercio de las Indias Orientales, que había proyectado Alexandro Magno. Los Romanos, que conquistaron estos reynos, nunca tuvieron mucho genio para el comercio, y sus armadas navales no tenían otro fin que el de vencer a los enemigos de su Imperio; por eso el único comercio que conservaron, fue el de las Indias y el de la Arabia, cuyo comercio hacían por el estrecho de Suez y por el Mar Roxo. Después de la destrucción de los Romanos los Bárbaros que se establecieron en el Imperio del Occidente, destruyeron casi enteramente el comercio, hasta que algunas Repúblicas de Italia junto con los Catalanes renovaron el comercio de las Indias Orientales por el Egipto.

     El descubrimiento del Nuevo Mundo y del Cabo de Buena-Esperanza dio finalmente nueva forma al comercio: entonces los Venecianos perdieron de una vez todo el comercio de las Indias Orientales, que pasó a los Portugueses, los que después lo han partido con las Potencias del Norte. Estas han sido las principales revoluciones que ha tenido el comercio. Y España que fue la descubridora del Nuevo Mundo, no sacó de su invención todo el provecho que se podía prometer, porque con la mucha abundancia de dinero se encarecieron de tal suerte los jornales, que los géneros estrangeros se vendían más baratos que los fabricados dentro del país: perdiéronse con esto las artes, y con ellas se arruinó la agricultura. Y España en este estado no se hubiera podido mantener, si las continuas remesas de dinero que le enviaban sus Indias, no la hubieran sostenido, aunque al mismo tiempo destruían su agricultura y manufacturas.

     De todo lo dicho se deduce, que el comercio externo no sólo es útil, sino también necesario para dar mayor fomento a la agricultura y a las artes del que pueden tener con sólo el consumo interior(74). Una sola regla puede bastar para conocer quándo es útil el comercio, y quando es perjudicial. Porque supuesto que en el comercio, o se cambian géneros con géneros, o frutos con frutos, o géneros con frutos: será perjudicial siempre que por manufacturas estrangeras enviemos los frutos de nuestro país, porque los labradores de nuestra nación mantienen a los artesanos estrangeros, disminuyendo notablemente la propria población. Pero al contrario el comercio será ventajoso, quando con nuestras manufacturas atrahemos las producciones de los otros países, porque se aumenta nuestra población en razón del número de los artesanos que los estrangeros emplean.

     Esta regla parece todavía más cierta y segura que la que comúnmente se establece, es a saber: que el comercio es útil quando recibimos dinero por nuestras manufacturas, o productos, y es perjudicial quando quedamos deudores a las otras naciones de alguna cantidad de dinero: lo que comúnmente se llama balanza, o equilibrio del comercio. Porque la nación que tiene minas de metales, si continuamente no envía a las otras naciones, tendrá un sobrante de ellos, que le será gravoso; y como los metales no sirven por sí mismos al mantenimiento del hombre, el mayor fruto que de ellos se puede recoger es cambiar su sobrante con los extraños por las producciones de sus tierras, y mantener con ellas mayor número de habitantes. De esta manera la Italia, que en tiempo de los Romanos recibía las riquezas de todo el universo, mantenía diez y ocho millones de habitantes, quando ahora solamente se le regulan seis millones, sin duda de los géneros que compraba con el sobrante de sus tesoros.

     Generalmente hablando, el comercio pasivo es menos lucroso que el activo(75), porque entonces las naciones que comercian con nosotros, ganan el flete de las mercancías que introducen y de las que extraen, con lo que aumentan su población y marina. Pero aun en el caso de estar reducidos al comercio pasivo(76), conviene permitir la libertad de comerciar a todas las naciones estrangeras, porque de lo contrario se pierde infinito, pues se recibe la ley de aquel pueblo que tiene el comercio privativo, como sucede a los del Japón con los Holandeses. El comercio activo sin duda es mucho más provechoso y al que se debe aspirar: los medios de fomentarle son los mismos que los de fomentar la navegación. Pero como si tratásemos de esta materia, sería preciso que nos extendiésemos demasiado, solamente diremos que la acta de navegación de los Ingleses contiene los mejores principios para hacer florecer la marina y la navegación, y con ella el comercio externo. El comercio de economía(77), qual fue el de Tiro, después el de Marsella, y últimamente el de los Holandeses, requiere suma parsimonia y mucha buena fe, para que las otras naciones les dexen ganar el interés de ser los conductores, o arrieros del mar.

     Digamos ahora alguna cosa de los medios generales con que se fomenta el comercio(78). La libertad y la protección son los dos polos sobre que gira el comercio. Quando no hay libertad, retiran los comerciantes sus caudales, no atreviéndose a fiarlos del arbitrio ageno; pero distíngase entre libertad del comerciante y libertad del comercio: por exemplo, el extraer las primeras materias sería libertad del comerciante, y tal vez destruiría el comercio. En quanto la protección, el comercio se protege por medio de tratados ventajosos hechos con las otras naciones, escoltando con naves de guerra las flotas mercantiles, asegurando los mares, y honrando a los comerciantes. Pero como el honor y distinción de alguna profesión no tanto depende de ciertas señales exteriores de distinción y nobleza, quanto de la opinión que tiene el pueblo de aquella profesión(79): nada influye más en la opinión que el pueblo tiene de las varias clases del Estado, que la jurisprudencia criminal. El que mataba a un Godo, debía pagar quinientos sueldos: el que mataba a un Romano, trescientos; por eso un Godo era tenido en mucho más que un Romano. El comerciante que en la mas próspera fortuna puede temer el verse encarcelado por deudas, será tenido en poco. Una ley que librara de vexaciones al comerciante que sin culpa suya quebrase, aumentaría mucho el honor de esta profesión.

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